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El histórico estanco de Armunia

El histórico estanco de Armunia

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136 años de vida contemplan a este estanco, de 1885. | MAURICIO PEÑA Ampliar imagen 136 años de vida contemplan a este estanco, de 1885. | MAURICIO PEÑA
Fulgencio Fernández | 01/08/2021 A A
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El histórico estanco de Armunia
Historia El estanco de Armunia abrió sus puertas en 1885, uno de los negocios más antiguos de León ahora en manos de la cuarta generación, y un lugar con una rica historia familiar de personajes vinculados a la medicina, desde un discípulo de Marañón al médico de Estela Perón
Ya en la fachada del estanco de Armunia te das cuenta de que entras en un lugar cargado de historia cuando lees «Casa fundada en 1885». No es fácil encontrar negocios con 116 años de historia en este León nuestro y siempre en manos de la misma familia, salvo un muy breve paréntesis en sus inicios.

Pepe y Pili, José Olazabal Flórez y Pilar Fernández, te lo confirman. Pepe es quien viene de la familia de los dueños del negocio, los Flórez, y Pili quien muestra el orgullo familiar y ‘tira’ de libros que hablan de ellos, aunque no haría falta recurrir a sus páginas pues su marido lleva la historia de la familia en la cabeza y en los cuadernos de notas del negocio del que saca los nombres de todos los propietarios desde 1885 hasta nuestros días. «Yo soy la cuarta generación», explica. Y en un repaso rápido de historias singulares habla del abuelo Ambrosio, que montó el estanco y también la panadería; de dos tíos —hijos del abuelo— médicos en Madrid, uno de ellos fue médico de la familia Perón en el exilio, sobre todo de su segunda mujer, María Estela Martínez, era Paco Flórez; y el otro —«una gran eminencia, lo mires por donde lo mires»— que fue discípulo aventajado de Gregorio Marañón y «quien más venía por Armunia, al que acudía la familia ante cualquier dificultad, el verdadero médico de la familia», explica Pepe sobre su otro tío médico, Manuel Flórez, por el que no oculta gran admiración por las historias que le han contado en la familia y en el pueblo.

- Es que era médico para todo el pueblo, que dice que se formaban unas colas larguísimas a la puerta cuando se enteraban que estaba aquí y a todos los atendía; le completa Pili y Pepe le matiza que «pedía un tiempo para él, para estar sentado viendo su pueblo por la ventana y leyendo, que le encantaba leer».

Pero por quien no oculta su admiración José Olazabal —también esa rama paterna tiene historia— es por el abuelo Ambrosio Flórez Álvarez. «Se fue a Madrid para estudiar una ingeniería y le iba muy bien, estuvo dos años, pero era hijo único y su madre llevaba muy mal la separación, le pidió que se quedara, lo hizo, y mostró una gran inteligencia al montar dos negocios, este estanco que aún permanece abierto y una panadería que en la época de la guerra y la posguerra fue de las más importantes de León, con aquello de las cartillas de racionamiento y todas aquellas penurias. Era cuando se apuntaba en las libretas, los vecinos de Armunia le querían mucho porque fue muy buen comerciante», apunta Olazabal, que sabe bien lo que fueron aquellos años pues perdió a su abuelo Antonio Olazabal Díaz de Corcuera fue fusilado, de Pola de Gordón y presidente del Sindicato Minero Castellano de Santa Lucía y afiliado de UGT.

Recuerda José Olazabal Flórez que el sueño del abuelo Ambrosio, casi una obsesión, era que sus hijos sí pudieran tener esa brillante carrera académica que él tuvo que cortar. Y lo logró pues sus dos hijos varones, Manuel y Francisco Flórez estudiaron medicina y tuvieron una brillante trayectoria. Como decía Pepe no oculta también su preferencia clara por «el más científico», Manuel. «Fue premio extraordinario fin de carrera, discípulo de Gregorio Marañón en el Instituto de Patología Médica y, curiosamente, ganó el Premio Marañón con su tesis doctoral; y, hablando de la familia, siempre he escuchado que era el verdadero médico de la familia, al que acudían con sus problemas y siempre estaba, como estaba siempre para los vecinos de Armunia, como ha dicho Pili. Tenía una tremenda humanidad»; pero la muerte se lo llevó muy joven, con solo 50 años, truncando una briollante carrera. Su colega, el doctor Santiago Martínez-Fornés escribió a su muerte: «Tus méritos eran muchos más que tus títulos. Elegiate la vida recoleta del estudio incesante, no muchos pero entrañables amigos y el ejercicio abnegado de una Medicina rigurosamente seria y responsable. A tus muchos pacientes no les será fácil ahora encontrar otro médico de tu bondad, preparación y desinterés».

Un cáncer de esófago se lo llevó.

«Mi tío Paco era algo más político», explica Pepe Olazabal, al recordar la figura del otro hermano que en el ámbito social logró evidente reconocimiento al llegar a ser médico personal de Franco, el general Muñoz Grandes o el matrimonio Perón —Juan Domingo y Estela— en su exilio. El recordado periodista Emilio Romero, director muchos años del diario Pueblo, escribía del leonés: «El doctor Flórez Tascón es un verdadero milagro de aprovechamiento del tiempo, de archivo cultural y de fulgor informativo», de quien recuerda que se definía como el hijo del señor Ambrosio y «un provinciano, un ‘homoqualumque’, nacido en un lugar modesto en Armunia, el 20 de julio de 1925». Esa condición de médico de los Perón hace que entre los vecinos de Armunia siempre se diga que «vieron a María EstelaMartínez de Perón por las calles del pueblo o en la panadería del señor Ambrosio».

- Y seguramente sea verdad; dice Pepe y explica: «Seguro no lo puedo saber porque no vivía».
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