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Eso del entender

Eso del entender

OPINIóN IR

10/11/2020 A A
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Eso del entender
Me temo que, desde que el ser humano existe, el verdadero problema siempre ha sido el mismo. Y sin embargo se presenta repetidamente en todas las reflexiones sobre cualquiera que sea el asunto como si fuera una absoluta y sorprendente novedad.

En esta última semana, en la que la actualidad de la pandemia dejó paso en los titulares de los medios de información a lo que unos cuantos millones de estadounidenses decidirían para el futuro de las vidas de todas las personas que habitan el planeta, volvimos a leer y escuchar sesudas meditaciones que contenían el asombro de no entender a sus semejantes. Ha sido habitual estos días maravillarse de cómo es posible que setenta millones de personas conscientemente apoyen la presidencia de alguien que miente con desvergonzado descaro, que azuza enfrentamientos, que utiliza las instituciones en su propio beneficio y que rechaza la igualdad de las personas alentando un principio solo el éxito es moralmente aceptable, aunque este convierta la convivencia social en una jungla.

También maravilla pensar que 70 millones de personas sean incapaces de entender a otros más de 70 que no se resignan a vivir en una sociedad injusta. Que no entiendan que puedan aspirar democráticamente a un gobierno que no alimente el supremacismo o la condena a la exclusión de millones de personas. Y que, en su incapacidad de entender, conciban sus aspiraciones como una amenaza y una agresión injustificable.

Aquí, en el pueblo, también hay mucho de no entender a nadie. Ni a los que el bien común ha decidido que no pueden desarrollar su trabajo, como pasa con la gente de la hostelería. Ni a los que ven reducidas sus retribuciones, vía suspensiones de empleo, mientras el sagrado dogma de la propiedad impide que se socialicen las pérdidas también entre los alquileres. Ni, por supuesto, a los que padecen enfermedades distintas pero que también pueden llevarte al otro barrio. Para un tipo de gobernantes, como Trump, esos siempre son ‘los otros’. A esos no hace falta entenderlos.
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