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El otro Patrimonio Nacional

El otro Patrimonio Nacional

OPINIóN IR

19/07/2019 A A
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El otro Patrimonio Nacional
Se supone que Italia tiene la mayor y mejor cantidad de monumentos de arquitectura, además de pintura y bastante de escultura. No es de extrañar, que para eso siempre ha sido un pueblo muy creativo.

Pero solamente es cierto en parte, porque si comparamos el conjunto de aquel país con el nuestro, eso de ser el mayor y mejor, ya no es tan claro.

Si empezamos por el arte romano, es evidente que nos dan sopas con honda. No en vano nació allí y fue dejando trocitos por el resto del imperio, incluido España.

Sin embargo, si nos vamos al arte árabe y sus colaterales resultado de los 800 años de dominación y convivencia, con ellos, con Italia, no tenemos ni para empezar.

Del románico casi se puede decir lo mismo, pues aunque sí que tienen un buen conjunto, la riqueza de nuestra piel de toro, con multitud de ejemplos muchas veces semideconocidos (¿Cuántos conocen el racimo de iglesias románicas de Palencia?), les pasa de largo.

Algo similar se puede decir del gótico (Francia se lleva la palma, que para eso nació allí), hay bastantes más ejemplos por estos lares.

El Renacimiento es otra cosa, pues habiéndose originado en aquellas tierras, aquí se solapó con el final del gótico, dando como resultado un muy especial Renacimiento en forma de lo que se llamó, y se llama, el gótico flamígero, unos elementos góticos diríamos que floreados, adornados y muy vistosos. También aquí hay ejemplos de renacentista puro, pero realmente, en eso, no nos podemos comparar.

Del barroco y del rococó, sobre todo del primero, nada tenemos que envidiar, pues más o menos coincidió con el siglo de Oro, cuando en este país teníamos el mayor imperio de la historia.

Y voy a parar ahí, que podríamos seguir con el Art Nouveau e incluso Art Decó (aunque en este asunto no andamos muy sobrados, tenemos ejemplos mundiales que están en la mente de todos).

En definitiva, no es menor nuestro patrimonio arquitectónico (de pintura nada voy a decir, porque, gracias a los reyes de España, las colecciones reales no tienen igual). Es, al menos, igual, y quizás nos pudiera parecer menor por una razón bastante sencilla: Italia tiene algo más de trescientos mil kilómetros cuadrados y España algo más de quinientos mil, lo que puede hacer aparecer un conjunto menos importante, cuando, en realidad, es que está más disperso.

Este es nuestro orgullo y, al tiempo, nuestra desgracia, pues el mantenimiento y conservación de tantísimo monumento, requiere un aporte financiero que excede nuestras capacidades, públicas y privadas. Ni de lejos podemos con todo, sin entrar en la muy discutible manera del qué y el cómo se hace.

Esto es lo que bien se puede definir como patrimonio de primer nivel.

Porque hay un segundo, más modesto, no tan espectacular, más humilde, bastante menos apreciado pero no por eso menos valioso, sobre todo por lo que supone de cercanía de los pueblos y villas, tal cual son los miles de pequeñas iglesias y ermitas dedicadas a las más variadas advocaciones de cristos, vírgenes y santos. Y de eso somos, mea culpa, muy poco conscientes.

Por cuestiones profesionales, hace unos días, visité las obras de reparación de la ermita de Valdavido, una pequeña edificación nada pretenciosa, en plena Cabrera, que requiere una reparación a fondo, sobre todo de cubierta, aunque no le vendría mal una revisión más a fondo pues las paredes están vencidas y los suelos hechos una pena.

Y si no hay fondos para más importantes catedrales, conventos y palacios, qué vamos a decir de lo que puede dedicar a todas esta pequeña joyas, para las que se las aplica una fina (muy fina) lluvia de euros a medias entre la diputación y el obispado, con criterios de supervivencia, en cantidades tan ajustadas y aplicadas en varias fases en el tiempo que, muchas veces, cuando llegas a la última, ya se ha deteriorado la primera.

Para terminarlo de complicar, lo que en otros tiempos era una participación a tres bandas de Junta, Diputación y Obispado, se ha quedado, por aquello de la crisis, en solamente las dos últimas.

Se comprende que, no habiendo para todos (muchos son los llamados y pocos los elegidos en símil bíblico cogido por los pelos), se distribuyan los fondos con los criterios sin duda adecuados, que me consta que los hay, lo que no quita que, como arquitecto, prefiera el criterio racional de darle a una obra lo que necesite en una única aportación y terminar así, de una vez, con el problema. Y después otra y luego otra.

Y algo que creo es de justicia: Junta de Castilla y León, vuelva usted a participar en el convenio con su cuotaparte, que tampoco era tan grande, y está más justificada que tantos y tantos euros aplicados a no se sabe qué.
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