Publicidad
Libreros

Libreros

OPINIóN IR

25/03/2015 A A
Imprimir
Libreros
Durante unos cuantos años llevé la biblioteca del Colegio Mayor Antonio de Nebrija, responsabilidad que se reducía a una única labor, intransferible, la de ir a comprar los libros, previamente votados y también los no votados previamente, porque en esto de las Artes, la democracia no creo que sea el mejor de los criterios, como tampoco lo es para operar de apendicitis o buscar la masa del bosón de Higgs.
Se hacían dos compras al año y entre las dos, compraba libros por unas cien mil pesetas. Nunca he vuelto a ser más feliz al entrar en una librería. Imaginaos qué emoción, hasta diría que salivaba como el perro de Paulov al ir llegando e incluso babeaba como Hommer Simpson al sentarme en el suelo delante de los anaqueles para leer con deleite los títulos. Qué júbilo al entrar en una librería y llevar dinero para comprar libros sin tener que estar echando cuentas, sin sufrir el calvario de elegir entre salir a tomar algo aquella noche o comprar el libro que deseaba. Eran días festivos para mí y como tales los marcaba en rojo en mi calendario particular.
Siempre hice la compra en la misma librería, porque tenía algo de desván, porque allí encontraba títulos desmarcados de la corriente principal, auténticas joyas, pero sobre todo por los libreros que había en aquella librería. Cuando digo «libreros» estoy utilizando el género común que como tal, incluye a todos los libreros sean féminas u hombres, que ni discrimina ni excluye, lo digo antes de que me tiren la primera piedra.
Una tarde, viendo mi retiro ya cercano, llevé conmigo a quien sería mi sucesor. Le iba diciendo por el camino que me gustaba aquella librería por los libreros, capaces de, con sólo cuatro datos de la trama, una palabra del título o algunas vocales del nombre del autor, sabían decirte el libro que querías. Una vez allí, entró un cliente –aunque en las librerías son más bien amigos- y le pidió a uno de los libreros un libro para regalarle a una amiga que dudaba entre separarse o no y él quería animarla a que lo hiciera. Al instante el librero ya volvía con el libro.
Los libreros tienen un algo de confidente, de guía o mistagogo que nos inicia en los misterios y de amigo. La conversación con un librero tiene poderes taumatúrgicos. Aquella librería ya cerró, como esté año pasado en España han cerrado 912 librerías. No lo consintamos. Nos arrepentiremos. Entren en las librerías y hablen con los libreros. No los abandonemos porque, como decía aquel anuncio: ellos nunca lo harían.
Y la semana que viene hablaremos de León.
Volver arriba
Newsletter