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El refugio de Lilit

El refugio de Lilit

EL BIERZO IR

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Casimiro Martinferre | 23/03/2015 A A
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El refugio de Lilit
Serial Territorio "En la antigüedad clásica, las castañas alimentaban el alma durante el viaje al otro mundo..."
La genealogía de los mitos, menos sosa que el microscopio, el bisturí o el tubo de ensayo, alega lo siguiente: la casta Nea fue convertida en castaño porque no dejó que Júpiter la desflorara, tal es el germen del árbol. También nace de este suceso, en mentes calenturientas de escritorzuelos apoyados en barras de bar, la relación entre el fruto protegido por erizo y el arrogante mondongo femenino. La castaña es harto medicinal, reconforta con sólo mencionarla y rápido transporta al suspiro, aunque muchos vean en ella el origen de todas las vanidades. En el siglo XVI, el doctor Lobera de Ávila las consideraba «buenas para las mordeduras de las personas y perros rabiosos, y si con harina de cebada y vinagre se mezclaren a manera de emplasto, aprovechan a las mujeres que tienen las tentaciones hinchadas.». En la antigüedad clásica, las castañas alimentaban el alma durante el viaje al otro mundo. Los aborígenes de la cuenca del Sil, las llevan en el bolsillo para prevenir hemorroides y jaquecas, y el festivo magosto que celebran junto al vino es sin embargo un ritual pagano en honor de los difuntos.

Para los castañares, estos pagos del poniente reúnen condiciones óptimas de sustrato y clima, pues crían portentosos especímenes. Tal bosque revela en invierno su verdadero rostro, al quedar despojado del engañoso disfraz otoñal. En la distancia, los desnudos castañares parecen nerviosos. Una neurosis a flor de piel, a punto de estallar pero reprimida en el último momento. Estás admirándolos, y al mismo tiempo preguntándote cuál es el motivo de la crispación. Al entrar en ellos, te abduce la angustia. Algunos ejemplares viejos tienen la corteza fosilizada, prendiendo en ella plantas y hasta otros árboles. Titanes en sí mismos grandiosos, poco han de envidiar a los planetas. Su porte esférico, su tronco hercúleo perforado de oquedades, dan sustento y refugio a una legión de seres, desde el escarabajo al oso, del tangaraño a la meiga o al lobishome. El castaño encarna, mejor que ninguna otra manifestación, la esencia del territorio: una substancia medianera entre el embrujo y la amargura. Pueden ser elementos raros del suelo, químicos anómalos intoxicando la sabia, los que le confieren esa aureola de dolor. Emerge retorcido, atormentado, lucha por zafarse y huir al cielo. En las tardes de lluvia que preceden al ocaso, visten hábito de luto, toman el aspecto de una inquietante misión de jesuitas; el viento silba feroz entre las ramas, las arboladuras rechinan, crujen las raíces, son las adversas melodías de Lilit.

Remontándonos en las fechas muy atrás, hasta los anales de la escritura, vemos grabado en tablillas de terracota sumeria al árbol Huluppu, cuyas trazas son indudablemente de Castanea sativa. Narran cómo en la base puso el nido la serpiente, en lo alto instaló su huevo Anzu, pájaro de la tempestad, y la cepa hueca sirvió de hogar a la rebelde Lilit. Cuando la diosa Inanna ordenó a Gilgamesh talar el Huluppu, Lilit huyó a las más apartadas riberas del septentrión. Lilit, la primera mujer del bíblico Adán, al que abandonó por llorón y ñoño en la cama. Lilit, la bellísima bruja, la pelirroja, la lujuriosa, la que venga el asesinato de sus hijos sorbiendo la sangre de los hombres. Cien hijos le matan al día por la desfachatez de renunciar al Edén; en contrapartida, de noche abandona su caroco para pervertir en sueños a los jóvenes, fertilizarse con la polución derramada y parir otros tantos hijos. Recolecta tanto semen que regresa al bosque chorreando. Esto explica el fuerte olor a esperma de la flor del castaño. Tan enérgico es el impacto en la nariz, que doncellas y solteronas desmallan, y aún muchas de ellas conciben con sólo respirarlo.

La maldición que hostiga a Lilit, cesará algún día, «Cuando las fieras amansen y los humanos apacigüen», sentenció un manda rencoroso. Entonces por fin hallará descanso. Mientras tanto, estoy seguro, los inmortales castaños del noroeste seguirán cobijando a Lilit.

Páramo, diciembre de 2012
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