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El acoso escolar

El acoso escolar

OPINIóN IR

28/04/2019 A A
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El acoso escolar
No es un tema nuevo, pero estos días está de moda porque el 2 de mayo se celebrará el Día Mundial contra el Acoso Escolar con el fin de implicar a toda la sociedad en la tolerancia cero ante el acoso escolar. Ese día se llenan los centros educativos de lazos representativos de color púrpura. Este problema afecta a los escolares de todo el mundo. Entendemos por ‘bullying’ o acoso escolar el maltrato físico o psicológico deliberado y continuado que recibe un alumno por parte de un compañero o un grupo de compañeros que se comportan con él cruelmente con el único fin de someterlo y asustarlo. Viene a ser la repetición continuada de ofensas de un agresor, o varios, que presumen de superioridad sobre su víctima con insultos, difamaciones, amenazas, chantajes, difusión de rumores, robos o golpes que provocan el aislamiento total del acosado que se encuentra en una sensación de indefensión e inferioridad.

No es un tema nuevo. En los últimos años le damos el nombre de bullying , pero este fenómeno ha existido desde siempre. Conocimos el acoso escolar hace más de medio siglo en la escuela del pueblo cuando sólo éramos una docena de alumnos de distintas edades y más tarde en el colegio. Ya allí aparecían los típicos maltratadores, bien de forma física o bien psicológica. Creo que en aquel momento era más duro que ahora pero menos sádico. Cuando el niño llegaba a su casa con los moratones y marcas en el cuerpo y el hostigamiento ya se hacía insoportable se solucionaba ‘por las bravas’. Si la maestra no era capaz de hacerlo intervenían las familias. La mejor mediación solía ser ‘el primo de zumosol’, aquel héroe del anuncio de los noventa con el que todos los niños de entonces soñaban para que les protegiera ante las adversidades y acosos de sus compañeros.

No es un tema nuevo, pero hoy el acoso escolar es diferente. En los últimos veintidós años en la dirección del instituto nos hemos encontrado con innumerables casos. Es difícil que un director de un instituto o colegio medio, en torno a los quinientos alumnos, no tenga que solucionar algún episodio, más o menos grave, cada mes. Estos problemas no suelen ser periódicos. Es posible pasar un trimestre sin nada y acumular tres casos en la misma semana.

Yo separaría dos etapas: antes y después de internet. Con los grupos de Whatsapp la problemática del acoso escolar ha sufrido una transformación total. Antes de internet teníamos tres tipos de acoso: verbal, físico y relacional. El acoso escolar verbal suele ser un cúmulo de insultos, amenazas, bromas y frases ofensivas sobre la apariencia, la condición sexual, la raza o hasta la discapacidad del acosado. El insulto más normal es llamarle «gordo», con los problemas de bulimia que esto puede provocar. El acoso físico se suele caracterizar por las agresiones del acosador a su víctima con patadas, golpes, zancadillas o empujones y las familias suelen darse cuenta por sus marcas en el cuerpo. El acoso relacional, aunque es invisible, puede ser el más sádico porque la víctima es ninguneada o repudiada por sus compañeros en todo tipo de eventos: deportivos, fiestas o cumpleaños. El dolor emocional producido por este acoso social puede ser más intenso y con peores secuelas que el físico.

En la etapa anterior a internet nosotros siempre asegurábamos a nuestros alumnos que el acoso finalizaría inmediatamente si era conocido por el equipo directivo. Si un profesor, un tutor, el coordinador de convivencia, el orientador o el delegado nos comunicaba el menor indicio de acoso, se activaba un protocolo urgente que tenía como finalidad reanimar al acosado y neutralizar al acosador. La casuística fue muy variada: alumnos obligados a llevar el bocadillo todos los días a los caraduras o pasearles a cuestas en el recreo. Estos ‘déspotas’ llegan a escupir a sus víctimas escondiéndose en el anonimato al subir la escalera, les dejan colgados por la capucha del anorak en la percha del aula, les ponen motes y se los escriben en sus pupitres… Humillaciones de todo tipo. Muchas veces actúan simplemente por celos o envidia. El día de la entrega de notas, al final de curso, un grupo de compañeros esperaban en la calle, a la puerta del instituto, a la alumna con mejores calificaciones del curso para propinarle una paliza con el fin de «bajarle los humos y para que no se lo crea». El momento de recoger los frutos del trabajo de todo el curso y el día más feliz del año para esta niña se cambia por el transporte en una ambulancia a la sala de urgencias del hospital para remendar su cutis maltratado.

Los acosadores escolares pueden llegar a ser crueles, pero son muy niños y debería ser fácil ‘anular’ su acoso a esas edades. En nuestra opinión el acosador con su actitud agresiva está evidenciando su baja autoestima y también necesita un tratamiento especial. Posiblemente detrás de esa ausencia total de reglas de convivencia habrá unas causas que lo justifiquen. No debemos olvidar que los agresores son menores y también necesitan ayuda.

Con la llegada del ‘cyberacoso’ o ‘cyberbullying’ la complicación es tremenda. Este fenómeno ha nacido debido al auge de las redes sociales y se caracteriza por la intimidación producida a través internet con mensajes de Whatsapp o correos electrónicos por los que el acosador difunde amenazas, calumnias, falsos rumores, mentiras o insultos que provocan un enorme malestar en la víctima.

Este acoso ya no se da en el colegio, aunque está en el colegio. Los centros escolares están obligados a implicarse y tomar medidas. Tienen que actuar también ante casos de ‘ciberbullying’ aunque el acoso ocurra fuera del centro. En el Plan de Convivencia se debe poner en marcha un protocolo de actuación claro y contundente. Normalmente el problema sólo se detecta si la víctima lo denuncia. Esto nos desborda a los profesores y necesitamos el apoyo policial. Podemos contar con grupos especializados de la Policía destinados a este tema. Sin ellos sería imposible frenar esta plaga, pero con su apoyo solucionamos muchos casos y nunca tuvimos problemas en nuestro centro.

Los más importantes en esta guerra son los padres. Cuando les llamábamos por teléfono para informarles de que su hijo estaba acosando a un compañero, según cómo fuera su reacción, nos dábamos cuenta de si el problema estaba solucionado o no. La mayoría de las veces los padres reaccionaban perfectamente y así era muy fácil desactivar al acosador. En algún caso resultó muy complicado convencer a ese padre de que su hijo no es el ‘santo’ que imaginaba.

Hoy el acoso ocupa el primer puesto en el ranking de los problemas de un centro escolar porque sus consecuencias pueden ser graves para el resto de la vida de la persona afectada con episodios de estrés, trastornos de ansiedad, crisis de pánico, depresión o de aislamiento social. Lo peligroso y terrible es que este alumno que lleva años sufriendo abusos y hostigamiento en su colegio puede llegar al suicidio. Si es cierto que el acoso es el principal problema de un instituto también se le debe dedicar la máxima atención y dedicación por parte de toda la comunidad educativa. En nuestra experiencia de director aprovechábamos todas las oportunidades posibles para pedir a los padres, a los profesores y, especialmente, a los alumnos que denunciasen el más mínimo atisbo de acoso. Si somos testigos de situaciones de bullying y no lo denunciamos nos convertimos en acosadores. Por lo tanto, la responsabilidad de detener este fenómeno recae en todos. Toda la comunidad educativa de un colegio o instituto es responsable de parar este fenómeno del acoso escolar: padres, profesores y alumnos. Por favor, no tengáis miedo a denunciar cualquier corazonada, sospecha o indicio de acoso escolar porque ese puede ser el principio de la solución de un grave problema.
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