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Diversamente iguales, Burgos y Villafranca

Diversamente iguales, Burgos y Villafranca

OPINIóN IR

26/06/2020 A A
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Diversamente iguales, Burgos y Villafranca
Define Julio Casares en su prestigioso diccionario la amistad como el «afecto entre personas, puro y desinteresado, que nace de la mutua estimación y simpatía». Pero no voy a detenerme en la ‘amistad’, algo que todos conocemos, tranquilos. Lo haré sólo para mencionar a Viky Ayuso, amiga mía desde los años universitarios y a David, en el verdadero umbral de la amistad, sin que entre ellos exista un mutuo conocimiento. Gracias a ambos hablo hoy sobre lo que luego se verá.

Precisamente Viky ha sido quien ha puesto ante mis ojos una fotocopia del texto relativo al Boletín Extraordinario de la Diputación Provincial de Burgos correspondiente al 4 de octubre de 1918 centrado en la Gripe que sacudía España entonces, firmado por el gobernador Andrés Alonso López, mal llamada por muchísima gente Gripe española pues surgió en Fort Ryley, Kansas, EE UU o también Mal de moda. En el caso de David éste me entregó un valioso escrito villafranquino bajo el significativo rótulo de ‘Protestamos y exigimos’ suscrito por un grupo de habitantes de la villa componentes de una Junta al efecto formada por D. Antonio Carnicer y Hermano, Apolinar Sandes , D. Silvano Sainz, Francisco Pérez Méndez, el cura D Manuel Santín, Víctor L. Reguera, Manuel del Valle, Aurelio Bello, José Pereira, Manuel Silveiro, José Carnicer y Bernardo Blanco. Tales componentes eran médicos, sacerdotes, comerciantes y ciertos particulares. Cuanto en él se cuenta apenas difiere de lo que estamos viviendo con el tan actual traidor, escurridizo, como mortal Coronavirus . También sucede igual con lo indicado, expresado en el comunicado burgalés. Es más, a veces una piensa que está leyendo un informe relativo a esta pandemia del Covid-19. ¿Qué si no decir sobre este corto fragmento: «la infección se propaga por las gotitas de saliva que despide el que habla, tose, etc. a nuestro lado, al ser respiradas por los que le rodean si está enfermo o convaleciente. Que se abstengan , en consecuencia, de permanecer en locales cerrados, mal ventilados, donde se reúne mucha gente. Que se extreme la limpieza en las casas. Que se tengan abiertas todo el día las ventanas de los dormitorios (…) Estar en el campo el mayor tiempo posible porque el aire libre, el agua y la luz son los mejores desinfectantes?» Entonces a esta epidemia se la denominó Gripe, según he avanzado. Así lo recoge el comunicado burgalés y el de Villafranca. En el primero dice el mencionado gobernador de Burgos, Andrés Alonso López: «La epidemia de gripe aparecida hace algunos días en la Capital y en algunos pueblos de la provincia se extiende considerablemente, invadiendo numerosos pueblos y produciendo mortalidad». La Junta villafranquina afirma: «Sigue en toda España aumentando de un modo alarmante la Epidemia denominada con el nombre de GRIPE».

No obstante, aunque la página firmada por el gobernador burgense el 4 de octubre de 1918 y el comunicado de la Junta berciana mientras corría el 15 de octubre 1918 coinciden en muchos cosas difieren en algo esencial. Los bercianos del Burbia y el Valcarce dotan ya desde el título dirigido a su exposición hasta el final de un carácter reivindicativo y crítico con las Autoridades administrativas locales por no adoptar medidas urgentísimas que eviten se siga propagando la epidemia («En esta villa cada día es mayor el número de atacados y, es de presumir que debido al abandono de que dan muestra se siga propagando la enfermedad»). Y lo que dota aún de mayor completud es que aun ni siquiera se menciona el citado carácter. Por otro lado, la Junta villafranquina apela a la solidaridad del pueblo mediante la caridad para paliar la dramática, penosa situación de los afectados más pobres y más duramente aquejados conforme reflejan las líneas venideras, basadas en las virtudes que atesora la propia Villafranca, «el pueblo legendario de la abnegación, de la caridad y el sacrificio», la «caridad que a todos insta a sacrificarnos y a contribuir a medida de nuestras fuerzas, con nuestras limosnas y nuestros donativos para socorrer a tantos pobres como están postrados, no en la cama, sino en míseras pajas, sin tener leña, con que calentar sus ateridos miembros, ni caldo con que reponer las perdidas energías consumidas por la ardiente calentura de la fiebre», caridad, remacho, ausente en el texto burgense.

Y llegados a este punto escucho la palabra lejana de mi padre, Adolfo, relatándome con su voz calma un sucedido relativo a su vida en la época infantil como fue la epidemia de la gripe sobre la que venimos hablando en Busmayor, ochenta vecinos, con 20 personas fallecidas aquel 1918, dos pertenecientes a una misma casa cuyo nombre no puedo precisar. Moralmente el pueblo resultó una ruina y económicamente casi.

Mas salvado este paréntesis vírico conducido vía paterna en mis recuerdos más nobles, la verdad, no sé como finiquitar las líneas precedentes. Pero ha llegado la hora, junio merodea caluroso, las fiestas de San Juan y San Pedro este año en León son una ausencia. El Coronavirus se ha vuelto más sumiso, pero no ha desaparecido, pues aunque ya acontezcan días a cero en el contador de muertes y contagios existen otros como está sucediendo en Teruel, Lérida o Valladolid en el caso español, donde se instala con comodidad, rebrota lo mismo que hace poco en China, su país de procedencia (Wuhan, capital de Hubei, diciembre 2018), en concreto en un mercado mayorista alimentario en Xinfade, Pekín. Fijémonos, además, en Brasil, Alemania, EE.UU, Inglaterra o Rusia… Seamos cautos. No cantemos victoria. Mascarilla y separación al canto. En compensación todavía podemos reparar en el rojo inmenso de los campos bordados de amapolas. Dejémonos acariciar por sus febles sedas.
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