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La bodega del arte de un jubilado aficionado

La bodega del arte de un jubilado aficionado

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En esa pared de la bodega en Bercianos del Real Camino, en el mural que en ella está acabando, pasa Braulio buena parte de los días. | MAURICIO PEÑA Ampliar imagen En esa pared de la bodega en Bercianos del Real Camino, en el mural que en ella está acabando, pasa Braulio buena parte de los días. | MAURICIO PEÑA
Fulgencio Fernández | 24/10/2021 A A
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La bodega del arte de un jubilado aficionado
LNC Domingo Braulio García fue un clásico de la hostelería leonesa, primero en la capital desde los fogones de La Gitana y después en la provincia en Almuzara. Ahora es un abuelo y jubilado que ha sacado su vena artística
Braulio sigue siendo El Lugareño, aunque en distinto pueblo. De Almuzara a Bercianos del Real Camino. Braulio sigue siendo el mismo tipo espontáneo y buen conversador de siempre. Y mantiene la misma respuesta para cada vez que alguien le visita.

- ¿Qué tal Braulio?
- Como una cabra ¿Y tú?

Y después sigue hablando, sin esperar una respuesta, sólo es su forma de saludar. Estrena pueblo porque ha estrenado jubilación y oficio, ha cerrado el bar y la fábrica de embutidos y sigue sin tener tiempo para nada.

- ¿A qué te dedicas?
- Tengo varios oficios. Soy viejo, artista y abuelo, tres oficios distintos y un solo dios verdadero.

Sigue pensando que en cada pueblo debería ser obligatorio que haya un viejo «para que te enseñe» y un niño «para que te alegre». Y si el niño además es su nieta… ni te cuento. «No gano para sábanas».

- ¿Tanto duermes?
- Nada. Es para la baba.
- ¿Y lo de artista?
- Sube a la furgoneta.

Subimos y acabamos en la otra esquina de Bercianos del Real Camino, junto a la charca, donde dice Braulio El Lugareño que se pueden disfrutar las puestas del sol más bellas del mundo, aunque no renuncia a los amaneceres o las vistas desde lo alto del pueblo de su Correcillas natal.

Y allí, cerca de la charca y al amparo de las puestas del sol, tiene una bodega que ha arreglado y en cuya fachada va creciendo una obra de arte, un mural que cubre toda la fachada de motivos agrarios. «Empecé haciendo la ventana, con esas vistas hacia el horizonte. Después la burrina,.. en fin lo que ahí ves, que ciegos no sois. Y cuando lo acabe me pongo con la pared lateral, donde voy a dibujar una de esas puestas del sol que digo yo que son las más bellas del mundo o, al menos, así las veo yo».

- ¿Tú ya pintabas antes?
- La mona ¿Cuándo iba a pintar?

Y el bueno de Braulio García, Braulio el de La Gitana, El Lugareño, recuerda cómo empezó a trabajar de niño, con solo 10 años. «Bajé de Correcillas y entré a trabajar en el Universal que estaba allí un tío mío, no llegaba al mostrador». Y entró en la ruleta obrera. Salió de León, fue camarero, después La Gitana con su hermano Álvaro, la fábrica de embutidos… y aún tenía tiempo para organizar el recordado Alpaca Folk en Almuzara. «Mira, eso sí lo echo de menos, el ambiente que había allí». Y cuando debutó como músico, con 60 años, en aquel grupo Incassete de música andina. «Voy a reunirlos en la bodega, a ver si nos acordamos todavía de El cóndor pasa y todo aquello».

¿Que si me gustaba pintar de antes? Y yo qué sé si nunca tuve tiempo, llevo trabajando desde que era un rapaz con mocos, que no llegaba al mostrador del UniversalMientras cuenta cosas van pasando vecinos. Todos tienen un rato para charlar con este conversador. «El otro día vinieron unas mujerinas a ver el mural; me hizo mucha ilusión cuando me dijeron: ‘Qué se yo los años que hace que no veníamos por esta parte del pueblo, pero dijeron que estabas pintando una cosa muy bonita y ahora venimos todos los días por aquí».

Braulio celebra haberse jubilado. Andaba tirando por el negocio pero tuvo un grave contratiempo de salud. Al salir del hospital «fui a ver qué me quedaba de jubilación, con 50 años cotizados, y casi le daba vergüenza a aquella rapaza decir la miseria que me quedaba». Dice el paisano lo que pensó, y dijo, al salir recordando a un cómico que le gusta mucho, José Mota: «Veste a la mierda». Y se jubiló.

Y a pintar.

No es solo el mural. Tiene la casa llena de cuadros, también en las paredes interiores. Sorprende el resultado en alguien que sí que se puede asegurar que es autodidacta. «Cuando se atasca en algo le pregunta a Yanire (su hija), que también pinta, y ya sigue», explica Loli, su mujer, que enseña otras obras pintadas en lecheras, viejos jarrones…

- Y este invierno voy a ir a clase, con Marín de la Red, que es un fenómeno y vive en Cea, aquí al lado.

Vaya dos que se juntan, dos tipos entrañables, dos artistas muy singulares con ideas muy singulares y dichos para el recuerdo. «Ni un guaje sin mocos ni un paisano sin navaja», dice para despedirse mientras se pone a ‘forgar’ por un palo. Qué tío El Lugareño, ahora artista.

- Ahora me llaman autodidacta, pero sigo siendo El Lugareño.


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