Gavilanes, que eligió presentar de pie sus conclusiones finales que, relató, “con el corazón y “convencido en lo más profundo de mi esencia y de mi ser de que son culpables las tres”, habló de un plan para ejecutar a Carrasco, con Triana como ideóloga. Si fuera inocente, cuestionó, por qué ha consignado una cantidad, junto a su madre, para indemnizar a la hija y la pareja de la víctima.
La policía local Raquel Gago está, a su juicio, muy implicada en el asesinato y entregó el arma del crimen no por colaborar con la investigación sino para tener una estrategia de defensa. Niega que sufriera el bloqueo que argumenta su defensa. “Eso no se lo cree nadie”, señaló. Gago que es, a su parecer, la mejor defensa de sí misma, mintió a todos y omitió que había estado con madre e hija el día de los hechos.
El letrado intentó desacreditar los informes psiquiátricos aportados por las defensas y recordó que los médicos forenses que examinaron a las acusadas determinaron que Montserrat estaba en condiciones mentales perfectas y era plenamente consciente de sus actos. Su hija tampoco presentó ninguna anomalía y tampoco la policía local.
“Montserrat, Triana y Raquel, plenamente conscientes y sin ningún arrepentimiento, truncaron la vida de un ser humano. Isabel Carrasco podía ser lista o torpe, buena o mala, fea o guapa pero tenía derecho a vivir y truncaron su vida. Tenía derecho a llorar, a reír, a ver a su hija casada, a conocer a sus nietos y truncaron su vida”, argumentó para concluir señalando al jurado que deben considerarlas culpables.
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