Publicidad
La barbarie

La barbarie

OPINIóN IR

04/04/2022 A A
Imprimir
La barbarie
Si alguien llegó a pensar que los tiempos de barbarie habían pasado, y que la modernidad, digital y multicultural, iba a ser otra cosa, ya puede ir recogiendo velas, porque lo de Ucrania viene a confirmar lo que dice el griego contemporáneo Theodor Kallifatides en su magnífico. Timandra: «La barbarie y la juventud siempre terminan ganando».

Lo de la juventud es obvio, pues todos hemos sido jóvenes alguna vez y nos hemos creído más que nuestros antepasados, y, aun cuando en muchas ocasiones hemos terminado reculando, no son pocas en las que perseveramos en el error y no rectificamos. La juventud gana porque, en el reparto, siempre se queda con el tiempo, que es la mejor parte.

Vuelve la barbarie. Siempre la misma. Provocada por la desmedida ambición de algún personaje inicuo rayano en la locura y que tiene en un puño a la sociedad que domina. Dice el poeta ucraniano Ihor Kalnyets, disidente de la URSS y condenado al infierno del Gulag durante varios años, que «Putin, Hitler y Stalin son lo mismo». La misma barbarie. La misma forma de regresar al principio, a una situación tantas veces repetida, en la que el autócrata endiosado necesita disfrutar (sí, disfrutar, regodearse) viendo cómo van cayendo inocentes amontonados como muñecos de trapo, mientras ellos, rodeados de sus sayones, disponen de grandes mansiones y se mueven en burbujas envenenadas.

Cometimos un error al creer que la democracia, o el comunismo, eran la solución definitiva. Confiábamos en, por fin, poder enmendar el desvarío de las civilizaciones. Pero de la teoría a la práctica mediaba el ser humano en medio, como un abismo, capaz de reconvertirlo y desdibujarlo todo. Como dice Paul Watzlawick en su: ¿Es real la realidad?: «Es bien sabido que una democracia popular no es lo mismo que una democracia».

Y, a estas alturas de la vida, no quisiera perder el tiempo y el espacio poniendo aquí una ristra de ejemplos. Parece cierto que la barbarie siempre termina regresando, aunque lo haga con ropajes de nueva hechura, pero confeccionados para constreñir a los más débiles del mapa. Autócratas que proclaman: Yo tengo la razón; mis enemigos son unos pobres ignorantes. Sin admitir que nunca hay nada, nada, nada, que justifique las masacres humanas y la destrucción gratuita de ciudades, edificios, escuelas, hospitales, que tanto sudor han costado a una sociedad que se creía en el buen camino del desarrollo hacia el bienestar social y las libertades.

Parece ser que hay ucranianos que no participan de lo que escribe nuestra Ana Merino en su reciente y preciosa novela ‘Amigo’ cuando propone que «Saber rendirse es una forma de ganar».
Volver arriba

Newsletter