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Dolor

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OPINIóN IR

10/09/2020 A A
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Dolor
Ring, ring, ring, ring, ring... Y así, toda la mañana. Esto sucede, más a menudo de lo razonable, cuando llamas al teléfono de tú centro de salud. Y, cuando por fin logras hablar con alguien y te pasan con tú médico de cabecera, las más de las veces la conversación suele ser la siguiente, o muy parecida:

«Buenos días, doctor, le llamo porque me duele el dedo gordo del pie». «¿Se ha dado usted un golpe?». «Pues no, doctor. Me empezó a doler la semana pasada y cada vez va a más». «Pues, ¡qué quiere que le diga!, tome usted una aspirina y veremos si se le pasa». «Es que, mire usted, se me está hinchando el pie y está cogiendo un color negro muy sospechoso». «La aspirina, señor tome la aspirina. Le tengo que dejar, que tengo varias llamadas en espera. Adiós». Nuestro paisano queda perplejo, en el límite de la perplejidad y no sabe qué hacer. Le comenta lo ocurrido a su mujer, llama a sus hijos y todos le dicen que se deje de historias y que se vaya a urgencias, dónde por cojones le atenderán. Así lo hace y, al llegar, empieza a jurar en arameo cuándo ve que las dos salas están hasta los topes de gente, todos con el bozal puesto, y que tendrá que esperar mucho, pero que mucho tiempo. Al final, después de ser atendido cinco horas después de su llegada, los pobres médicos, jóvenes MIR con cara de agotamiento y de hastío, y después de tenerle otras dos horas haciéndole mil pruebas, le dicen que tiene una neuropatía diabética, una enfermedad grave donde las halla y que le espera un tratamiento largo, caro y muy doloroso. «¡Joder, si llego a hacer caso al de la aspirina, no la llevo clara, la llevo gris...».

Cansado, abatido y de muy mal humor, el paisano emprende el camino a casa cagándose en la Consejera de Sanidad, en el señor Ministro y en la madre que los parió a todos. Comprende que hay en el país una grave crisis sanitaria, (la mierda del coronavirus), pero no logra entender cómo es que al resto de los pacientes se les tiene abandonados a su suerte. ¿Es que él no ha pagado religiosamente sus cuotas de la seguridad social durante más de cuarenta años? ¿Es qué él es menos importante que otros enfermos?

Sentado en el asiento del autobús, helado de frío y con la cabeza a punto de estallarle en mil pedazos, tiene tiempo de reafirmarse en todas las burradas que dijo en el bar de debajo de su casa, todas ellas dedicadas al ‘chepas’, al ‘guapo’ y al de la ‘moto’. Se arrepiente, en silencio, de haber votado al Pp en las anteriores elecciones, de que le consideren un ‘negacionista’ y hasta de estar vivo. Lamenta no haber cogido el puto virus en marzo. Piensa que, de haberlo pillado, le hubiesen ingresado en el hospital y le hubieran diagnosticado la dichosa ‘neuropatía’, con lo que el tratamiento que le espera, (sangre, dolor y lágrimas), estaría muy avanzado y haciéndole efecto a estas alturas. Piensa, también, en ‘borrarse’. El nunca soportó el dolor. Ir al dentista se convertía en una odisea, porque tiene, desde niño, pánico a las agujas. Si tuviera el valor suficiente, ¡zas!, un cóctel de pastillas y a otra cosa. Pero es un miedoso y sabe que nunca lo hará. Piensa que le espera una visita al hospital a la semana, como mínimo, y que estará expuesto a coger cualquier enfermedad, (incluso el coronavirus), con lo que se agravará su dolor. Está aterrado.

En un momento dado, lamenta haber subido al hospital. Si llega a obedecer al médico del ambulatorio, si llega a tomarse la aspirina de los cojones, a estas horas estaría en su casa tan ricamente, sentado en el sofá, viendo la televisión. Se le hubiese aliviado el dolor del dedo gordo del pie y no tendría ni idea de lo que ahora sabe: que sufrirá, que las pasará más putas que en vendimia y que estará todo el tiempo acojonado. Hasta que las diñe. O más allá. Tiene envidia de todos los que la han palmado esta temporada. Total, él ya es muy mayor, tiene todo hecho en la vida y no le retiene ya nada en este mundo. Si hubiese sido valiente, se tendría que haber marchado de casa hace mucho tiempo. La mujer es una ‘tocapelotas’, los hijos, unos hijos de la gran puta y sus cuatro nietos, si existiese la justicia divina, no tendrían que haber nacido, porque lo único que hacen es dar guerra todo el santo día, incluso cuando iba a buscarlos al colegio, incluso cuando se sienta delante de la televisión a ver un partido del Madrid, que malditas las ganas. Sí, tendría que haberse largado de casa, tendría que haber atentado contra el mundo, tendría que haber tenido huevos para enfrentarse al gobierno, a la empresa dónde trabajo, a los sindicatos, a Dios...

Salud y anarquía.

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