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García-Alix reinterpreta las obras del Prado para PHotoEspaña 2022

García-Alix reinterpreta las obras del Prado para PHotoEspaña 2022

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Alberto García-Alix en la inauguración de PHotoEspaña 2022 en el Real Jardín Botánico de Madrid. | JUAN LÁZARO Ampliar imagen Alberto García-Alix en la inauguración de PHotoEspaña 2022 en el Real Jardín Botánico de Madrid. | JUAN LÁZARO
R. Briongos / Ical | 04/06/2022 A A
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García-Alix reinterpreta las obras del Prado para PHotoEspaña 2022
Fotografía El fotógrafo leonés destaca el gran nivel que hay en España y el gran desarrollo de este arte
Alberto García-Alix (León 1956) es la mirada. La que se ve reflejada en su personalísima obra, pero también la que se clava en los ojos de su interlocutor mientras conversa o la que interpela al espectador desde sus múltiples autorretratos. No es de los que ven, sino de los que miran. El paso de los años se ve reflejado en un físico que no intenta disimular la edad que tiene pero no ha atemperado ni un ápice la fuerza que desprende. Habla con pasión de su último proyecto: 'Fantasías en el Prado', que le ha llevado tres años de trabajo y en el que reinterpreta grandes obras de la pintura y la escultura que alberga la mayor pinacoteca de España. La muestra puede contemplarse hasta el 28 de agosto en el Real Jardín Botánico de Madrid, dentro de las propuestas de PHotoEspaña 2022.

- Comenzó su carrera profesional retratando lo dinámico, la movida madrileña con toda su efervescencia y ahora se ocupa de lo estático, reinterpretando las grandes obras del Prado. ¿A qué obedece este cambio?
En el año 2017, la Fundación de Amigos del Museo del Prado, nos encargó dos fotografías a un grupo de 12 fotógrafos, para que hiciéramos una reinterpretación libre del Museo. Fui al museo y como en esa época estaba aplicando una técnica de múltiple exposición sobre película analógica decido aplicarla a los cuadros. Y claro, me encuentro con dificultades, porque son superficies planas iluminadas por la misma luz, pero cuando entrego las dos fotos me encuentro con que quiero más. Me he dado cuenta de que es un safari de búsqueda, como quien va de caza, y pido permiso a la dirección para continuar el trabajo.

- ¿Cuál fue la rutina que se impuso?
Comencé a entrar en el museo de 20:30 a 23:30 horas. Fue un proceso de prueba y error. Vas buscando, aunque hay días en los que no sale nada. Y hay que buscar los cuadros que se pueden fotografiar, porque no todos valen. Hay algunos que están muy altos, otros que están llenos de brillos por los barnices y salen todo manchas y puntos de luz… Y una vez elegidos, empiezo a trabajar.

- ¿Qué sintió al tener el Museo del Prado vacío para usted, sin público alrededor?
Da un poco horror vacui. Pero es apasionante. Y a mí que me gusta la pintura, el arte y la historia me conmueve.

- ¿Qué obra fue la que más le cautivo, la que más le emocionó?
Es difícil, pero hubo obras que tuvieron una gran pulsión mística, que sorprendían. Por ejemplo, el Cristo muerto, de Antonello de Messina. Cuando entras a mirarla desde la cámara, te metes en lo mínimo, en el fragmento. Y tiene una vibración mística, pero de una potencia que paraliza.

- ¿Este proyecto va a tener continuidad con obras de otros museos?
No, no, no. En un momento dado la galería de París me ofreció hacerlo en el Louvre, porque soy caballero de las Artes y las Letras en Francia. Pero yo quería el Prado, porque había comenzado allí y es español. Y es también la gran catedral de la pintura.



- ¿Cómo recuerda la primera vez que ese niño de León se asomó al Prado?

Recuerdo poco. Mi madre nos trajo varias veces para formarnos. Luego en el colegio también nos trajeron para seguir con esa adaptación y en mi casa había libros de arte: de Goya de Velázquez… Ese imaginario se va alimentando durante toda la vida. Luego volvía muchas veces, pero cada cuatro o cinco años. Pero una cosa es ir de espectador y otra enfrentarse al trabajo. Miras las obras detenidamente y con intencionalidad.

- ¿Ha aprendido mucho de las obras del Museo del Prado con este proyecto?
Más me vale haber aprendido algo. El Prado es una gran escuela del retrato. Vas a ver las pinturas de Antonio Moro y te das cuenta lo gran retratista que es. En el fondo son creadores de imágenes. ¡Y cómo ponen la luz!

- ¿Cómo ve la fotografía actual en España?
España tiene un gran nivel. No sabría decir por qué pero ha habido un gran desarrollo fotográfico. Y no ya de clásicos como yo, que con la edad que tengo es normal, sino de jóvenes que están haciendo un gran trabajo. Y se puede ver en la sala de al lado (en el Real Jardín Botánico además de la exposición de García-Alix hay otra con las fotografías premiadas de la Fundación Enaire). Creo que el nivel de la fotografía española es altísimo.

- ¿La fotografía digital no está acabando con la magia?
Lo digital ha abaratado la fotografía y la ha democratizado hasta el punto de que todo el mundo es fotógrafo. Ha traído además virtudes, pero también ciertos defectillos. Yo no trabajo en digital, pero no lo rechazo, me es indiferente. Pero no trabajo porque con la máquina que yo utilizo puedo ver el aire y con un visor digital no puedo verlo. Pero la fotografía digital puede ser igual de buena que la analógica. Todo está en la intencionalidad.

- ¿Cuáles son esos defectillos de los que hablaba antes?
Para mí, tantos retoques, tantos filtros producen a veces una gran falsificación de las emociones del fotógrafo, porque son posteriores a la consecución de la imagen. Pero la verdad es que toda cámara que lleve un objetivo es una herramienta para poder mirar con intencionalidad.

- Y después de 40 años viendo el mundo a través de un objetivo ¿cómo consigue mantener la emoción del oficio?
Me lo he preguntado muchas veces. Con 40 años de profesión, para qué hacer una foto más. Nadie me obliga. Yo creo que es por la poesía. Hay que tener una cierta capacidad poética para mirar. También por la curiosidad. Y por mi alma infantil. Me salva mi alma infantil, que es juguetona y siempre quiere algo más. Esas son las tres claves, creo, que me llevan a seguir queriendo coger una cámara.
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