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Gordón Ordás: la memoria en ruinas

Gordón Ordás: la memoria en ruinas

OPINIóN IR

05/06/2016 A A
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Gordón Ordás: la memoria en ruinas
El portugués Joaquim M. Palma, autor de un libro de viaje por el antiguo Reino de León (‘Por los caminos del reino materno’, Editorial Rimpego), al llegar a su capital escribe: «Con modestia la vieja urbe le pide disculpas por las mil ausencias y se lamenta del abandono y engaño dispensado por los hombres que llegaron tras los tiempos gloriosos… ¿Quién habrá destruido más? ¿Aquellos que vinieron de fuera con armas y rabia saqueadora o quienes desde dentro pensaban que el esplendor del pasado estaba muerto y tener que ser enterrado y sustituido?». Joaquim M. Palma ser refiere a la desaparición casi total de huellas del antiguo reino leonés, pero su reflexión sirve también por desgracia para épocas más recientes, incluido el último siglo, tan pródigo en acontecimientos. Queda muy poco, cada vez menos, de la memoria histórica del siglo XX en nuestra ciudad.

A principios de los ochenta recuerdo haber escrito en la revista de la Casa de León en Madrid, que ya no sé si sigue existiendo o no, un artículo reclamando la preservación de la casa en la que nació el leonés más universal y conocido les guste o no a sus paisanos, el anarquista Buenaventura Durruti. Mi reclamación, que no fue la única, aunque no recuerdo muchas, la verdad, se fundamentaba además de en la relevancia histórica del personaje, en la categoría de reliquia arquitectónica del conjunto de casas de barro con soportales de madera que en torno a la iglesia de Santa Ana constituían una bellísima muestra de la arquitectura leonesa más popular. Como se pueden imaginar, no sirvió de nada. Al revés, sospecho que aceleró el derribo de la manzana de casas y todo para hacer un jardincito ridículo con un monumento a Durruti, eso sí, para calmar la conciencia de las autoridades municipales arrasadoras, se supone. En Barcelona, donde reivindican como propia la figura de Durruti tras años viviendo allí, su casa sería ahora un museo del anarquismo, o de la guerra civil, o de las dos cosas.

Lo mismo que pasó en los años ochenta con la casa de Durruti acaba de ocurrir esta semana con la del único presidente del Gobierno de España que León había dado hasta Zapatero, pese a lo cual mucha gente ignoraba e ignora incluso su nombre. Una pequeña placa en la casa en la que nació en 1885, en la castiza calle de Puertamoneda, muy cerca de la de Durruti, era el único recuerdo a un hombre al que el Ayuntamiento de León dio el título de ‘Leonés Indigno’ por sus principios republicanos y librepensadores. El ‘título’ se le quitó en los años noventa para poder recibir sus cenizas desde el exilio, pero nadie se ocupó de que su pequeña casa, que el propio padre de Gordón Ordás constuyó a finales delsiglo XIX, se conservara. Ni un mal museo, ni un centro de interpretación de esos que ahora se hacen para cualquier cosa y en cualquier sitio, ni un lugar de memoria a la República cuyo último gobierno en el exilio presidió un veterinario leonés. De nuevo la memoria sucumbe a la ruina en una ciudad inculta y desmemoriada a la que luego se le llena la boca de orgullo leonés con cualquier paleto. ¡Qué vergüenza! ¡Qué falta de dignidad y de consideración a la propia historia! ¡Qué pena de ciudad y de provincia en la que los olvidos dicen más de su pasado y su presente que los pocos recuerdos que sobreviven entre las cenizas de su decrepitud!
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