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La odisea de des-conectar

La odisea de des-conectar

OPINIóN IR

05/08/2017 A A
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La odisea de des-conectar
Es difícil perderse en una época en la que las aerolíneas ‘low cost’ no sobrepasan los destinos en los que el ‘roaming’ todavía sigue vivo. El tradicional ‘apagado o fuera de cobertura’ puede ser una buena alternativa en estos casos, aunque se corra el riesgo de que al volver a apretar la tecla de encendido, las ondas electromagnéticas que accionen la maquinaria social del dispositivo lo frían directamente, y no por las altas temperaturas de la época estival.

Me pregunto cuál sería el futuro inmediato de la humanidad si los directivos de multinacionales como Facebook, Instagram o Snapchat decidieran cerrar un mes por vacaciones. ¿Acaso sería esa la medida necesaria para firmar la sentencia de muerte a los malditos palos de ‘selfie’?

Controlado, más o menos, todo el entramado de nuevas tecnologías que se ha hecho indispensable en nuestra maleta de viaje, embarco con lo justo hacia uno de los destinos más alejados del ordenador portátil que mi economía me permite. Me llama la atención que un pasajero a mi izquierda grabe el despegue con el móvil y que, unos asientos más allá, otro hombre saque un objetivo de 300 mm para captar desde el aire el trozo de tierra que acaba de pisar con sus propios pies. Pero ni la óptica más avanzada consigue quitarme el placentero cosquilleo de desprecintar las vacaciones y salir del útero de la rutina rumbo a lo desconocido.

Descubrir a pie, en metro, en coche, en quad, en avión y en barco el país de la Odisea es en sí mismo un poema épico; un viaje al pasado heroico de dos grandes civilizaciones: la griega y la minoica. Pasear por el barrio de Plaka y admirar la grandeza de la Acrópolis o quedarse embobado contemplando las columnas de los antiguos templos me hace preguntarme qué hemos hecho en los últimos cientos de años. La introspección aumenta cuando al repasar las fotos del viaje observo que al lado del mármol milenario aparece la imagen de un niño de unos ocho años que está pidiendo en la calle. ¿Por qué será que nunca se publican esas fotografías en las redes sociales? Será porque no tienen corazón...
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