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Hijas empoderadas del Nilo

Hijas empoderadas del Nilo

OPINIóN IR

10/06/2022 A A
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Hijas empoderadas del Nilo
¿Cómo eran las mujeres de hace más de 3.000 años? Valientes y poderosas y bellas. Ayer se inauguró una exposición fascinante, ‘Hijas del Nilo, mujer y sociedad en el antiguo Egipto’ (Palacio de las Alhajas, Madrid) organizada por el Grupo Eulen. Más de 300 piezas venidas de 12 países que nos hablan del poder y del estatus de la mujer en la época de los faraones. Nos hablan de las campesinas y de las reinas, de las diosas y de las cantoras de Amón, de sus joyas y de sus vestimentas, de la vida y de la muerte de las mujeres. En el antiguo Egipto la mujer tenía los mismos derechos que el hombre, al contrario que en otras culturas antiguas, como la griega, en la que era considera a efectos legales como un menor de edad. Ellas podían elegir marido, divorciarse, comprar y vender, tener cargos en la Administración, heredar y desheredar. Se tiene constancia escrita en papiros de mujeres que querían desheredar a sus hijos porque no las cuidaban… ¿eran o no modernas?

Y no solo esa concepción igualitaria era moderna para la época, también sus representaciones artísticas. Estoy descubriendo la modernidad que emana de un arte antiquísimo, un arte que, además, se extiende durante más de 3.000 años, es decir, un periodo más largo que nuestra propia historia moderna. Un arte de una belleza apabullante. Los colores de los sarcófagos, de los cartonajes que recubrían a las momias, esos ocres, rojos, azules, negros. Colores que han perdurado durante milenios sin perder un ápice de frescura. Y, por supuesto, la belleza de las mujeres que recogen las esculturas y pinturas: los pómulos altos, los labios llenos y los ojos almendrados. Como se ve en el ataúd de Kaipamau o en el de Sephenun, cantoras de Amón.

Hay algo muy emocionante en estas piezas. Lo describió muy bien Nacho Ares, leonés, egiptólogo y uno de los comisarios de la exposición, al hablar de las estelas funerarias. En ellas, se contaba a través de dibujos y jeroglíficos, quién era el muerto, a qué se dedicaba y sobre todo se anunciaba su nombre. La obsesión de los egipcios era perdurar en el futuro, vivir en el Más Allá. Y sucede que ahora estamos leyendo esas estelas y pronunciando en voz alta los nombres de esos muertos. Al leerlos los conjuramos y el Palacio de las Alhajas se convierte por un momento en el hilo invisible que nos une con las mujeres de aquel tiempo.
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