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Los personajes del tío Ful: Daniel Cerezal, de Corcos

Los personajes del tío Ful: Daniel Cerezal, de Corcos

LNC VERANO IR

Fulgencio Fernández y Laura Pastoriza | 05/09/2020 A A
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Los personajes del tío Ful: Daniel Cerezal, de Corcos
Personajes No existe tipo más duro ni más optimista y positivo;la vida lleva golpeándole desde que regresó de la mili y Daniel siempre se levanta, "hay que seguir" ¡Qué tío!
Cuando tú dices algo sobre Corcos no falta quien añada «el pueblo de los Cerezal», pues ‘todo el mundo’ conoce a alguno de los quince hermanos de este pueblo o a su recordado padre, Danielón, o a su madre, Asunción, una de las mujeres más admirables y buenas que uno se ha podido cruzar.

Uno de los quince Cerezal (catorce ya, pues ha fallecido una hermana), el que lleva el nombre de su padre es el que vive con Asunción en la casa familiar de Corcos. Están por ello juntos dos de las personas más luchadoras que imagines; Asunción, siempre a sus cosas, atendiendo la cocina, haciendo pastas, con la puerta abierta para todo el que llega. Y Daniel hijo, un tipo que lleva una larga batalla contra una complicada enfermedad y sin rendirse jamás, sin perder la sonrisa y el humor, sin dejar de mirar al futuro con planes que realizar.

«Todo comenzó cuando regresé de la mili, que ya llovió. Una enfermedad en la sangre que me fue causando problemas, uno tras otro. Primero perdí una pierna, me la amputaron; unos años después la otra, también algún dedo de la mano y, como remate, también me ha dado un ictus», relata desde su silla de ruedas y sin perder su eterna ironía, una forma de contar su larga batalla que hace que te parezca menos de lo que han sido sus peripecias de salud.

Su hijo, su madre y quienes le visitaron en el hospital en cualquiera de estos complicados trances recuerdan cono era Daniel quien animaba a sus compañeros de habitación. «Algunos estaban para una operación y se agobiaban, y les decía, me falta a mí una pierna, me van a quitar la otra y tenemos que bailar cuando salgamos de aquí».

No sé si bailar, pero después de amputarle una de las dos piernas sí tuvo coraje para jugar a fútbol sala con el equipo de Almanza. «Y no lo hacía mal».

Es de otra pasta Daniel. Recuerda sus años de luchador como buena escuela para lo que se le venía encima, una vida convertida en una lucha diaria... «Y aquí seguimos», dice él.
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