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El viaje del Guernica

El viaje del Guernica

OPINIóN IR

03/02/2021 A A
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El viaje del Guernica
En la tarde del 26 de abril de 1937, durante la llamada guerra civil española, la Legión Cóndor alemana y la Aviación Legionaria italiana –que luchaban en el bando sublevado– bombardearon desde el aire la localidad vizcaína de Gernika –que contaría con unos 5.000 habitantes–, quedando prácticamente arrasada. 1.654 muertos y 889 heridos fueron los datos oficiales facilitados por el gobierno vasco, números probablemente exagerados; pero fueron muchos, eso seguro –era lunes, día de mercado– y, en buena medida, mujeres y niños…

Ese episodio inspiró a Pablo Picasso para pintar la que es, no solo su obra cumbre, sino una de las más emblemáticas del arte del siglo XX: ‘Guernica’, un óleo sobre lienzo de casi ocho metros de largo por tres y medio de alto que hoy se encuentra en el museo Reina Sofía de Madrid. Y que tiene tras de sí una historia realmente fascinante, desde cómo, en plena crisis personal y creativa del autor, el gobierno de la República le encarga una obra para la Exposición Internacional de París de 1937, hasta la llegada del cuadro a España el 10 de septiembre de 1981, tras 42 años en el Moma de Nueva York y viajar por buena parte del mundo. Una historia fascinante –te decía– que ahora tienes ocasión de conocer al detalle en la capital leonesa gracias a la exposición ‘Picasso. El viaje del Guernica’, que organizan el Museo Reina Sofía y la Fundación La Caixa con la colaboración del Ayuntamiento de León; iniciativa muy de agradecer, y aún más, si cabe, en estos tiempos que vivimos. Se encuentra frente al Auditorio y puedes visitarla hasta el 18 de febrero en horario de mañana y tarde. Con las pertinentes medidas de seguridad, ni que decir tiene. Y gratis.

Hay visitas guiadas cada cuarto de hora. Aunque ya te anticipo que, probablemente, te toque esperar un ratín: para evitar aglomeraciones, entran como máximo cinco personas a la vez, pero no se puede reservar –ya…, yo tampoco lo entiendo–, por lo que tienes que hacer cola… Y, aun así –créeme–, merece la pena.
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