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El mito sobre los años de su salida de España

El mito sobre los años de su salida de España

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Rafa Maza, en el 150 cumpleaños del reloj de Sol, caracterizando a Losada. Ampliar imagen Rafa Maza, en el 150 cumpleaños del reloj de Sol, caracterizando a Losada.
Marcelino González y F. Javier Álvarez Prada | 26/07/2017 A A
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El mito sobre los años de su salida de España
Relojero Losada El relojero no falsea en ningún momento su fecha de llegada a Inglaterra, en su memorial afirma que llega en 1830 y no hay motivos para dudar de que sea cierto
En este nuevo capítulo nuestro propósito es poner en orden los datos que ya existen, junto con los que hemos obtenido en nuestras investigaciones. Y como familia que somos de él lo único que tratamos es de darle a conocer un poco más. Losada se lo merece.

Son varios los que han escrito que su salida de España debió transcurrir entre los años 1823-1824 coincidiendo con lo que Galdós llamó ‘La gloriosa y fecunda emigración de 1824’. Otros, y más acertadamente, dan como bueno lo escrito por José Zorrilla: septiembre de 1828. Creemos que unos y otros lo hacen con buena intención. En principio durante los años 1823-1824 es verdad que la represión a los liberales llevada a cabo por Fernando VII hace que sean muchos los que han de huir de España para salvar su vida. Pero si hacemos caso a Zorrilla y que es su padre el engañado por Losada para poder huir veremos que José Zorrilla Caballero fue nombrado superintendente general de Policía a finales de 1827 y cesa por renuncia el 28 de septiembre de 1830. Este era muy conocido por sus ideas conservadoras y absolutistas; despiadado «con los ladrones, rufianes y gente de esta jaez» pero sobre todo con los de idea liberal y políticos disidentes.

Cuando sucedieron los hechos entre el Superintendente y Losada, que luego relataremos, Zorrilla escritor apenas era un niño. Y no es hasta 1882 cuando relata la aventura de Losada y su padre en ‘Hojas traspapeladas de los recuerdos del tiempo viejo’ y, así, en la página 48 del tercer tomo de la obra impresa en Madrid por Eduardo Mengíbar dice: «Corría el mes de septiembre de 1828».

Entre los apuntes de Eloy Benito Ruano hay una nota que dice «Alonso Cortes, Menéndez Pelayo y otros hablan de lo poco seguros cronológicamente que son estas memorias de Zorrilla, escritas un poco apresuradamente, quizá sobre pocas notas, motivo en el cual pudieran fundarse algunos errores». Naturalmente creemos que este es el caso de que sitúe en 1828 hechos acaecidos en 1830, fecha en la que José Rodríguez de Losada en Londres y bajo juramento dice que salió de España y llegó a Inglaterra.

Nuestro querido Losada, viéndose amenazado por sus ideas liberales y muy temeroso de que su vida ya tenía precio, urdió su salida de España hacia Francia, como si de un guión de película se tratara.

Conociendo a Losada tal como hoy lo conocemos: Persona superinteligente, hábil, sagaz....; seguramente ya tendría planificada al detalle su huida; y además estaría en contacto con los movimientos liberales de los españoles emigrados en Londres, donde él sabía que iba a ser bien recibido y amparado.

El poeta Zorrilla hace un relato magistral y una preciosa descripción de cómo se desarrollan los hechos. Resumiendo, diremos que Losada en compañía de otros cuatro secuestran al nada menos que superintendente de la Policía, hombre poderoso por demás, y le obligan a firmar un salvoconducto y un permiso de ‘Correr la posta’, documento este por el que pudo salir de España con celeridad en caballos de refresco que iba obteniendo en cada posta y sin coste alguno ya que el salvoconducto así lo autorizaba.

Defendemos que Losada llegó a Londres en 1830, en primer lugar porque así lo afirma él en el memorial que redacta para su petición de la nacionalidad británica. No tendría ningún motivo para mentir y además podía ser peligroso que se demostrase alguna falsedad, ya que por este motivo le podían haber negado su nacionalidad. Pero además también sus amigos los empresarios Frederick Hasluck del nº 104 Hatton Garden en el distrito de Middlesex, Comerciante, George Head del nº 7 Ripper Baker Street Regents Park en el distrito de Middlexes, Agente inmobiliario, David Glasgow del nº 26 New North Street Red Lion Square, relojero y Donald Fraser del nº 1 Oakley Square Hampstead Road en el dicho distrito de Middlesex, Doctor en Medicina, avalan las declaraciones de Losada en su petición de la nacionalidad.

En este mismo documento, mas adelante sus amigos afirman: «...declaramos solemne y sinceramente conocer por diez años y antes a José Rodríguez de Losada ahora residiendo en el nº 281 de Regent Street en el distrito de Middlesex y nosotros adelantamos solemne y sinceramente que desde que nosotros tenemos conocimiento él es una persona que siempre durante su residencia en este distrito se ha comportado de una manera honesta, honorable y respetable y procurando beneficiar a sus empleados y que desde su residencia en este país creemos que el siempre nos ha dado todas las razones para creer que va a seguir mostrando verdadera y fiel lealtad a Su Majestad la Reina Victoria sus herederos y sucesores y defender a ella y a ellos hasta el máximo de sus fuerzas. Y hacemos más y manifestamos por nosotros mismos respectivamente y solemnemente que hemos leído el Memorial que dicho José Rodríguez de Losada prepara para su presentación al Vizconde Palmerston, Principal Secretario de Estado del Ministerio del Interior para pedir un certificado de Nacionalización y declaramos que el contenido y los datos contenidos en él, desde nuestra perspectiva, conocimiento y entender, son verdaderos y por último por lo conocido de él creemos es una persona verdaderamente merecedora del privilegio que solicita y que hace su solemne declaración concienzudamente creyendo que lo dicho es verdad».

Declaran lo anterior los llamados Frederick Hasluck, George Head, David Glasgow y Donald Fraser en la Mansión House en la ciudad de Londres en este día 23 del mes de febrero 1853.

Por todo lo expuesto, José en ningún momento falsea su llegada a Inglaterra. En su memorial afirma que ha llegado en 1830 y hay ningún motivo para dudar que sea cierto. Si se dice lo contrario habría que demostrarlo.
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