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El descapotable de Lario

El descapotable de Lario

OPINIóN IR

04/07/2022 A A
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El descapotable de Lario
El sueño de volver. De regresar a casa. De llegar a la puerta y pegar un pitido fuerte y que salieran los padres y vieran el descapotable. Un sueño que la mayoría no logramos cumplir. Y los padres se fueron yendo. Y la casa se quedó vacía. Y nosotros continuamos a bordo de los Seat 600, los Gordini, los Dos caballos; y algunos hasta los Mercedes y los BMV. Pero, eso sí, cantando aquello de Zapato Veloz que sonaba en las verbenas: «Tengo un tractor amarillo / que es lo que se lleva ahora…/ Hay que comprar un tractor / ya lo decía mi madre / que es la forma más barata / de tener descapotable».

Tanto habíamos tenido que callar que cualquier canción nos parecía una fiesta. Lo mismo nos daban las rancheras que las baladas, las tonadas tristes que las alegres, en inglés, en italiano, en francés o en portugués, todo era un regalo para las mentes. Hacíamos a cantautores y a vedettes. A Serrat, a Perales, a Nino Bravo le podía seguir tranquilamente cualquier cantar que ayudara a trasegar aquellos ‘cubatas’ y aquellos ‘lumunbas’ que ayudaban tanto a confraternizar como a dejar exhausta la memoria de unos pobres muchachos, temerosos de caer en brazos de la nostalgia.

Ahora en Lario, en ese Edén que es la montaña de Valdeburón, en el nacimiento del Esla, frente al Yordas y el Mampodre y Peña Ten, a más de 1.140 metros de altura han construido un tractor con troncos de un roble centenario que es una maravilla y que se mueve con el combustible de los sueños. Lástima que los veraneantes de ahora lleguen ya ahítos del tráfico rodado y lo de descapotable no sea una de sus mejores opciones, lastimados como estarán de tanto escuchar las imparables subidas de los carburantes, los interminables atascos, y hasta el ‘perrear’ constante de la música de los radiocasetes.

El sueño de volver no ha decaído, en cambio. El sueño de regresar a la juventud y pegar una frenada fuerte delante de la casa y que vuelvan a aparecer los padres, orgullosos, de ver que sus hijos, al fin, han progresado y ya no necesitan que se les envíen giros de 500 pesetas para pagar la pensión de la ciudad, y todo aquello, los abrazos, las miradas, la satisfacción de verlos abrazar a los primeros nietos y mirarse como diciendo: Míralos. Qué guapos. Antes de enseñarles el tractor, en el corral, sustituto del arado de vertedera y aquel otro, de reja, de tiempos de los romanos.

Tengo en tractor de madera, que es lo que se lleva ahora…
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