Publicidad
El monasterio de Gradefes

El monasterio de Gradefes

OPINIóN IR

25/03/2020 A A
Imprimir
El monasterio de Gradefes
Semana y media llevamos ya en casa a la espera de que el confinamiento y, con él, el estado de alarma –o, mejor dicho, la amenaza del puñetero coronavirus este– llegue a su fin. Por el momento, ¿qué tal lo estás llevando? Espero que, al menos, razonablemente bien… Ánimo, y a ver si se acaba esto…

Seguro que ya habrás pensado mil cosas que hacer cuando volvamos a la normalidad; pero, en cualquier caso, no dejes de recorrer esta tierra nuestra: vayas donde vayas, tienes mucho por descubrir… Se me ocurre una sugerencia –bueno, en realidad, unas cuantas; pero por alguna hay que empezar–: ¿por qué no visitar el monasterio de Santa María la Real de Gradefes? Pero sin prisas, saboreando ese ‘viaje’ al pasado que supone encontrarse entre sus muros…

Hasta la segunda mitad del siglo XII tenemos que remontarnos para encontrar los orígenes de este cenobio cisterciense femenino. Parece que fue en 1168 cuando se inició la vida monástica, fundada por una noble, Teresa Petri –o Pérez, que viene a ser lo mismo–, tras haber quedado viuda de un caballero de Alfonso VII de León, ‘El Emperador’, llamado García Pérez; y que fue su abadesa hasta su muerte en 1187.

Una y otro, por cierto, se cree que pueden reposar en dos de los sepulcros que se encuentran en el interior de la iglesia; una iglesia, dicho sea de paso, que consta de tres naves y girola con cinco ábsides, y cuya construcción se inició en el segundo tercio del siglo XII –una inscripción se refiere a su fundación en 1177– siguiendo un estilo románico tardío, aunque fue completada siglos después, buena parte en el XVII y en el XVIII. Preside la capilla mayor Nuestra Señora de Gradefes, imagen sedente de la Virgen con el Niño, que es copia de la que custodian las monjas en sus dependencias privadas, esta del siglo XIII.

La verdad es que, solo tratar de imaginar lo que ha ‘vivido’ el monasterio en todo este tiempo, da mucho que pensar… Y no te digo ya cuando sales al claustro, y ves, en el jardín, el cementerio de la comunidad…
Volver arriba
Newsletter