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Hay pueblos que beben el agua

Hay pueblos que beben el agua

A LA CONTRA IR

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| 04/06/2020 A A
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Hay pueblos que beben el agua
En su larga vida habría imaginado que iba a tener que comprar el agua que iba a beber. No se lo hubiera creído jamás mientras bebía del chorro de cualquier fuente del monte, fresca como jamás la ha vuelto a beber en el cuenco que formaba con sus manos; o cuando se refrescaba en la fuente de la plaza del pueblo después de jugar a la comba de niña o, incluso, en el río, que hasta aquellas aguas eran tan limpias como para beberse sin problema.

Pero un día comenzaron a embotellar el agua, la pedían en los bares y hasta pagaban por ella. «Está mejor la de la traída», refunfuñaban cuando se empeñaban en pedir un agua por consumir algo. Y acabó entrando también en las casas.

Y acabó por beberla. Pese a que cuando la pedían se repetía aquella broma del viejo bebedor que después de un viaje comentó: «La gente es muy rara fuera de aquí, hay pueblos que beben el agua».

Se acostumbró porque es de una generación que ha visto cambiar todo y se han acostumbrado a dar por bueno todo lo que les va llegando con tal de que la vida siga su camino, que el futuro sea mejor para aquellos a los que creyeron que habían sacado del barro y ven con preocupación como el barro vuelve a salir de las alcantarillas.

Abrazan la botella de agua y la beben aunque creyeron que nunca lo iban a hacer como observan en silencio los espectáculos que nunca pensaron ver en la tele, como escuchan los insultos que creían haber superado para siempre con gran dolor... pensaron que ya lo habían hecho todo pero les pedimos más.

Y nos lo darán, siempre lo han hecho, sin dar un ruido, como quien bebe agua.
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