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Froilán y Pedro, mejor un milagro que trabajar

Froilán y Pedro, mejor un milagro que trabajar

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La leyenda del ermitaño Froilán sigue viva en los montes de Valdorria.  | MAURICIO PEÑA Ampliar imagen La leyenda del ermitaño Froilán sigue viva en los montes de Valdorria. | MAURICIO PEÑA
Fulgencio Fernández | 05/10/2020 A A
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Froilán y Pedro, mejor un milagro que trabajar
Cultura San Froilán, que este lunes se celebra, tiene entre los pasajes más legendarios de su vida aquel en el que estando como ermitaño en los montes de Valdorria puso a trabajar en el transporte de piedras para la ermita a un lobo
En dos comarcas vecinas, de las tierras altas del Bernesga y el , se repiten dos leyendas muy parecidas, dos milagros por los que sus protagonistas pusieron a trabajar en el acarreo de las piedras para los templos que estaban levantando aCurueño dos fieros animales, un lobo y un oso. Quien unció al lobo fue el ermitaño Froilán —el San Froilán que este lunes se celebra León— y el logró poner a trabajar al oso en la tarea de arrastrar piedras para levantar la colegiata de Arbas fue el Canónigo Pedro, que dirigía los trabajos de lo que entonces iba a ser un hospital en el Camino.

Los dos idearon cómo aligerar un trabajo que se les presentaba casi imposible, mucho mejor un milagro que ponerse a mover grandes piedras, tarea por otra parte imposible.
Milagros que son leyenda y que, en el caso de Arbas, incluso ha quedado perpetuado en dos modillones en piedra situados sobre la puerta de acceso a lo que este lunes es la Colegiata, una de las joyas de nuestro patrimonio, y que representan a un oso y un buey, los protagonistas de la historia.

La tarea en la que trabajaba el que acabaría siendo el patrono de la diócesis de León, San Froilán, era levantar la ermita que aún este lunes ‘domina’ los montes de Valdorria, después de ascender por la escalera que tiene tantos peldaños como días tiene el año, excepto los bisiestos claro.

Así cuenta esta leyenda el texto tomado del Museo de León: «Cuenta la tradición que en el siglo IX el ermitaño Froilán se retira a las alejadas tierras montañosas en León (en Valdorria) donde comenzará la construcción de una ermita, para ello se servirá de la ayuda de un borrico que transportará cada una de las piedras de la ermita.

Dicen que estando san Froilán una mañana rezando y absorto en sus oraciones, se le apareció un lobo hambriento que vio en el asno del santo un apetitoso almuerzo.
Abalanzándose sobre él, comenzó a devorarlo momento en el que lo encontró el Santo, que con su mirada dejó al lobo acurrucado y temeroso, mientras le hablaba de amor y paz. Así fue como San Froilán consiguió quitarle al lobo el miedo al hombre y al fuego y sin saber cómo el lobo fue domesticado, a partir de entonces sería éste el que le llevase el material de construcción hasta concluir la ermita».

Y recuerda que también este hecho milagroso está perpetuado en una obra de arte, mejor en dos: «En el retablo de Nicolás Francés de la capilla central de la catedral de León existen tres tablas flamencas que representan la vida de San Froilán. Una de ellas alude a su permanencia en Valdorria y esta leyenda se halla cincelada también en bronce en una de las puertas del santuario de la Virgen del Camino. San Froilán sería obispo de León durante 5 años desde 900 al 905».

El segundo de los hechos legendarios y milagrosos está muy cercano geográficamente y vinculado a una de las joyas de nuestro patrimonio, la Real Colegiata de Santa María de Arbas, en Arbas del Puerto, en las estribaciones del Puerto de Pajares. La leyenda a sus orígenes (1116) cuando se estaba levantando, entonces como hospital de peregrinos vinculado al Camino de Santiago Primitivo o de San Salvador, pasando por la Catedral de Oviedo, el del famoso dicho: «Quien va a Santiago y no al Salvador, visita al criado pero no a su Señor».

En la construcción del hospital se produjo la segunda de las leyendas, la del oso, que contaba el fallecido poeta asturiano Toño Iglesias, afincado en Villamanín y presidente de la Asociación de Amigos de la Colegiata. Es la leyenda que él llamaba del ‘oso yuntero’, aunque admite que a la vista de la escultura de la colegiata muchos creen ver un toro: «El canónigo Pedro dirigía los trabajos para acarrear la piedra desde la cantera abierta cerca del Pico Tres Concejos, pero se durmió rendido por el trabajo hasta que una voz gritó su nombre desde el cielo para que pudiese ver como un oso mataba a uno de los dos bueyes que tiraban del carro. El cantero en vez de amilanarse se enfrentó con el animal, hasta dominarlo y pactar que le perdonaba la vida a cambio de que ocupara el lugar del animal que había matado». Y, añadía Iglesias, hay otra versión ‘más beata’ que dice que «Pedro convenció al oso de que no había oficio más noble que levantar aquel hospital y futuro templo».

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