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Fernando Ónega: "Empecé a querer a León por el veterinario leonés que nos cuidaba las vacas de casa"

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Susana Martín | 14/11/2017 A A
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Fernando Ónega: "Empecé a querer a León por el veterinario leonés que nos cuidaba las vacas de casa"
Sociedad Entrevista al periodista lucense, a quien la Diputación hará Hijo Adoptivo de León
El pleno de la Diputación aprobó este lunes por unanimidad de los grupos políticos que se incoe el expediente para el nombramiento de Fernando Ónega como ‘Hijo Adoptivo’, una iniciativa con la que se pretende «reconocer los merecimientos valiosos en pro de valores naturales, sociales y culturales que contribuyen al mejor conocimiento de la provincia de León y redundan en la potenciación del turismo cultural, artístico y gastronómico de la misma, particularmente relevante con la proclamación de León como capital gastronómica de España en 2018. Cuando se supo hace unos días, Ónega recibió el nombramiento entusiasmado, y así sigue, encantado con que le hagan ‘medio leonés’ a este lucense viajero.

– Así que Hijo Adoptivo de León, y ya se mostró usted encantado en la carta que escribió hace unos días...
– Sí, sí, ya dije que para mí esto es como tocar la gloria. Es la sensación que tengo. Profesionalmente, creo que es la mayor recompensa que uno puede tener. Humanamente, es de las cosas que te llegan al corazón. Yo no me harto de decir que las gentes de León sois los más agradecidos que hay en el mundo, así que estoy sometido al chantaje del amor de León, y llevo mucho tiempo así.

– Apoyó la candidatura a la capitalidad gastronómica, pero lo suyo con León viene muy de atrás...
A León hay que ir por casi todo: la capital, la provincia, sus dulces insuperables, su completa gastronomía... – Lo he pensado mucho, y creo que empecé a querer a León por un veterinario de León que había en mi pueblo de Lugo, en los años 50. En aquella época casi todos los veterinarios estudiaban en la Facultad de León. Este hombre cuidaba las vacas de casa, y gracias a las vacas de casa pues yo estudié la carrera. Mis conversaciones de niño con aquel señor tan venerable las recordaré siempre, fueron mi primera aproximación a León.

– Y para quien no lo conozca aún, ¿por qué diría que hay que venir a León?
– A León hay que ir por casi todo. Por la capital, que la vengo definiendo como un museo al aire libre; por la provincia, por su variedad de paisajes; por el Bierzo, por los Ancares, por el Teleno... Es un compendio de paisajes que seguramente no tiene ninguna otra provincia de España. Le falta mar, eso sí, pero eso lo conseguiremos un año de estos. Y desde el punto de vista histórico, es el reino de León, y eso no hay quien se lo quite, y es la cuna del parlamentarismo, y  qué Panteón de Reyes... Y su gastronomía es muy completa: el cerdo, la producción agrícola, las alubias... y unos dulces que para mí son la delicia del universo, quizá porque son los que más he probado de España. No hay nada que supere a unos nicanores de Boñar, a unos imperiales de La Bañeza... esa tienda de dulces que hace roscones con dinero dentro en Reyes [Conrado], que me parece una confitería insuperable.

– ¿Desde qué edad frecuenta León?
– La primera vez no fui a León ciudad. Mi padre tenía una pequeñísima tienda de vino e iba a comprar vino a Cacabelos. Hice un viaje con él y fue mi primer contacto. Luego cuando estudiaba en Lugo me hospedaba en casa de la tía Manuela,  y el tío Ramiro era un modestísimo mozo de tren que iba con frecuencia a León y traía recuerdos de León. ¡Joder, es que tengo León impregnado en toda mi biografía!

– ¿Y cuáles son sus rincones favoritos?
– Yo me quedaría por supuesto con el Bierzo, pero como casi es gallego no voy a insistir mucho: es muy rico, muy bonito, con un clima especial. Allí conozco a mucha gente, empezando por Luis del Olmo, y es casi un poco mi pueblo el Bierzo.

– ¿Y del resto de la provincia?
– De la ciudad, me quedaría con el Barrio Húmedo porque, como diría el otro, soy un ‘pecador de la pradera’. Y la zona de Riaño, el pueblo de David Álvarez [entre Crémenes y Salamón]. El paraíso para mí es la casa que tenía él, con aquel molino...

– Entiendo que pronto recogerá en León este nuevo galardón en la Diputación...
– Sí, sí. No me han dicho fecha todavía, pero naturalmente que iré, y tengo amenaza de toda la familia de ir conmigo.

– Ya fue pregonero de la Semana Santa de León en 1986.
– Sí, me llamaron y fui. Y luego tuve algún conflicto posterior porque hice una comparación que no les gustó nada a los de la Semana Santa de Sevilla, y me montaron un pequeño lío, cartas de protesta y tal, pero se superó y no llegó la sangre al río.

– Ha cumplido este año 70 años y lleva varias décadas como periodista. ¿Cómo ve la profesión? ¿Está tan mal nuestro oficio como se dice?
Di tres consejos a mis hijas cuando estudiaron para ser periodistas: leer mucho, escribir mucho y especializarse en algo, en lo que sea – La profesión tiene zonas brillantes y zonas malas. Ahora mismo me acompleja muchísimo como periodista ‘viejo’ el ver que cualquier cosa tiene tanta repercusión en las redes sociales... Tienen más impacto mis cartas en una red social que cuando son leídas en la radio, pese a los cientos de miles de oyentes, y a mí eso me descoloca. La opinión pública se está haciendo por cauces que para los mayores resultan insólitos e imprevistos.

– Con dos hijas periodistas, ¿hoy recomendaría a un joven seguir este oficio?
– Si le gusta mucho, sí. Es el oficio más bonito del mundo, lo que pasa es que las facultades tienen unos 25.000 matriculados, y salen al año 5.000 nuevos periodistas... Cuando yo estudié, salimos 25 en mi promoción, prácticamente podías elegir el puesto de trabajo.

– ¿Qué cualidades debe tener un buen periodista?
– Ser muy trabajador. Y lo que les dije a mis hijas cuando estudiaban eran tres cosas: leer mucho, escribir mucho y especializarse en algo, ser las mejores en algo.

– Con tanto vivido, ¿qué momento recuerda como el más complicado?

– Sin duda, al menos unas horas, el golpe de Estado del 23 de febrero. Llevaba 15 días al frente de los informativos de la Ser... Fue mi estreno, y fíjate. Angustia, incertidumbre, miedo, tristeza. Y al final, orgullo, porque dimos la información.

– ¿Y el más emotivo e inolvidable?
– Muchos, pero aunque llevo escritas más de 50.000 crónicas, siempre me quedaré con un recuerdo: un señor que llevaba fuera de casa 30 años y quería volver, y me pidió que escribiera una de mis cartas para la radio. Me contó su vida y era un crápula... Pero sí, le dejaron volver. Por cosas así, vale la pena, ¿no crees?
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