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Las coplas de Herminia y Cova

Las coplas de Herminia y Cova

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Herminia Morán y Covadonga García, las copleras, en Poladura. | MAURICIO PEÑA Ampliar imagen Herminia Morán y Covadonga García, las copleras, en Poladura. | MAURICIO PEÑA
Fulgencio Fernández | 27/10/2019 A A
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Las coplas de Herminia y Cova
La historia de la semana Las coplas de M y G, Herminia Morán y Covadonga García, de Poladura, estaban olvidadas entre tantas cosas como hay en las casas de los pueblos. Las han rescatado y ellas las recuerdan, restos de aquella vida comunal que lo mismo hacía representaciones de teatro que contaba la vida en verso
Herminia ya no tiene la cabeza tan lúcida, pero sí Covadonga. Las coplas, escritas a manos por ellas, aparecieron en casa de Herminia y Cova las recuerda perfectamente. Era el año 1951, estaba llegando la luz eléctrica a muchos pueblos de la provincia, también a Poladura de la Tercia, y se produjeron algunas confusiones curiosas con el nuevo invento.  De hecho, hay mucha literatura sobre la llegada de la luz, en el cercano pueblo de Casares se cuenta la jugosa anécdota de una mujer a la que fueron «a vender la luz» que llevaban desde la fábrica de La Gotera, junto a La Vid. Y la mujer se excusó de comprarla pues, argumentó, «desde La Vid, cuando lleguéis aquí con ella yo ya estoy acostada y no la necesito».

En Poladura ocurrió en la Nochebuena de 1951 otro hecho singular si no estás acostumbrado a la nueva luz eléctrica, chispazos en el horizonte, una especie de ojos brillantes fijos en el horizonte del pueblo. «Algunos dieron en decir que eran los ojos de un lobo enorme. Los mozos cogieron las escopetas... En fin, lo que contamos en la copla: Ay burros, más que animales! / y mayores que otras bestias / que no sabéis distinguir / los lobos de la luz eléctrica», recuerda Covadonga García, quien añade que «sí echamos tiempo en escribirlas pero la verdad es que se nos daba bien lo de las coplas».

Eran las copleras, en este caso, otros personajes singulares de aquellos tiempos, como lo fue Tío Faldas en Orzonaga, con otra famosa copla que ha perdurado: ‘El elefante de Orzonaga’.

Recuerda Covadonga y los vecinos de su época cómo eran habituales estas manifestaciones fruto de la rica vida comunal: «También hacíamos mucho teatro, unas comedias que iba a ver todo el pueblo y los disfrutaban». Si a ello añades expresiones y palabras como esgarubia o to desatocinao... merece mucho la pena el rescate de la copla.

Las coplas del lobo y la luz eléctrica (1951)

En el pueblo de Poladura,
este caso sucedió
el día de Noche Buena
por ser la noche mayor.

Estando muy poca gente
en la portona de la reguera
hemos visto pasar un lobo
por el Canto de las Barreras.

Unos dicen que si es un lobo
otros que si una oveja
otros que si es el cable
de la luz eléctrica.

Allí estuvimos una hora
pensando y discerniendo
y los ojos del lobo
allí seguían reluciendo.

Luego fuimos a San Martín
a oír la Misa del Gallo
y al llegar a medio pueblo
se nos alborotaron los gallos.

Los mozos de este pueblo
todos en reunión
tratan de ir a matar al lobo
con un ametrallador.

Al ir a la Pradilla
el lobo desapareció
iban tirando tiros
con el ametrallador.

Y un mozo de este pueblo
por acercarse el más valiente
le dio una patá el lobo
que le estañó los dientes.

Salió to desatocinao
con la escopeta de Audelino
y al llegar al Pradillo
le disparó un tiro.

¡Ay burros, más que animales!
y mayores que otras bestias
que no sabéis distinguir
los lobos de la luz eléctrica.

Cuando leáis esta carta
qué esgarubia armaréis
parecéis a las cotorras
cuando en una casa hay tres.

No os vaya a parecer mal
por ningún interés
que en este caso fuimos
nosotras también.

Aquí termina el caso
de este animal tan feroz
que en vez de estar en las Barreras
estaba en el Farón.

Firman M y G (Morán y García). 1951
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