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La historia, para el que la trabaja

La historia, para el que la trabaja

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Víctor Llamazares a se mostró igual de contundente que durante toda la Liga y se llevó el Provincial derrotando en la final a Busi. | MAURICIO PEÑA Ampliar imagen Víctor Llamazares a se mostró igual de contundente que durante toda la Liga y se llevó el Provincial derrotando en la final a Busi. | MAURICIO PEÑA
Fulgencio Fernández | 18/11/2018 A A
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La historia, para el que la trabaja
Lucha Leonesa Los tres campeones de Liga y el luchador que más corros ganó este año en pesados, nuevos Campeones Provinciales de 2018
Resulta ciertamente emocionante para cualquier que sienta algo por la lucha leonesa acudir al Campeonato Provincial, que es tanto como decir acudir a una cita con la historia. La emoción crece si cuando subes a conocer los nuevos nombres que se van a sumar a esta historia ver en la carretera un letrero que indica «A Rucayo», porque allí está la cuna de este trofeo pues de allí era el mítico Juan Antonio Suárez, de apodo El Sastrín de Rucayo, el primer campeón provincial, en 1931, ganador en ligeros capaz de derrotar a quien había vencido en pesados.

Sabes que acudes a una cita con la historia cuando al llegar al pueblo que lo acoge, y el pabellón, está allí Tomás Domínguez, de Lillo, que es como decir la imagen de la nobleza en la lucha leonesa, el tipo capaz de en los 70, en un Provincial, levantar el puño de sus ideas frente a las manos levantadas que le querían imponer.

Víctor Llamazares, Moisés Vega y Tomasuco estuvieron ayer tan contundentes como durante toda la Liga En definitiva, era un viaje a encontrarse con la lucha y con la vida, pues El Sastrín murió en la guerra –la vida–, su rival en la final era un Molinero, de Garrafe, padre de siete molineros y luchadores, muchos de ellos también campeones –la lucha– . Y así las cosas, ¿quién quería sumar sus nombres al lado de estas vidas y estas historias?

Tomás, que era el primer día que acudía este año, como buen ganadero lo tenía claro: «El campo para el que lo trabaja», que en este caso bien se podría cambiar por un «la historia para el que la trabaja».

Y claro que había allí chavales que querían hacer su propia historia. Tanto que Javi Oblanca cuando presume de algo no es de los siete provinciales que tiene, sino de «tener los mismos que Cayo de Celis», que es tanto como decir estar en el mismo escalón del luchador al que seguramente más admira, el gran Cayuso.

Vaya por delante, ¿quiénes se trabajaron la historia? Pues la realidad quiso que fuera para «los que se la trabajaron», pero no ayer solamente, a lo largo de todo el 2018 pues los campeones fueron a la postre los tres campeones de los tres primeros pesos y el que más corros había ganado en pesados, es decir: Víctor Llamazares, El Hombre Tranquilo de Valderrueda; Moisés Vega, La Roca de Cistierna; Tomás González, Tomasuco de La Vecilla; y el cuarto para el luchador que más corros ganó en la Liga pero no ganó la Liga: Cristian González, de Boñar, el nieto de Hilarino.  

Ellos son los que escribieron su nombre en esta 75 edición y puede estar orgulloso el palmarés de acogerlos pues son nombres importantes.

Cristian se quería sacar la espina de una Liga que se le fue pese a ganar 10 corros y no dio ninguna opción  En ligeros pronto se vio que Víctor Llamazares iba a por todas pero también que Javi Oblanca, La Cátedra ambulante de Villabalter es quien más valora un título como éste y a las primeras de cambio se enzarzaron en un combate en el que hubo de todo, incluso se adelantó el de Villabalter con dos medias pero Víctor sacó a El Hombre Tranquilo, sacó adelante el combate y puso la mirada en la victoria final, que no pudieron evitar ni un Halconero que volvió a dar espectáculo –antes–ni tampoco Busi en la final. No les dio opción. El de Valderrueda apostaba por la temporada redonda.

Las mismas sensaciones trasmitía Moisés. Cuando en dos segundos le dio una entera a Diego Arce, que bajó a medios, hubo uff de posibles rivales futuros que se miraron como diciendo «hoy es Roca». Y lo fue. Lo comprobó primero Rubo y después Lixer en la final. Lo intentaron con armas diferentes, pero Moisés les respondió con las suyas, remolinos de furia y unos golpes de cadera que no para ni el tren de la Feve. Algo parecido a lo que hizo Tomasuco después, que le rompió en la final a Sansón el sueño de ganar el único título que le falta en su palmarés. No era ayer el día de los cohetes.

Y en pesados pronto cayó el campeón, Liquete, ante Bulnes; pero las miradas se pusieron en Cristian, que es evidente que quería este tren para él después de irse el de la Liga.

Estuvo terrible. No le frenó ni la sabiduría de viejo zorro de Roberto Bulnes ni el empuje y peso de Víctor J., el canario, feliz porque va a ir a su tierra como luchador de la leonesa, pero eso no le dio el empuje necesario para plantar cara a un Cristian cuyo puñetazo al aire al ganar significaba mucho más que la alegría por abrir las puertas de la historia. Ahí marchaba la decepción.

La historia les recibe y compensará.

La niña Justel desde casa, Ariadna fuera de la suya y Lucía en tierra amiga

Ligeros comenzó con una imagen triste. Sólo una luchadora en la categoría de ligeros —Isa Justel— pues las otras dos habituales del peso se asaron a medios, Bea Riaño y Aridna Morán, con lo que esta categoría pasó a ser la más concurrida con 6 luchadoras, pues en pesados solamente hubo dos.

Así fue como ‘La Niña’ Justel ganó un título como decía Helenio Herrera que lo hacía él, sin bajarse del autobús. Al margen de la triste situación bien loo merece la niña, que es de las que lleva la lucha en la sangre.

Ariadna Morán comprobó que suele ocurrir que cuando entrenas... ganas Con seis en medios, curiosamente la final la disputaron las dos que subieron de ligeros: Ariadna Morán y La pelirroja de oro de Cistierna, Bea. Los antencedentes decían que Bea debía ser la favorita pero la realidad dicta que Aridna, ejamplar siempre en el corro, lo ha cogido con muchas ganas, ha comenzado a entrenar, a escuchar lo que tiene que decir gente que sabe tanto como Nacho. Y se notó, claro que se notó. Luchó, se colocó bien, aprovecho su altura... y comprobó que suele ocurrir que cuando entrenas... ganas. Y te llevas una alegría como la de este sábado.

O como la que se llevó Lucía la de Prioro al derrotar en la montaña a Vanesa y llevar para la montaña el único de los tres cintos. También supo qué hacer, cómo luchar a la campeona Vanesa... y así se entiende su puñetazo al viento de felicidad.

José Luis García, la revelación para "los pendoneros"

El Provincial tenía este sábado  otro aliciente añadido a los títulos provinciales que se disputaban, el premio al Luchador Revelación que concede cada año la Asociación de Pendones de León, una copa concejil que fue a parar a manos de José Luis García, de Puente Almuhey, el luchador que sufrió una grave lesión en el corro de León y fracturó la mandíbula por tres partes.

Pero quedó claro en la entrega que no se le premiaba por haberse lesionado, sino por su excepcional temporada, no en vano siendo aún juvenil y en la difícil categoría de medios marchaba quinto en la clasificación general cuando cayó lesionado y había tenido tardes realmente importantes.

Y al orgullo con el que el chaval cogía la copa concejil habría que sumar la cara de felicidad de su hermana Edi cuando llegó por detrás y le abrazó con más fuerza que apretó en cualquiera de los combates que ha disputado en esta Liga. O este sábado, que no tuvo suerte pero marchaba más feliz de lo que te puedas imaginar... por ‘el nene’.
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