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Las huellas de Girón en la 'ciudad de la selva'

Las huellas de Girón en la 'ciudad de la selva'

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La ‘ciudad de la selva’ guardaba lo que queda de un arma con su cartuchera que fue expuesta en Casaio semanas atrás por Sputnik Labrego. | M.I. Ampliar imagen La ‘ciudad de la selva’ guardaba lo que queda de un arma con su cartuchera que fue expuesta en Casaio semanas atrás por Sputnik Labrego. | M.I.
Mar Iglesias | 20/09/2019 A A
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Las huellas de Girón en la 'ciudad de la selva'
Sociedad Sputnik Labrego destapa 20 campamentos en los montes de Casaio donde estuvo el guerrillero berciano en los años 40
Un casquillo y una moneda manoseada por la tierra envueltas en un plástico bajo la ubicación escrita a bolígrafo de Pala de Cabras pretende hablar, como lo hacen los objetos, del paso de Manuel Girón, líder de la guerrilla en la zona berciana, en los montes de Casaio, en la comarca gallega de Valdeorras.

Allí, a lo largo de dos valles, As Morteiras y Murias para los de casa, se extiende la que se ha dado en llamar la ‘ciudad de la selva’ para los que ahora han fijado sus ojos en ellos. Fue el último bastión en el noroeste de una guerra que se daba por acabada en el 39, pero que soportó los coletazos de sí misma hasta 1946, cuando realmente se desarticuló la Federación de Guerrillas de León-Galicia, con su centro neurálgico en esa selva viva, la última república independiente donde podían ondear la bandera republicana sin restricciones.

El Valle del San Xil, regado por las aguas de la montaña, acogió a guerrilleros y «fuxidos» durante una década. Los primeros organizados y los segundos compartiendo estancias temporales que les permitieran mantenerse con vida en medio de un asedio franquista atroz. Pero de 1941 al 46 fue un frente de batalla conocido en Casaio, donde algunos vecinos como Alfredo, uno de los pastores por aquel entonces, aún recuerda haber desayunado con las guerrilleras cuando él tenía 10 años.

Fue el último bastión de la guerra en el noroeste, una república independiente donde podían ondear la bandera republicanaEn esta zona han puesto sus ojos Sputnik Labrego desde hace dos años, un proyecto que pretende recuperar la vida de los campesinos en momentos claves de la historia, uno de ellos, el espacio de las guerrillas y la Guerra Civil. Y así, con la colaboración de la junta vecinal de montes de Casaio, comenzaron a excavar el año pasado. Lo hicieron en otro frente, las minas de wolframio de los alemanes en Valborraz, uno de los epicentros en la segunda guerra mundial de un componente fundamental para el armamento y hermana de la mina de Cadafresnas en Corullón.

Su fin, poner los restos que quedan en valor y conservarla, y contagiar a la mina berciana de hacer lo mismo. «Es fundamental para el patrimonio industrial», explica uno de los componentes del proyecto e investigador del CSIC, Carlos Tejerizo. Han inventariado todo lo localizado en un trabajo participativo en el que Mario se encarga del armamento, Laura del archivo de la mina, Diego de los estudios de paisaje y de realizar una reproducción… Su trabajo es imparable, puesto que los vestigios atesorados solo pueden acompañarles un año. Por ley, pasado ese tiempo, deben entregarlos al Museo de Ourense, pero su intención es solicitar que vuelvan a Casaio para poder ser expuestos allí «y devolverle a la comunidad de montes el apoyo dado», incluso económico, puesto que depende de ella todo su trabajo, ya que no han conseguido que las instituciones locales lo secunden.

Un centro de interpretación y rutas guiadas a esa ciudad fantasma son dos de los proyectos que consideran que podrían formar parte del futuro de la zona. De hecho ya se localiza una empresa de ecoturismo en Casaio que pretende coger ese testigo.
Las minas de wolframio son una parte del proyecto, pero el frente de batalla de la guerrilla ha sido todo un descubrimiento para los investigadores. «Teníamos conocimiento de la ciudad de la selva, pero se ha vuelto algo inconmensurable», explica Tejerizo. «Los montes de Casaio era un centro neurálgico a nivel mundial que nos cuenta muchísimas cosas».

Han localizado una veintena de campamentos en zonas tan remotas que solo con la ayuda de Francisco, pastor de la zona, han conseguido destaparlos «son campamentos asociados a la guerrilla en el noroeste. Cada uno hace referencia a cosas distintas, por un lado a la Federación de Guerrillas de León- Galicia y el resto ‘fuxidos’ que veían peligrar su vida y tenían que sobrevivir. También campamentos como el de Domingo Rodríguez ‘O Inca’, concejal socialista de A Veiga que conformó un movimiento de guerrilla, o como Manuel Girón».

Y los objetos siguen hablando de que «son entre 10 y 15 años de actividad guerrillera, primero desordenada y después se articula. Girón y O Inca centran su actividad allí». Pero la ciudad muere con el golpe de la Guardia Civil en el 46, cuando la Federación pretendía reunificarse y había convocado una reunión en Soutadoiro, donde Girón y los suyos participaban. El golpe acabó con dos muertos de O Barco de Valdeorras, Arcadio Ríos y Francisco Elvira, y con los chozos guerrilleros quemados, algo que para los arqueólogos ha sido favorable, puesto que la conservación, de ese modo, de los objetos que han recuperado de las excavaciones, es óptima.

«No sabemos lo que pasó después. En los valles se dejaron solos los chozos y se trasladaron a Soutadoiro», donde estuvo el guerrillero de Cabañas Raras Quico, pero en esa fase tardía. También Chelo, otra guerrillera berciana, habría estado en esa zona.

«Es la primera vez que se aborda arqueológicamente este tema. Vimos toda la red articulada de campamentos», explica el investigador. En el Valle de As Morteiras hay uno de los mayores campamentos con estructuras asociadas, pero su localización era casi imposible «lleva unas cinco horas andando y acceder en coche. Eso quiere decir que necesitaban la ayuda de los vecinos y que en aquel tiempo sabían lo que hacían».

Localizaron armas evolucionadas, casquillos que ofrecen en su envés información sobre la época a la que pertenecen, botellas, piezas relacionadas con la crianza de ganado, por las que saben que lo tenían…una muestra que llegará a Ponferrada de la mano de Alejandro Rodríguez, investigador del colectivo, en un encuentro sobre las guerrillas organizado bajo el paraguas de la UNED y también en las jornadas sobre patrimonio minero del 26 al 29 de este mes en ese foro, donde se conocerán los vestigios localizados en Valborraz. Los investigadores se preparan ya para la tercera excavación mientras siguen documentando los hallazgos con el fin de articular una publicación y esperan mover los restos encontrados por diversas zonas con el fin de darlos a conocer.

Desmontando al "lobo sucio"


Tras dos años de trabajo, los miembros de Sputnik Labrego iniciaron el proceso de documentación de esos 20 campamentos y comenzaron las excavaciones. «Lo primero que encontramos fue lo que pensamos, un almacén de la guerrilla».

Restos de un bote de Profiden o cremas de manos dan otra imagen del guerrillero de monte que hasta tenía penicilina en zonas inaccesibles«En el 46 sabemos que estaba la guerrilla en un proceso congresual para reunificarse», relata Tejerizo. «Encontramos cosas que ni las crónicas ni memorias hablan, de la vida cotidiana de cinco años continuos en el monte. Tenemos mucha información sobre lo que comían o la higiene».

Uno de los hallazgos más llamativo es el bote de pasta de dientes Profiden, que no llegó a España hasta los años treinta, cremas de manos de marcas muy específicas, como Nievina, conocida en la época. Eso desmonta el mito del lobo sucio, de la vida al límite.

La ciudad de la selva estaba articulada perfectamente y tenía unos niveles de higiene inesperados «lobo sucio pero con los dientes muy blancos», dice socarronamente Tejerizo. También un bote de penicilina, que en el año 46 manifestaba un nivel máximo de evolución, porque no entra en España hasta el 44 «y en el 46 estaba en los montes de Casaio», dice el investigador. Da idea de la vida cotidiana y habla de esas peculiaridades como que tuvieran crema de dientes que llegó en los años 30.

También localizaron un revólver, separado en dos partes, desconocen si porque se cayó o porque estaba oculto de esa manera, y la cartuchera por otro lado. Mario Fernández explica que a finales del siglo XIX en Eibar copiaban armas del mundo y las vendían. El encontrado sería un modelo de 1870 americano «un revólver de vaqueros». Fue copiado por la empresa Orbea. «Creemos que es un modelo entre 1903-1915 y con un calibre especial». Estaba considerada como arma de autodefensa y estaba en el 46 ahí arriba. «Nos habla de la reutilización de armamento y del uso de armas peculiares».

Es el arma de un guerrillero o una guerrillera, porque no es normal que aparezcan armas en estos chozos ya que todos fueron atacados por la Guardia Civil que desmontaría lo que había en ellos, requisando las armas. Piezas con historia que pasan de la imaginación a dejarse tocar gracias a ellas.
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