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La trampa del diálogo

La trampa del diálogo

OPINIóN IR

26/09/2017 A A
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La trampa del diálogo
Es lamentable que habiendo en el mundo y en España tantos problemas haya que gastar tantas energías en el tema catalán. Pero es preciso hacerle frente. No lo tiene fácil el Presidente del Gobierno. Si se hace el referéndum, lo acusarán de blando y débil, de no haber cortado por lo sano mucho antes. Y si pone todos los medios para que no se celebre lo acusarán de dictador y anti demócrata. En cualquiera de los casos siempre será culpable tanto para los independentistas catalanes como para otros progres del resto de España.

Entre tanto los buenistas dirán que todo se podía haber solucionado con más diálogo, y que por lo tanto lo que hay que hacer es dialogar. Pongamos algunos ejemplos que nos ayuden a entender en qué consiste el diálogo. Supongamos que un guardia nos multa porque nos saltamos un STOP. En lugar de pagar la multa deberíamos dialogar hasta llegar a la conclusión de que esa señal es injusta y que no tiene ningún sentido ponerla, que tenemos derecho a decidir si parar o no en ese cruce, si cumplir o no la ley.

Otro ejemplo. En una familia de seis hermanos, a la hora de repartir la herencia, dos deciden que es a ellos a quienes corresponde hacer el reparto y que los otros cuatro no tienen derecho a opinar. Hoy por hoy Cataluña es España, y España es de los españoles. Sin embargo los catalanes dicen que solo ellos tienen derecho a decidir. Esa es su forma de entender la democracia.

Volvamos al diálogo. Supongamos que a partir del dos de octubre unos y otros se sientan a dialogar. Lo que opinan los de un lado de la mesa ya lo sabemos: «Nosotros somos superiores a los demás, tenemos derecho a tener algún privilegio que otros no tenéis por qué tener. Queremos más dinero. Queremos más poder para que nadie controle lo que hacemos o dejamos de hacer, especialmente en tema de corrupción. Queremos tribunales manejados por nosotros. Queremos seguir adoctrinado aún más a nuestros estudiantes y personas mayores según nuestra fabulación. No nos interesa ser solidarios con otros pueblos del Estado Español. Tenemos derecho a incumplir impunemente la legislación vigente, no importa que seamos de Cuenca, de Córdoba o de Villagatón, porque vivimos en Cataluña. Ya sabéis que somos insaciables. Nos habéis dado tanta autonomía que en realidad ya no podemos pedir otra cosa que no sea la independencia. Y si no es por las buenas, será por las malas. Saldremos a la calle a protestar hasta que os aburráis».

Cría cuervos y te sacarán los ojos.
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