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Las apariencias engañan, mucho

Las apariencias engañan, mucho

A LA CONTRA IR

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| 21/11/2018 A A
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Las apariencias engañan, mucho
Nada es mentira en muchas verdades de cartón piedra. Jamás se derriban estos castillos construidos con los sueños de artistas ambulantes, hoy aquí y mañana vete a saber, gentes que estrujan la cabeza, tiran de imaginación y sacan del baúl ideas para que todo el mundo que enseñan, que cuentan y cantan, quepa en una pequeña furgoneta y muchas veces en el coche al que le han quitado los asientos traseros.

Y, sin embargo, todo es verdad. Es madera fina, ese cartón piedra cortado a la medida de un pequeño escenario, es tan cierto como los enormes farallones que te asustan cuando atraviesas las Hoces de Vegacervera o Nocedo.

Es verdad porque lo importante son los sueños que dibujan, las melodías que acercan, las palabras que cultivan. Ellas son la verdad y no necesitan de espectaculares montajes. Lo imprescindible y lo accesorio están colocados en su justa medida.

Y nos llegan a preguntarnos, parece inevitable, ¿qué razones les llevan a montar un gran escenario, enorme, lleno de focos y efectos especiales, artificios, para ese teatrillo que cada cuatro años —o menos— nos asalta para decirnos a voces las mismas frases hechas, mal hechas muchas veces, que has escuchado en las noticias, han televisado en directo, te han enviado por wasap, se te cuela en la radio como si Radio María fuera?

Tal vez tanto escenario pretenda lo contrario de los artistas ambulantes, los que nos regalan sueños y palabras. Ellos no tienen nada que regalarnos.
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