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El síndrome Genarín

El síndrome Genarín

OPINIóN IR

07/04/2015 A A
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El síndrome Genarín
Soy plenamente consciente del riesgo que supone escribir estas líneas. Puedo granjearme inmediata e innecesariamente la enemistad de decenas de miles de personas: de tantas como devotos tiene el sin par Genarín. Evidentemente no tengo nada contra él. Al contrario, es un personaje que me inspira ternura. Más aún, entiendo que esté el en cielo y que, por lo tanto, sea un santo más, aunque no haya sido canonizado. Incluso admiro el gesto de quienes en su día tuvieron la idea de rendirle un homenaje popular. En el peor de los casos no me siento ofendido por ello.

Entonces, ¿a qué viene esto de hablar del ‘síndrome’ Genarín? Todo viene porque este año invité cordialmente a alguna gente joven a participar en alguno de los actos de celebración de la Pasión de Cristo y, aunque no dijeron que no, no asistieron.

Sin embargo, algunos sí estuvieron en León en el entierro de Genarín. No es que uno se sienta celoso por ello, ni mucho menos, pero esto pone en evidencia que algo funciona mal o que el mundo está al revés. Se comprende que por curiosidad uno pueda querer presenciar ese fenómeno de masas que es el entierro laico del malogrado Genaro, pero de ahí a suplir la celebración de la muerte de Nuestro Señor Jesucristo con esta otra ceremonia hay un abismo.

No deja de ser un motivo de tristeza que, mientras que en los países donde los cristianos son perseguidos o pasan enormes dificultades por ser cristianos, las iglesias están a rebosar durante la Semana Santa (y el resto del año), entre nosotros por estas fechas lo que está a rebosar son las zonas de copas.

No sé qué pensara Dios, que ve todo a la vez, contemplando nuestra indiferencia y pasotismo, mientras que otros están dando, literalmente, la vida por Él. Desgraciadamente nadie ha salido a la calle para protestar por la matanza de ciento cincuenta universitarios cristianos en Kenia y por las más de doscientas niñas de un colegio católico secuestradas en Nigeria, ni por tantos cristianos perseguidos. A nadie se le oye decir: «Yo también soy cristiano» o «Nunca máis» estos atentados.
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