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El hombre que aprendió a hilar

El hombre que aprendió a hilar

OPINIóN IR

23/07/2021 A A
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El hombre que aprendió a hilar
«Esquilar, lavar, escarmenar, cardar, peinar, hilar, enmadejar, ovillar», recita en voz alta en el patio de su casa en Bustillo del Páramo. Se llama Óscar Fierro y sabe a hilar. Vive en el hogar de sus trastatarabuelos y toca la zanfoña. Era delineante y un día lo dejó todo para dedicarse a rescatar las antiguas tradiciones rurales. Se llama Óscar Fierro y tiene vocación de antropólogo popular con unas gotas de maestro, narrador y músico.

Óscar nos invita a ese patio que parece un museo etnográfico. Vivió en Bustillo hasta los 12 años y después su familia se mudó a Valencia. Pero sus años en ese pueblo lo marcaron. Conoció a su bisabuela María y a sus abuelos. Y cuando su abuela falleció, se quedó con la vieja casa de tapial en la plaza mayor. ¿Qué hizo Óscar entonces? Un inventario, el inventario de una vivienda que tenía más de 200 años, con su cuadra, su lagar, su panera y su huerta, y en la que los antepasados habían ido guardando todo. Y entre los aperos de labranza, encontró un huso y unas cardas. Así que empezó a investigar cómo funcionaba eso de hilar la lana. Contactó con los pocos hilanderos que quedan en España y se puso a experimentar. Ahora es capaz de hilar hasta con los ojos cerrados. Ha montado un pequeño espectáculo ambulante (‘Hilando Mamut’) en el que explica los pasos del hilado, a la vez que cuenta la historia de su familia y toca la zanfoña. Quiere rescatar tradiciones antiguas y términos en desuso. Nos insiste a mi hermana y a mí: «Esquilar, lavar, escarmenar, cardar, peinar, hilar, enmadejar, ovillar». Y después nos pone a hilar.

Resulta que hilar es muchísimo más laborioso de lo que imaginábamos. Hay que atravesar todos esos pasos para ir poco a poco limpiando el vellón de hierba y paja, abriéndolo, estirándolo, con mimo y sin parar un momento. Me imagino esas mujeres de antes que llevaban la lana enroscada a la rueca y la rueca en la cintura e iban dando vueltas al huso al tiempo que se sentaban en el filandón a escuchar historias. Las manos siempre moviéndose. Óscar tiene esa paciencia infinita de antaño para hilar, para teñir y para tejer. Nos muestra una colcha a ganchillo que tejieron entre su madre y él durante el confinamiento. Cada cuadro es de lana de un color porque cada ovillo está teñido con hierbas recogidas en los alrededores del pueblo. Los tonos van del ocre al morado, pasando por el verde pálido, el kaki, el marrón. Colores del campo en otoño. Es una colcha homenaje: homenaje al Páramo, homenaje a sus antepasados y homenaje a la paciencia y pericia de un hombre que ha vuelto a sus raíces con todas las consecuencias.
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