Publicidad
Diego Ventura y El Fandi abrieron la puerta grande con distinta llave

Diego Ventura y El Fandi abrieron la puerta grande con distinta llave

LNC CULTURAS IR

El Fandi se fajó con los dos toros y le cortó una oreja a cada uno. | SAÚL ARÉN Ampliar imagen El Fandi se fajó con los dos toros y le cortó una oreja a cada uno. | SAÚL ARÉN
Fulgencio Fernández | 26/06/2022 A A
Imprimir
Diego Ventura y El Fandi abrieron la puerta grande con distinta llave
Toros Tres orejas para Diego Ventura y dos para Fandi les permitieron salir por la puerta grande en la primera corrida de la feria de San Juan. El tercer espada, Ginés Marín, que sustituía al lesionado Cayetano, desaprovechó con la espada una buena faena a su segundo toro
Tarde de toros. Corrida mixta, a las seis y media, que no es hora de poemas y se convierte en las siete menos cuarto, total de ir tarde.

Al ser corrida mixta hay un aliciente añadido, en forma de regalo, el tendido de los pobres, aquellos que se acercan a ver los caballos y a sus caballeros entrenando, unos selfies con los caballos, que cierto es que repugnan de guapos y parece haber vivido tantas veces esta situación que ofrecen su mejor perfil.

Este año los antitaurinos descansan. Quienes sí acuden son los del templete de Vox, de verde y blanco, de rojo y gualda en los cuellos. Parecen formados en fila o coincidió al pasar. La ventaja de que te envíen a trabajar al gallinero (gracias, un año más, tal vez saben que no llevo champú anticaspa para estar en el callejón) es que mientras asciendes a la cumbre del coso puedes disfrutar de otro tendido de los pobres añadido, ves en los corrales a cuatro mastines, tan tranquilos que se puede decir que no hay lobos en el horizonte. En otros corrales los toros ‘morituri’ comen su última ración de pienso, unos, otros tumbados parecen maliciar que ese ruido del exterior anuncia algo extraño. Las cuadrillas conversan en su rito repetido de hombres de las sombras.

Llegó la hora de la verdad, un poco tarde. No hay Himno nacional, tal vez no quieren que le vuelvan a cantar la letra que no tiene, como el año pasado.

Ya está ahí Diego Ventura, un músico portugués con caballos de todos los colores y todas las piruetas, serio y gesticulante, que obliga a saludar al caballo y hacer reverencias y clases de dominio que vayan subiendo la temperatura. Y lo logra el músico, porque lo que propone es una sinfonía que tal vez se acompasara mejor con una pieza de Ara Malikian que con la Banda de La Bañeza, sin desmerecer, sólo es para entendernos.

Cumplió en su primer toro, agradó, pero falló con la espada y se conformó con una oreja. Pero al segundo pronto le vio más música. Se entregó más, arrancó más notas al pentagrama, pidió el aplauso del público como futbolista que siente que huele el miedo del rival... Y lo encontró. Estocada y descabello más la pañolada del público exigiendo la segunda oreja, que les fue concedida, remataron al agradable paso de Ventura por León. Obrigado. Volverá con sus sinfonías de juegos verosímiles y otros que parecen imposibles de caballo y caballero.

Las llaves de la puerta grande ya estaban en el bolso de caballero. Y hablando de llaves, todo apunta a que El Fandi tiene la llave que abre el cajón del cariño del público leonés, aunque la verdad es que este torero al que no regalan nada tampoco le han regalado el cariño, se lo ganó, cada año. Y nada más pisar la arena avisó de que este año también cuando se puso de rodillas para recibir a Vitoriano, que así se llamaba el toro que minutos antes comía pienso; las gradas respondieron con una cerrada ovación y hubo hasta quien gritó «¡música maestro!». La verdad es que no tardó en sonar, a Fandi le ajusta bien la banda bañezana, él se faja en todos los terrenos. Y en todas las suertes.

Después de subir la temperatura de rodillas y aún más en sus poderosos pares de banderillas, con violín incluido. Parecía que había mimbres, el granadino brinda al público, arranca una primera tanda prometedora aunque de ahí en adelante hay algunas noticias preocupantes, que va sabiendo solventar. En la segunda tanda se le acuesta, en la tercera le busca y le da un susto y, en general, va mostrando menos ganas de luchar que algunos jugadores de la Cultural de día. De noche parece que sí rendían.

El Fandi le da espacio, le da tiempo, trata de mimarlo... y logra retomar la senda del aplauso arrancado con desplantes, muletazos de rodillas, metiendo su cabeza entre los cuernos del toro... Logra ganarse al público y a matar. Hubiera sido de dos orejas de no haber pinchado e incluso así muchos sacan el pañuelo y piden otra. No es para tanto, dice el presi, ni siquiera en fiestas, que siempre la ensaladilla rusa parece que anima.

En su segundo de la tarde repitió modelo, sabe que es el que funciona, pero se notó cierto desencanto pronto, cuando el toro rehusó la batalla con el caballo y hasta hizo el amago de poner sus esperadas banderillas pero recapacita, consciente del buen rollo que tiene con esta grada y de que, pese a los malos augurios, hay que intentarlo. El intento no está penado, todo lo contrario, y se lo pagaron los aficionados que entendieron sus gestos golpeando al capote con la espada cuando el toro pidió una siesta.

Nuevamente la cabezonería de Fandi. Dicen los militares que «la insistencia en los revés, es dio la victoria a los Cartagineses» y Fandila lo comprobó. Arrancó muletazos, regaló gestos, provocó la complicidad y la generosidad de los días festivos propiciaron la segunda oreja de la tarde y que, un año más, David Fandilla salga de la plaza a hombros.
Había más cola de la habitual a la hora de comenzar la corrida y un experto me explicó: «Son los de Ginés, que sustituyen a los del Hola». Cierto que tiene un poco de mala leche e, incluso, en Hola ya no es lo que era.

Una lesión en la muñeca apeó a Cayetano del cartel y en su lugar apareció en la arena Ginés Marín, andaluz de Extremadura, a cuya escuela acudió. Para esta ‘trashumancia’ de toreros bueno es un extremeño que, además, venía de prepárala muy gorda en la Feria de Hogueras en Alicante. Ya se que había cierta v decepción en el sector de los ojos azules de Rivera, pero la muñeca...

Tuvo Ginés Marín un primer toro para los perros y aunque le quiso poner ‘salsa’ brindándoselo a Manolo Quijano pronto se vio que el toro era más soso que un Pleno de la Diputación con Matías afónico. Nada que hacer y nada se hizo.

El último de la tarde era la última oportunidad del extremeño para acompañar a Ventura y Fandi por la puerta grande y para abrirse las puertas del regreso a esta tierra. Lo sabe. Brinda al público como diciendo a ver si se puede y al inicio de la faena, cuando suenan unos aplausos deslabazados pide silencio, «ya estoy en ello», parece decir. Uno aprovecha el silencio para gritar ¡Viva España! La verdad, desde el gallinero hay claves que no se interpretan.

Y Ginés se quiso mostrar en lo que quiere ser, un torero importante, de clase. Se fajó con un toro flojo, que se le acostó, pero que se mostraba noble, acudía a las citas, le permitió adornos y pases de hondura. No tenía mala pinta el cierre con orquesta y coros, cuando pinchó en hueso una vez, otra y otra. Una ovación y gritos de torero fueron el remate a la primera de feria.

Al abandonar el recinto sólo dos roulottes esperan para recoger a los que van a salir a hombros, los de Vox ya no están en fila y recogen. Se pone frío.
Volver arriba
Newsletter