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¿Juan Pardo o Bertín Osborne?

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07/12/2018 A A
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¿Juan Pardo o Bertín Osborne?
No ganamos para ruedas en el sur de León. Se frotan las manos los negocios de cambio de neumáticos de la zona con tanto pinchazo y los talleres mecánicos preparan el listado de innumerables amortiguadores pendientes de cambiar. Las lunas de los coches hacen crack a la mínima china que salta cuando te adelanta ese conductor que gusta de pasarse la velocidad máxima permitida por la caballería del motor de su automóvil. Algunos rumorean que Joseba el de Carglass busca casa de alquiler para no andar yendo y viniendo todos los días. Y ante tal desembolso, cunde el pánico. Ya hay quien ha abierto las puertas del viejo cobertizo para desempolvar el carro del abuelo. Hasta unos cuantos aprovecharon la Feria de San Andrés de finales de noviembre para acercarse a León y tomar el pulso al mercado mular. Nadie tiene la vista puesta en el horizonte 2040 para cuando anuncian la prohibición de los coches diésel y gasolina. Dicen las malas lenguas que todo está orquestado, que los coches eléctricos, nanay, que lo que quieren es que volvamos al carromato. «Y si no atenta y ya verás cómo empiezan a llamar carreteros a los ayuntamientos de la comarca para asentar aquí el polo de fabricación de ruedas de madera», sueltan los más optimistas que se ríen de Tesla y demás monsergas futuristas que leen por internet los (pocos) días que hay conexión. Los ‘conspiranoicos’ se ponen las botas en los corrillos y cada vez que sale el tema a la palestra a la hora del café añaden que el asunto «viene de arriba», que parece que no hay otra manera de retener a la gente en los pueblos. Los más agoreros temen que este sea su último invierno, que la sal ayuda a agrietar aún más -si es que eso es posible- el asfalto. Y los revolucionarios llaman a la insurrección, animan a los vecinos a plantar berzas en los socavones como hicieron unos en Asturias. «O maíces, lo mismo da», insisten.

Igual hasta le hace gracia la distopía, pero le aseguro que a quienes circulan a diario por la N-630 entre León y Benavente la risa les da entre cero y nada. Limitaron la velocidad a 80 kilómetros por hora y con eso parece que el asunto está resuelto por el momento. Porque Mariano Rajoy vino a León pero no debió pasar por ella, ni tampoco por la autovía que hace el mismo recorrido, y si pasó, se le olvidó. Con Sánchez en Moncloa y Ábalos en la cartera de Fomento el panorama sigue siendo el mismo y por cada político que rechaza su presupuesto, a la carretera le sale un bache nuevo. El resto de partidos parece que lo ha solucionado con unas declaraciones diciendo que sí, que la nacional 630 está muy mal, que a ver si la arreglan. Pero como dice a menudo un vecino mío… «lo mismo me da Juan Pardo que Bertín Osborne».
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