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Horizontes de sucesos

Horizontes de sucesos

OPINIóN IR

17/07/2021 A A
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Horizontes de sucesos
Llevo años leyendo y buscando información sobre los agujeros negros y en concreto sobre el denominado horizonte de sucesos. Me fascina la idea de que, tras el colapso de una estrella masiva y brillante, lo que quede en su lugar sea pura oscuridad, salvo los restos de luz que llegan desde fuera y caen en su interior.

El horizonte de sucesos, esa región que rodea al agujero negro y que supone un punto de no retorno para todo lo que atrapa, inspiró un guion que escribí en 2006 titulado Vértice y que giraba en torno a una relación triangular y sumamente tóxica capitaneada por el personaje de una mujer que encarnaba a la perfección la idea de un agujero negro humano.

Y es que hay personas que tienen un margen de acercamiento muy limitado si los otros quieren salvaguardar su propia luz y en última instancia, su identidad. Los psiquiatras y los psicólogos tienen sus propias clasificaciones, pero la mera observación profana aporta muchas referencias.

Puede parecer un símil excéntrico, y así me lo han hecho saber en alguna ocasión, pero en esa investigación que vengo realizando encontré un documento denominado El Kybalión, que dice «como es arriba es abajo» y denomina a esta afirmación principio de correspondencia.

El Kybalión es un manuscrito que data de 1908 y que resume las enseñanzas del hermetismo, también conocidas como «los siete principios del hermetismo».

El principio de correspondencia viene a decir que todos los planos de existencia están conectados. El macrocosmos se encuentra en el microcosmos y viceversa.

Para mi fue un antes y un después para ese sentir ‘de espejo’ que siempre me ha invadido cuando miro al cielo.

Volviendo a los agujeros negros, se dice que una persona podría sobrevivir alrededor de un año mientras cae más y más profundo en uno de ellos. En cualquier caso, cuando llega al centro, a lo que conocemos como singularidad, el final es el mismo: llega al centro, a su futuro. Lo mismo pasa con las estrellas al colapsar y crear un agujero negro. Dejan atrás el horizonte y siguen cayendo sobre sí mismas. Quizá el libre albedrío es lo primero que se pierde al traspasar el horizonte de sucesos. Un peaje a tener en cuenta.

Hay teorías que dicen que la materia que cae es expulsada y se queda alrededor del horizonte de sucesos es transformada en una red de partículas cuánticas. Tú caes al interior, pero tus restos cuánticos se quedan fuera.

Recuerdo releer una noche un poema de Pedro Salinas, y encontrarlo secretamente conectado con la teoría de las partículas cuánticas.

Comenzaba el poema así: «La materia no pesa/ni tu cuerpo ni el mío/juntos, se sienten nunca/servidumbre, sí alas

Los besos que me das/son siempre redenciones: tu besas hacia arriba/liberando algo de mí/que aún estaba sujeto/en los fondos oscuros».

Terminaba con esta estrofa: «Si, tú nunca, tú nunca: tu memoria es materia».

Me di cuenta entonces de lo cerca que está la poesía de la ciencia y de las matemáticas. Quizá sea su más cercana compañera y el mejor antídoto conocido contra los agujeros negros. Poesía contra la gravedad.
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