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"Llevo 75 años con los enfermos y feliz con ellos"

"Llevo 75 años con los enfermos y feliz con ellos"

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A su 93 años, y con 75 años de acompañamiento de enfermos, Sor Serafines dice tener fuerza para hacer muchas cosas, \ Ampliar imagen A su 93 años, y con 75 años de acompañamiento de enfermos, Sor Serafines dice tener fuerza para hacer muchas cosas, \"aunque estas piernas\". | MAURICIO PEÑA
Fulgencio Fernández | 16/05/2021 A A
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"Llevo 75 años con los enfermos y feliz con ellos"
LNC Domingo Sor Serafines ha entregado su vida a cuidar enfermos, a acompañarlos en las noches. Ahora cumple 75 años de su dedicación a esta tarea solidaria por lo que recibió un sencillo homenaje en ‘las Siervas’
En el Espolón, protegida de la lluvia por el arco, una joven vende lotería de la Cruz Roja. —¿Ganas algo tú? — No señor, soy voluntaria, gano que Cruz Roja pueda atender a alguien.

A la puerta de la casona con el letrero de Siervas de Jesús de la Caridad llama un joven. Abre una monja embozada, es mayor, se mueve con dificultad, y sin que el joven tenga que decirle nada ella le entrega un bocadillo. «Gracias». «Que tengas buen día, hasta mañana».

- ¿Cuántos bocadillos da?
- Hasta que se nos acaban, suelen llegar para todos los que vienen.

Sólo han pasado dos minutos entre una y otra escena. Apenas 200 metros. Una joven, muy joven, y una monja, bastante mayor, habitan otro mundo menos visible.

Entramos en la casona de las Siervas de la Caridad y aparece Serafines Toledano Retuertos, a quien íbamos a ver pues este mismo sábado celebra algo especial: «Cierto, se cumplen 75 años de ‘oficio’, empecé con 18 años y tengo 93, siempre con los enfermos. Y muy contenta que estoy con ellos». Repite varias veces en la conversación esta frase, «y bien contenta que estoy con ellos, con los enfermos». Tres cuartos de siglo y ni un ápice de arrepentimiento, todo lo contrario, sólo un reproche en toda la conversación: «Yo estoy todavía para hacer más cosas pero la madre superiora de ahora no quiere, no me deja».

Es cierto. Serafines —«se llama de otra manera pero nadie sabría que es ella», nos explican— se mueve con un andador, «me fallan las piernas, pero de cabeza y eso estoy bien, para estar con los enfermos o vacunar…». Insiste.

Y es que la profesión, que también es vocación, de Serafines es precisamente la de acompañar a los enfermos, sobre todo pasar las noches con los que la necesitan. «Unas veces nos llaman de los hospitales, en otras ocasiones se ponen en contacto con nosotras gente que no puede atender a algún enfermo, que están solos o no puede la familia por lo que sea, y les acompañamos y atendemos». Y así 75 años. Y feliz. Se le nota en la cara y en su sonrisa franca.

— ¿Le da muchas satisfacciones acompañar a los enfermos?
— Muchas. Te cuento, no hace mucho volvía caminando de la Clínica San Francisco y una mujer que estaba limpiando un portal posó la fregona y vino a saludarme. No me acordaba de ella, estás con tanta gente, y me recordó: ‘Me acompañó unas cuantas noches, ¡qué buena fue conmigo!’. Pues ya me hizo feliz, ¿te parece poco pago?

Sor Serafines será seguramente quien mejor conoce los fríos amaneceres de León, ya que miles de veces ha atravesado la ciudad cuando regresaba al convento después de haber pasado la noche acompañando a algún enfermo.
Tengo 93 años y se cumplen ahora 75 años acompañando a enfermos durante las noches;me hace muy feliz hacerlo, ha sido mi vocación desde que era casi una niña
Bromea con ello. «Si es de León estará acostumbrada». Pero no es nacida en esta tierra fría, «realmente nací en Burgos, por ello de frío también se bastante, pero vine para León muy joven». Nacida en una familia de industriales burgaleses, de seis hermanos, no fue Serafines de las que buscó una salida en una institución religiosa, lo suyo fue pura vocación. «Siempre me había llamado la vida de las monjas y su entrega. Nada más que pude me sumé». Estuvo dos años en Vitoria, otros ocho en Bilbao y después ya se vino definitivamente a León, de donde no se ha movido excepto para algo… «para formarme mejor, ya que me iba a dedicar a los enfermos pensé que lo mejor era estudiar Enfermería. Y lo hice en la Complutense de Madrid, que no era fácil, ponían exámenes difíciles pero yo los aprobé». Y así, además de acompañar a los enfermos, podía poner inyecciones y otras atenciones que le daban mucha independencia al necesitado. «Todavía en este año he vacunado a los sacerdotes de San Isidoro, ¿verdad que sí don Ovidio?», le pregunta al actual párroco de Santa Marina y canónigo de San Isidoro, Ovidio Álvarez, presente en la conversación. Y cuando éste le confirma que sí, que los vacunó, sor Serafines vuelve a su pena: «Si yo estoy todavía para hacer muchas cosas, pero la Superiora no quiere… A ver si mejoro de las piernas».

Recuerda sor Serafines muchas anécdotas de esas noches con los enfermos, le encanta que la reconozcan y le digan una palabras por la calle, presume de su amistad con todo el mundo, es buena amiga de los ex alcaldes Emilio Gutiérrez y Silván pero «esta semana me vino a ver el de ahora (José Antonio Diez), que es socialista, muy simpático y hablador, estuvo mucho tiempo. Para mí todos son buenos».

Le gusta y la conoce todo el mundo. Mauri lo hizo nada más verla. Hoy mismo Pedro Trapiello la recuerda en su columna, por lo mismo que tantos y tantos leoneses. «La verdad es que un nombre tan inusual como Serafines tiene su gracia bendita; se diría que obliga en sí a funciones de guarda o compañía angélica de la que tenemos fiel constancia en nuestra casa al haber velado ella las noches de las últimas semanas de nuestro hermano Míguel. Ni un solo día excusó su labor y la gratitud de mi madre ya fue infinita. ¿Habrá alguien con mayor mérito para un aleluya?».

Yo diría que no. Y tantos leoneses, tantos que desde las Siervas de Jesús, donde este sábado le hacían el homenaje, tuvieron que tomar la decisión de que fuera un acto íntimo. «Para su familia, nosotras y nada más, si abrimos la puerta se nos mete aquí todo León, pues son cientos, o miles, los que quieren estar a su lado».
No hay mejor pago que la gratitud de alguien que te encuentra por la calle, te reconoce y te recuerda que le acompañaste en algunos momentos difíciles, ¿se puede pedir más?
Estuvieron unos pocos, como se había previsto. Pero para sor Serafines resultó muy emocionante pues, al margen de la bendición papal y otros detalles hacia ella, vino su hermano Avelino, que tanta ilusión le hacía a ella y que fue quien dijo la misa.

Se emocionó sor Serafines, la ‘sierva’ que lleva 75 años cuidando enfermos y sólo cobra una sonrisa y unas palabras.
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