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Desde el alto de la calleja

Desde el alto de la calleja

OPINIóN IR

17/10/2021 A A
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Desde el alto de la calleja
La mujer rural tiene su día, pues bienvenido que todo es bueno para el convento, que decía la madre superiora, pero lo que tienen las mujeres rurales que celebrar más que días son vidas. Y ejemplos. Y modelos, moldes que se han roto porque ya no queda pasta de la que se fabricaron.

Salgo a recorrer el pueblo pensando en qué mujer rural será la que merece un día y me encuentro que todas merecen un año. Nada más salir, aún en la calleja, escucho a Pili que busca gente para que tomen el vermú en su huerta y una tapina que hará Benito. Pili creció y trabajó en la panadería de Mino, su padre, después ser fueron al bar Manacor y con el tiempo a El Faisán, donde Benito cocinaba y Pili todo lo demás, desde que entraban hasta que salían. Y crió a tres hijas. Y cuidó más de dos décadas de su madre, Benigna, atrapada en la negrura del alzehimer. Verla como acariciaba a su madre, que no parecía sentir nada, es el más bello cuadro pintado a la humanidad. Y ahora, empeñada en crear cercanía, chocolate con churros para todos los niños, frisuelos para los mayores, fideuá para quien pregunta por el secreto del plato y aquellas caricias a la madre... para los nietos.

Tere está sentada en el banco, mirando para su hermana enferma que no le falte de nada. La cacha al lado que los huesos le crujen desde el hombro a la rodilla. Operaciones. Fueron muchos años en el bar, peleando con el personal con la mejor cara, sabiéndolo llevar como pocas, ¿quién no recuerda sus partidas de dados con Fonsón, la mejor muñeca de Europa? También crió tres hijos, cuidó de Loles hasta el último segundo.

Enfrente está Sara. Va para los 90. Se arregla sola, siempre tiene algo que coser, unas pastas caseras para cualquier rapaz, la cocina echando humo desde poco después de amanecer, un paseo bien tempranero... Cuando el accidente condenó a Marcos a ‘aprender’ a andar no le faltó jamás el brazo de la menuda Sara, que insistía en otro paseo cuando él tiraba la toalla.

Para Sofi, pionera de repartir pan con el Land Rover, regalarnos que las flores luzcan en su terraza es el primer mandamiento. La conversación el segundo...

Todavía no me he movido de casa. Son las mujeres rurales que veo desde el alto de la calleja ¿Sigo? No hace falta.
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