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Los personajes del tío Ful: Francisco Javier, del bar Belmar

Los personajes del tío Ful: Francisco Javier, del bar Belmar

LNC VERANO IR

Fulgencio Fernández | 20/08/2022 A A
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Los personajes del tío Ful: Francisco Javier, del bar Belmar
Personajes Deja la hostelería, una vida detrás del mostrador del bar Belmar, y le gustaría irse en silencio pero siente la necesidad de rendir homenaje a su padre, Modesto, fallecido en marzo
Una placa en la pared ofrece mucha información en tan solo dos palabras: «Desde 1974». Desde ese año, ya hace 48, lleva abierto en el barrio de Santa Ana el Bar Belmar y seguirá abierto pues nuevos dueños se ponen al frente del histórico negocio de la hostelería leonesa a la vuelta de las vacaciones. Pero ya no estará Francisco Javier Martínez Fuertes.

Hasta estas vacaciones, desde 1974, el Belmar había estado en manos de dos generaciones de la misma familia, la de Javi: Su padre Modesto, primero, y hasta hace unos días Javi, que se confiesa serio y tímido, le costaba trabajo ponerse ante la cámara pero...

«Pero me hace mucha ilusión poder rendirle homenaje al verdadero artífice del bar Belmar, el que lo abrió en 1974 y el que estuvo al pie del cañón mientras pudo pues nunca dejó de ayudarme. Era un camarero de los de toda la vida, a mí me gusta llamarle el último profesional del oficio de camarero y no es una exageración. Pero temo mucho emocionarme».

Y sus temores eran fundados. Se emocionó cuando en la conversación apareció el nombre de Modesto Martínez, el recuerdo de tantos años como maestro detrás del escenario, su muerte todavía demasiado reciente (el 4 de marzo) y el ejemplo de uno de aquellos trabajadores irrepetibles, que pasó por aquella escuela que fue el Universal, pasó por algunos de los locales más clásicos de la hostelería leonesa y acabó emigrando a Europa para regresar ‘con unas perras’ y abrir ese Café Bar Belmar que a las seis de la mañana ya ponía la cafetera en funcionamiento para los habituales madrugadores del barrio, obreros de camino a sus afanes. «Mi padre, y yo también, cuando les veíamos aparcar ya nos poníamos a servirles, sabíamos lo que tomaba todo el mundo. Eran clientes, pero eran mucho más, por eso me costó tanto trabajo tomar la decisión de dejarlo; el trabajo es duro pero tiene algo...».

Algo que Francisco Javier aprendió con el mejor maestro. Modesto, también de nombre.
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