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"Lo que más me duele es todo lo que Aurora y Silvia no han podido vivir"

"Lo que más me duele es todo lo que Aurora y Silvia no han podido vivir"

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Aurora Rodríguez y Silvia Nogaledo, compañeras de piso y colegas de la Policía Nacional asesinadas en 2004. | L.N.C. Ampliar imagen Aurora Rodríguez y Silvia Nogaledo, compañeras de piso y colegas de la Policía Nacional asesinadas en 2004. | L.N.C.
T.G. | 15/06/2019 A A
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"Lo que más me duele es todo lo que Aurora y Silvia no han podido vivir"
Sociedad El 5 de octubre de 2004, dos agentes leonesas en prácticas fueron asesinadas en Hospital de Llobregat por un violador que estaba de permiso carcelario
El 5 de octubre de 2004 quedó grabado a fuego en la vida de Mar. El paso del tiempo ha hecho que hable de aquel día y de todo lo que vino después con serenidad y entereza pero ella sabe bien que hay heridas que nunca llegan ni siquiera a cicatrizar. Duele más según la época, se resquebraja al mínimo recuerdo y hay momentos en los que arde como si estuviese recién abierta. Es la herida que dejó el asesinato de su hermana Aurora y de Silvia, dos policías leonesas que estaban de prácticas en Barcelona, a punto de acabar el proceso formativo con el que iban a cumplir su sueño: ser agentes de la Policía Nacional. Este cuerpo de seguridad del Estado conmemora precisamente estos días en León las cuatro décadas que hace que la mujer se incorporó a él, motivo por el cual han montado una exposición en el Palacio de los Guzmanes en cuya inauguración aprovecharon para homenajear a Silvia y a Aurora, dos jóvenes que soñaban con trabajar por la seguridad de los demás. Ellas no la tuvieron y sus familias ahora solo quieren «que no se vuelva a repetir nada igual».

El 5 de octubre de 2004 Aurora Rodríguez, natural de Toral de los Guzmanes, cumplía 23 años y Silvia Nogaledo, de Noceda del Bierzo y con 28 años, volvía de trabajar sobre las ocho de la mañana al domicilio en el que ambas residía en Bellvitge (Hospitalet de Llobregat). "Yo no sé si fue el destino, la mala suerte o yo que sé que fue, pero ahora lo pienso y lo que más me duele de todo es lo que Aurora y Silvia no han podido vivir", cuenta Mar Rodríguez, hermana de Aurora, con una foto de esta última detrás suyo enmarcada. "El destino, la mala suerte o yo que sé" se cruzó con Silvia en el portal. Allí Pedro Jiménez, un violador que se encontraba disfrutando de un permiso penitenciario, la acorraló forzándola a entrar con ella al piso, al lugar en el que acabó de manera brutal con la vida de ambas jóvenes, según relatan las sentencias de los dos juicios que se celebraron para esclarecer los hechos. El primero fue en 2008, y el segundo en 2010 al repetirse con jurado popular.

Solo queremos justicia por todo lo que sucedió y para que no se vuelva a repetir la misma historia "Las dos familias hemos pasado por un periplo judicial que a día de hoy, casi 15 años después, aún no ha acabado. Y eso es agotador. Solo queremos justicia por todo lo que sucedió y para que no se vuelva a repetir la misma historia", cuenta Mar que hace un llamamiento a todas las administraciones "para que no vuelva a pasar nada ni parecido a lo que vivieron ellas". "Lo que no puede ser es que haya pasado ya tanto tiempo desde que sucedió todo y que sigamos viviendo asesinatos un día sí y otro también de mujeres a manos de personas que no deberían estar en la calle", denuncia.

A Pedro Jiménez le incriminaron varias pruebas recogidas momentos después del asesinato y le cayeron 105 años y 11 meses de condena. "Aún está cumpliendo cárcel por delitos similares que tenía previos al 2004 y por el asesinato de Aurora y Silvia comenzará a cumplir condena a partir de 2021", explica Mar que lamenta al mismo tiempo que "ese hombre pueda llegar a estar en la calle después de todo lo que ha hecho".

Con motivo del homenaje que este viernes la Policía Nacional rendía a ambas leonesas, la familia de ambas agentes recuerdan con cariño como iniciaron la etapa profesional. "Tenían muchísima ilusión, solo había que haberlas visto cuando salían de Toral en el coche las dos rumbo a Cataluña para iniciar allí sus prácticas, llevaban el coche lleno de telares. Eran geniales", dice Mar sin perder en ningún momento la sonrisa relatando momentos que vivió con las dos pocos meses antes en aquel mismo domicilio donde todo ocurrió y a donde ella fue a pasar aquel verano unos días. "Se llevaban fenomenal y congeniaban muy bien, ya desde que habían comenzado su periodo práctico en Madrid, antes de irse a Barcelona. Allí juntas vivieron también en Alcalá de Henares, y cosas de la vida, tuvieron que ver de cerca todo lo que ocurrió el 11-M. Ellas solían coger habitualmente uno de aquellos trenes que explotaron, aquel día se libraron porque las avisaron que no iba a haber tiro", relata la hermana de la agente de Toral de los Guzmanes. "¿Ves? Ellas tenían algo previsto en el destino", suspira.

Pedro Jiménez, el acusado del asesinato de ambas leonesas, fue condenado a 105 años y 11 meses de cárcel "Aurora tenía unas ganas inmensas de ser Policía Nacional", recuerda. La primera vez que se presentó a las pruebas para iniciar su formación en la Academia fue con solo 20 años y en las físicas se rompió un pie. Justo un año después aprobó todo y se fue a Ávila a iniciar su formación, la que previsiblemente iba a acabar en Barcelona con la última parte práctica de su preparación. "Ella tenía la idea de ingresar en un cuerpo de especial, que es en lo que finalmente consiguió allí hacer las prácticas en la comisaría de la Verneda. Ser mujer no fue una traba para ello pero sí comentó alguna vez que se la cuestionaba", incide Mar, convencida de que su hermana "hubiera sido una muy buena policía". Lo mismo piensa de Silvia, a quien por la cercanía de su hermana, también conocía muy bien. En el caso de la joven berciana, esta se encontraba en octubre de 2004 haciendo las prácticas en la comisaría de Castelldefels.

"Eran tremendas, ¿sabes?, y se llevaban fenomenal. Pero yo que sé, el destino o no sé... Parece mentira", dice Mar, que agradece el gesto de la Policía Nacional con el homenaje a Aurora y a Silvia en León. Sabe que el peor papel en toda esta historia se lo han llevado los padres de ambas y ese dolor ha unido a las dos familias como lo estuvieron sus hijas. "Luchamos juntos en todo esto pero Aurora y Silvia nos dejaron bien marcado el camino que había que seguir con las ganas de vivir que tenían", comenta. "Y lucharemos si hace falta el resto de nuestra vida para buscar la justicia que ellas siempre anhelaron y por la que siempre quisieron trabajar. Porque si no... ¿de qué han servido sus muertes?".
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