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En tiempos de propaganda

En tiempos de propaganda

OPINIóN IR

25/01/2021 A A
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En tiempos de propaganda
Los que nos dedicamos a las cosas estas de escribir en los periódicos y a trabajos más o menos parecidos celebramos ayer a nuestro patrón, San Francisco de Sales. Un patronazgo para quienes trabajan en dar información desde periódicos, revistas, radios, televisiones y medios en Internet extendido también de manera oficiosa a los escritores y con carácter casi obsceno a los juntaletras de poca monta que llaman hacer periodismo a escribir un blog o a las deslenguadas que salen el los programas que yo llamo de casquería televisiva.

Otro día si eso ya ahondamos más en lo de la casquería televisiva, porque aunque reducido tiene su público, pero volviendo a lo del patrón, ayer, nada más levantarme me encontré con la felicitación de un amigo que controla el santoral a la perfección y nunca olvida la fiesta del 24 de enero. Después hubo más mensajes en grupos de colegas de profesión, de compañeros de la facultad y hasta el presidente del Gobierno quiso agradecernos nuestra dedicación, especialmente en tiempos de pandemia, adaptándonos a las circunstancias sobrevenidas.

No le animo a que lea los mensajes y comentarios que hay en el tuit de mi tocayo porque si es de los que aún respetan un poco esta nuestra profesión tan denostada es probable que deje de hacerlo. Y no le falta razón. Porque desgraciadamente y en puestos de relevancia –no me refiero a los que no salimos de los asuntos de provincias, que también– no abundan los profesionales de esto que puedan llamarse ‘periodistas’ más allá de lo que considera la definición de la Real Academia de la Lengua.

Es cierto que con otros 112 millones de euros en publicidad institucional que están a la vuelta de la esquina se allanan muchos caminos y también es cierto que la caída de ingresos de publicidad privada es bestial y de alguna manera hay que mantener las estructuras. Pero hay cuestiones y temas que son verdaderamente escandalosos y entre tanto exceso de información y tanta propaganda no es de extrañar que cada vez más gente pase de nosotros y practiquen la máxima de que el más feliz es aquel que no se entera de nada.

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