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El profesor novato

El profesor novato

OPINIóN IR

21/09/2019 A A
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El profesor novato
Cada principio de curso solía reunirme con los profesores nuevos que habían logrado una plaza en el instituto para ponerlos al día de los hábitos, usos, rutinas, manías y costumbres del centro. Lo considerábamos muy importante, casi imprescindible, para adaptarse a la nueva casa. La mayoría de estos profesores ya habían trabajado en otros institutos, pero siempre llegaba alguno realmente ‘novato’ para impartir clase por primera vez en su vida. A lo largo del curso también suelen aparecer por el centro para sustituir bajas de profesorado algunos docentes que jamás se han enfrentado a un grupo de alumnos. Precisamente de este profesor novato y primerizo me gustaría reflexionar y opinar.

Él está en la bolsa de trabajo esperando una llamada todo el día y todo el año. Finalmente suena el teléfono para comunicarle que ha salido una sustitución de matemáticas en el IES Lancia por maternidad. Empiezan los nervios. Lo primero es llamar al instituto. Tiene miles de preguntas: duración de la baja, horario, alumnos, grupos, etc. Yo le ruego que venga al despacho. Sin apenas tiempo para prepararle un dosier con el horario y listas de alumnos ya está llamando a la puerta.

Es un momento muy importante en la vida profesional de este profesor. A partir de aquí todo será fácil, pero los primeros días son peligrosos. Los alumnos le están esperando y analizarán todos sus movimientos desde que entra en el aula. Seguramente tratarán de ponerle a prueba. «No les digas que va a ser poco tiempo». «Dirígete a ellos por su nombre preguntándoselo antes de hablar y pon interés en lo que te preguntan». «Hazte respetar como autoridad, más tarde podrás lograr su cariño». «Por favor, no vayas de guay o colega con tus alumnos. No eres su amigo, tú eres su profesor». «Estoy seguro de que sabes muchas matemáticas, pero prepara y organiza bien las clases para no quedarte en blanco». «Los alumnos son capaces de sacarte de quicio, pero no les grites ni les amenaces porque es lo que ellos pretenden, además pierdes credibilidad si no cumples la amenaza». «Tienes que mantener alto el listón de la convivencia y comportamiento en el aula desde el primer minuto porque de lo contrario nunca lo recuperarás». «No te preocupes porque te quieran, lo importante es que consigas su respeto». Nos gustaría trasmitir a este profesor primerizo toda nuestra experiencia y herramientas claves justamente unos minutos antes de entrar en el aula. Nunca olvidaré los ojos de los treinta alumnos clavados en él mientras mira sus caras con un cierto recelo y, a veces, temor. Los primeros días de docencia para un profesor novato son todo un desafío. Él quiere hacer las cosas bien, pero está nervioso, tiene miedo a quedarse en blanco o a equivocarse o a que los alumnos se rían de él. Es importantísimo superar con éxito esta prueba. He llegado a conocer profesores muy bien preparados en su asignatura, pero con verdadero horror y pánico a enfrentarse en clase con sus alumnos, llegando a caer en una profunda depresión.

En mi opinión hay dos palabras claves que me gustaría inculcar en el profesor novato: empatía y amor. Entendemos por ‘empatía’ el saber ponernos en el lugar del otro, en ser capaz de percibir lo que el otro está sintiendo, «la habilidad emocional de una persona para ponerse en la situación emocional de otra». Es fundamental que el profesor sea empático y que proyecte esta empatía a sus alumnos porque esto mejora el desarrollo de las clases. Si el profesor empieza por saber el nombre de sus alumnos, si además conoce se situación familiar y sus habilidades y aficiones y, si encima, es capaz de meterse en la piel del alumno podrá ser más efectivo, aportar ventajas al aprendizaje de los alumnos y obtener mejores resultados académicos. Y entendemos por ‘amor a los alumnos’ ese afecto y cariño que el buen profesor tiene a todos, grandes y pequeños, sobresalientes y suspensos, revoltosos y tranquilos, a todos. Ellos lo captan perfectamente y si perciben que el profesor los quiere ellos le devolverán su cariño con creces, pero si se dan cuenta de que no son queridos pueden ser terriblemente crueles. El amor del profesor a los alumnos es indispensable y necesario. «Si tratas a tus alumnos como personas y con respeto te sorprenderás de su agradecimiento y receptividad».

Creo que viene a cuento una anécdota que me ocurrió hace años. Cuando un alumno llevaba una conducta incorregible, rebelde y reincidente que no respondía ni a consejos, mediación o castigos, antes de iniciar un expediente disciplinario, solíamos convocar una reunión que yo llamaba ‘sumarísimo’ y que consistía en sentar en la mesa de mi despacho a todos los implicados: alumno, padres, tutor, orientador, coordinador de convivencia y equipo directivo. La tutora me presentó el historial de un alumno que ya no tenía otra solución que el expediente. En la reunión del sumarísimo estábamos todos menos el padre del alumno. Empecé leyendo la lista de cargos que me presentó la tutora. Dada su gravedad yo iba levantando el tono de voz. De repente el alumno me interrumpe: «A mí no me chilles». Me dejó estupefacto y pasmado. Pregunté a su madre: «¿A su padre también le dice que no le chille?». Su respuesta me aclaró la situación: «No tiene padre, es hijo de soltera». En aquel momento pasó por mi mente toda la película del sufrimiento de aquella madre. Le dije de todo, hasta el orientador me comentó que había estado muy fuerte. En resumen, yo quería advertirle que a partir de ese día en el instituto iba a tener un padre y que él sentiría mi aliento en la nuca desde la entrada a la salida. Nos despedimos todos. La madre llorando me dio las gracias. Cuando tocó el timbre al final de la mañana, llaman a la puerta del despacho. Era otra vez el alumno y aunque han pasado muchos años recuerdo todas sus palabras: «Gracias, Secun, nadie en mi vida me ha hablado con tanto cariño como tú hoy. No te preocupes, no volverás a tener problemas de comportamiento conmigo». Y así fue. Posiblemente uno de los momentos más gratificantes de mi trayectoria profesional.

Profesor novato, si te entregas a tus alumnos, si mantienes alto el listón de respeto en el aula y si tienes empatía y amor a tus alumnos, no te preocupes si te ves obligado a reñir, castigar e, incluso, suspender a alguno de ellos porque lo van a entender y van a devolverte generosamente aumentado el cariño que tú les has dado.
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