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El órgano de Santa Marina

El órgano de Santa Marina

OPINIóN IR

07/04/2021 A A
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El órgano de Santa Marina
Mira que he estado veces en la iglesia de Santa Marina la Real de León pero, la verdad, nunca había reparado en el órgano. Hasta el otro día que, de la mano de la Cofradía del Desenclavo, tuve ocasión de subir al coro para hacer unas fotografías; y, no me preguntes por qué pero, entonces sí, me llamó la atención. Coincidió, además, que estaba por allí el organista, Pelayo Rodríguez, nacido en Asturias aunque afincado en León desde niño. A sus 24 años, es graduado en Ingeniería Aeroespacial y cursa un máster en Madrid y, al tiempo, estudia Órgano en el conservatorio de Palencia –cuando él empezó, no lo había en León–; además de ser –desde 2017– el organista de Santa Marina. Tiene mérito, ¿eh?

El órgano es un instrumento de viento con fuelle; es decir, al pulsar dependiendo qué teclas, sale aire por unos tubos u otros –este, concretamente, tiene 1152– que es lo que proporciona el tipo de sonido –oboe, dulzayna (sic), corneta magna, trompeta real… y hasta ‘pájaros’– y el volumen. Lo del fuelle, por cierto, era literal –aún se conserva–, y requería de, al menos, otra persona, llamada manchador, para generar viento; aunque en este caso cuenta para ello con un motor desde hace tiempo.

Pues resulta que el de Santa Marina la Real es de los más antiguos de la provincia que estén en funcionamiento, y de los mejores en el estilo de órganos ibéricos. Lo construyó en 1749 Pedro Manuel Liborna Echevarría –organero del rey Fernando VI y, por tanto, de primer nivel– para el monasterio de Santa María de Sandoval; y fue trasladado a Santa Marina en 1861. Es completamente mecánico; y hasta se escucha, si estás cerca, un peculiar ruidín de la madera al tocar el organista.

Te diré que el órgano de Santa Marina tiene dos teclados manuales de 45 notas (octava corta), temperamento mesotónico (1/4 de coma) y 30 registros partidos (Do 3 – Do# 3); y, como puedes imaginar, no tengo ni la menor idea de lo que todo eso quiere decir. Pero lo que sí sé es que es digno de ver. Y de escuchar, claro.
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