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La riqueza de una tierra que llaman pobre: La Cabrera

La riqueza de una tierra que llaman pobre: La Cabrera

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Fulgencio Fernández | 24/02/2020 A A
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La riqueza de una tierra que llaman pobre: La Cabrera
Culturas La arquitectura de la Cabrera como valor cultural es el tema que aborda un completo estudio del historiador del arte David Marcos Rodríguez y que publica el último número de la Revista de Folklore de la Fundación Joaquín Díaz
Durante mucho tiempo al citar la comarca leonesa de la Cabrera se añadía aquello de una comarca pobre, aislada, incluso con una épica de la pobreza. Se olvidaban muchas cosas, como los kilómetros de canales romanos que la recorren, como sus espacios naturales irrepetibles, como la riqueza de sus tradiciones y, sobre todo, el valor de su arquitectura tradicional.

Centrado en este último campo, el de la arquitectura tradicional, acaba de ver la luz un impagable trabajo del historiador del arte leonés David Marcos Rodríguez, que ha visto la luz en a Revista de Folklore, que edita la prestigiosa Fundación Joaquín Díaz, con el esclarecedor título de ‘Valoración cultural de la arquitectura popular de la Cabrera (León)’.

Pone el historiador la arquitectura cabreiresa haciendo un exhaustivo recorrido por la presencia de la arquitectura en los campos más diversos pues, explica el autor, «durante los siglos XX y XXI, esta comarca ha visto un gran avance cultural en el que multitud de expertos, artistas, intelectuales e instituciones, han sabido plasmar y valorar la importancia de los modos de vida de este territorio. Dentro de estos modos de vida cobra gran importancia su arquitectura, ya que configura el paisaje y la impresión que un visitante llega a adquirir de la región». Y desgrana los campos en los que ha trabajado: «La convulsa historia y el interés de sus gentes ha hecho posible la gran proliferación de documentación cultural que se posee de la Cabrera, ante esto podemos analizar diversas tipologías como el género literario, desde novelas a literatura de viajes; las artes plásticas como la pintura y el dibujo; la fotografía; los estudios con un carácter más científico, como los históricos, patrimoniales o etnográficos, entre muchos otros; e incluso publicaciones periódicas, de los propios vecinos, las cuales tienen un gran arraigo y tradición en la Cabrera llegando incluso hasta nuestros días, sin olvidar la importancia que tendrán también las nuevas tecnologías en la transmisión de todos estos aspectos culturales, sobre todo mediante internet, destacando el uso de redes sociales».

Explica David Marcos Rodríguez que se centra en los valores culturales de la arquitectura tradicional porque en ella reside un «carácter sociológico, pues es una arquitectura totalmente práctica, los valores de confortabilidad y disfrute están por debajo de su carácter funcional. Siendo así podemos establecer una relación directa con el medio físico, con el paisaje agrario, entendido como el resultado de las labores de explotación de recursos por parte del ser humano y por supuesto la arquitectura relacionada completamente con el propio hombre, integrante de una comunidad que interviene en la configuración arquitectónica y urbanística de un territorio».

Aragón y Escacena y Carnicer

Al hacer el repaso de las referencias a la arquitectura en la literatura hay algunos nombres destacados, como son José Aragón y Escacena y la novela Entre brumas o el famoso libro de viajes de Ramón Carnicer Donde las Hurdes se llaman Cabrera, pero no solo.

Recuerda el autor que «Aragón y Escacena también muestra un gran interés por la arquitectura de la Cabrera, exponiendo a través de su novela las sensaciones que esta le pudo transmitir durante su estancia en la comarca». Elige un pasaje significativo: « La sencillez de las casas, la monotonía marcada por las formas, la piedra y su color gris, todo expresando un sentimiento melancólico, enigmático y misterioso que se enmarca en una austeridad propia también de sus habitantes y la cual solo se ve sorprendida y superada por la espadaña de la iglesia», para unas pocas lineas más adelante «muestra su sorpresa y desagrado al pensar en compartir la vida cotidiana, en la misma estancia, con animales como el cerdo o las gallinas. Esto nos muestra el primitivismo de las edificaciones y sobre todo su humildad constructiva».

Curiosamente también hay referencias en una novela que podría parecer alejada de una mirada arquitectónica como es Antonio B. El Rojo, de Ramiro Pinilla, basada en la dura biografía de Antonio Bayo, un personaje real que le contó sus penurias al escritor para que éste las publicara. Mientras relata sus penurias recoge pasajes como «en La Baña, todas las casas son iguales, de piedras puestas en seco unas sobre otras. Abajo, una cuadra. Arriba, los cuartos. Nuestra casa no tiene más que uno, grande y con dos ventanas con tapas de madera, el cajón-cama como único mueble y un hornillo de piedras en el suelo» o su mirada sobre las cuadras, ya que Bayo estuvo escondido en muchas e, incluso, preso. «Los guardias me llevan a una cuadra que tiene el alcalde en las afueras de Robledal. Es como las de La Baña, debajo de una casa en la que no vive nadie. El alcalde abre la puerta con una gran llave y un guardia me quita las esposas y me empuja dentro. Hay un fuerte olor a heno seco y mucha paja suelta en el suelo. Cuando se alejan las voces de los tres hombres me tumbo en aquella cama».

Valora mucho Marcos Rodríguez las aportaciones de todo tipo de Manuel Garrido, escritor y cura en la Cabrera durante décadas, lo que le lleva a conocer muy bien la comarca. Se centra especialmente en su libro La Cabrera transitiva, de cuyas descripciones asegura: «Tiene un interés cultural debido a que es el primero en realizar un análisis de los diferentes estudios y escritos de importancia que se han centrado en la comarca, otorgándole un valor cultural mayor a La Cabrera. En este punto nos habla de Fritz Krüger y de la tesis de Concha Casado sobre el leonés, pero también nos menciona a los artistas Pilar Ortega y Severino Carbajo, y a toda su obra que representa la arquitectura de la comarca».

De Remedios Arias y su libro La Cabrera: Relatos en blanco y negro analiza descripciones tan detalladas como «la entrada de la casa daba a una especie de callejón. La Cocina y el comedor tenían puertas que daban a ese callejón. Con el tiempo ampliaron el cuarto de la cocina, pusieron un frente alicatado y una «cocina alta de leña» (como antes se debía a las que no estaban en el suelo). A la izquierda, estaba la despensa y una escalera que bajaba a la bodega...».

Y en el apartado de libros de viajes está Salvador Pablos o Ramón Carnicer, de quien recuerda la polémica de la publicación del libro para fijarse en las descripciones basadas en la arquitectura, como, entre otros, muchos: «Llego a Pombriego […] La parte más antigua del pueblo es la próxima a la carretera, donde las casas son de piedra pizarrosa sin revocar, con huecos estrechos y sin vidrios y con techumbres de pizarra negra, características comunes a todos los pueblos de la Cabrera. En el resto, esparcido a la redonda de la hoya, las casas antiguas alternan con las de ladrillo revocado y enlucido, con marcaciones de madera pintada y ventanas vidrieras».

En fin, son solamente algunas pinceladas centradas en el campo de la literatura para dar una idea de la amplitud del trabajo publicado en la Revista de Folklore y en a que el historiador leonés va realizando el mismo exhaustivo trabajo en el resto de los campos que abarca.
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