Publicidad
Fabero

Fabero

OPINIóN IR

05/05/2021 A A
Imprimir
Fabero
Fabero es uno de esos pueblos bercianos con ‘alma minera’, ligado al carbón desde mediados del siglo XIX y, muy especialmente, en las décadas centrales de la pasada centuria. De hecho, una estatua de bronce de un minero, símbolo de la localidad, rinde homenaje desde 1969 a esta forma de vida.

El impulso definitivo vino de la mano de Diego Pérez Campanario, fundador de ‘Antracitas de Fabero’ en 1935; y que da nombre, por cierto, al ‘Poblado Minero Diego Pérez’, construido en 1955 para dar cabida a quienes llegaban a trabajar en la mina. Se encuentra a las afueras de Fabero, camino ya del Pozo Viejo, del que distará como un kilómetro; un Pozo Viejo hasta el que merece la pena acercarse para hacerse una idea de lo que fue en otros tiempos: en las inmediaciones de su castillete se encuentran unos cuantos edificios destinados en su día a distintos fines, entre ellos el economato o el ‘hospitalillo’.

La ‘joya de la corona’ es el Pozo Julia, construido en 1947 y cerrado en 1991 al agotarse sus reservas de carbón, que llegó a contar con más de 3500 trabajadores. En la actualidad es de titularidad municipal, y te ‘traslada’ a una mina a mediados del siglo pasado: vestuarios –con un ingenioso sistema de perchas que cuelgan del techo, en donde se dejaba la ropa–, lampistería, sala de compresores, sala de máquinas… Y el castillete, que indica dónde está el pozo, la entrada y salida de la mina a través de un ascensor que paraba a los 50, 100 y 270 metros de profundidad.

Aunque se quisiera, hoy ya no se podría bajar –está inundado; de hecho, se escucha el agua–, pero se ha recreado una galería que explica como trabajaban los mineros… después de bajar en el ascensor y andar incluso tres o cuatro kilómetros hasta llegar al tajo, en donde –por poner un ejemplo– tenían que picar tumbados… porque de otra manera no podían…

Hace unos días, la Junta de Castilla y León declaraba Bien de Interés Cultural, con categoría de Conjunto Etnológico, la Cuenca Minera de Fabero. No es para menos…
Volver arriba
Newsletter