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Descubriendo el Bierzo Alto

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Bar Losada, el punto de partida | Xuasús González Ampliar imagen Bar Losada, el punto de partida | Xuasús González
Xuasús González | 18/07/2022 A A
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Descubriendo el Bierzo Alto
Leoneses por León Un recorrido con distintas posibilidades que no siempre encontrarás en las guías turísticas
Créeme que no exagero si te digo que se cuentan por miles los lugares –unos, más que conocidos; otros, no tanto– que, por distintos motivos, merecen la pena ser visitados a lo largo y ancho de esta tierra nuestra: cascadas, montañas, bosques, iglesias, castillos, museos… Sin prisas. Disfrutando de cada rincón. Las opciones, desde luego, son innumerables, a gusto de cada cual; y lo mejor de todo es que, se elija la que se elija, es difícil no acertar…

Déjame que te proponga un recorrido por parte del Bierzo Alto. O, mejor dicho, con distintas posibilidades –que no siempre encontrarás en las guías turísticas– para descubrirlo, para que las combines como te apetezca. Y, desde luego, para que te dejes caer por allí, no solo en una ocasión, claro; sino de vez en cuando, regresando a aquellos lugares que más te impresionen e incorporando otros nuevos a tu hoja de ruta, incluso al margen de los que aquí se apunten –ni que decir tiene que ha sido necesario seleccionar; que el listado podría ser interminable–, que irás añadiendo por tu cuenta. Esa es la idea. Ya me contarás cómo resulta la experiencia…

Comenzaremos en Losada, un pequeño pueblo de alrededor de un centenar de habitantes que pertenece al Ayuntamiento de Bembibre, a unos siete kilómetros de la capital del municipio; y por el que pasa, a su vez, una de las rutas jacobeas: el llamado ‘Camino olvidado’. ¿Qué por qué en Losada? ¿Y por qué no? No hace falta que te diga que uno se encuentra cómodo en los entornos que no le son ajenos; y este, desde luego, lo conozco bien, que para eso es mi pueblo, en el que se pierden mis raíces, en donde pasé muchos veranos y viví momentos inolvidables, a donde me escapo siempre que puedo –aunque menos, mucho menos de lo que me gustaría– y del que llevo a gala haber sido nombrado ‘hijo adoptivo’ en 2013. Que la cabra siempre tira al monte, vamos…

El punto de partida es el bar, que regentan Eva y Gabi. Y, ya que estás, dales recuerdos de mi parte. No te van a cobrar menos; pero digo yo que tampoco más… ¡Ah! Y allí mismo puedes hacerte con la revista ‘Losada’, una publicación cultural con una trayectoria ya considerable –ronda los veinte años– y que merece la pena…; aunque, claro, supongo que el hecho de que sea su director quien la recomiende le quite cierto mérito… Y si vas en verano, tal vez puedas disfrutar de la piscina.

No dejes de pasear por el pueblo. Acércate hasta la ermita del Santo Cristo, y hasta la iglesia vieja –de la que apenas queda en pie la espadaña; la riada de 1964 causó estragos–; y pasa por los lavaderos, y por los pozos –Cimavilla, La Estrada, Las Quirogas, La Ermita, Plaza La Fuente, La Pallarina–, y por las antiguas escuelas –que la hubo de niños y de niñas; y en esta última, por cierto, se encuentra la sede de la junta vecinal y también su biblioteca–, y por el parque… Y date una vuelta por el monte. Llega hasta La Grulla, una laguna artificial que se formó por los trabajos de una mina de carbón próxima –y a donde, en tiempos, subíamos a bañarnos–; y a Bellouta, con una zona habilitada como merendero, fuente incluida; en donde puedes probar a tirarte, sobre una tabla, por el ‘resbaladero’, una de las laderas del terreno.

Saliendo ya de Losada, es casi una obligación moral pasar por el resto de pueblos que conforman el municipio: Arlanza, San Román de Bembibre, Santibáñez del Toral, San Esteban del Toral, Viñales, Rodanillo y Labaniego –en este último comienza la llamada ‘Ruta de la Conquista’, que pasa también por los tres anteriores, y que finaliza en Congosto–; y Bembibre, claro, de donde no deberías irte sin visitar el Museo Alto Bierzo, que se encuentra en la Casa de las Culturas y en el que se sintetiza buena parte de la esencia de esta tierra. Y si, ya puestos, te acercas hasta la iglesia de San Pedro –en la plaza Mayor– y hasta el santuario del Santo Ecce-Homo, tanto mejor. Y no te olvides de tomar algo en sus bares, que te sorprenderán.

Dejando atrás Bembibre, una buena opción es acercarse a Torre del Bierzo, en donde la Fundación Cultura Minera mantiene viva la memoria de la que fue, durante mucho tiempo, la forma de vida de buena parte de las gentes de por aquí. Y, además de visitar el museo y una nave con maquinaria y vehículos utilizados en otras épocas, podrás entrar en la llamada ‘Mina del oro’, que fue explotada hasta hace unas décadas

A escasos kilómetros se encuentra Santa Marina de Torre, que es también parada obligada. Si tienes suerte y está la iglesia abierta, es especialmente llamativa la pintura de un Crucificado, que está ‘escondida’ detrás del retablo. Además, añadido a su fachada se encuentra un arco que procede de la iglesia de Santibáñez de Montes, localidad también del municipio de Torre, deshabitada desde finales de la década de 1960 y que dejó de existir legalmente en 2010. «A la memoria de los pueblos abandonados» figura en una placa. Te diría, incluso, que te acercaras hasta Santibáñez de Montes, pero no es precisamente fácil y, salvo las ruinas de la iglesia y del cementerio, no queda casi nada…

También a Torre del Bierzo pertenece Matavenero, un pueblo ‘hippie’ –ecoaldea, si lo prefieres–, formado por gente de distintas nacionalidades que buscaban un estilo de vida diferente hace poco más de treinta años en una localidad que llevaba entonces dos décadas deshabitada; y a donde se llega, entre otras posibilidades –ninguna asfaltada, por cierto– desde San Facundo –de camino, se pasa por el Pozo de las Ollas–, en donde también merece la pena hacer parada.

Ya un poco más lejos, pasando Folgoso de la Ribera –aquí es muy agradable la Ruta de los Molinos, que sigue el discurrir del río Boeza, en donde también se encuentra una pequeña fábrica de luz en ruinas– e Igüeña, se llega a Colinas –su nombre completo, Colinas del Campo de Martín Moro Toledano, es uno de los más largos de toda España–; pero, si tienes oportunidad, acércate, que no te defraudará. Desde allí, además, puedes subir al Catoute –probablemente el pico más emblemático del Bierzo, a más de 2100 metros de altitud–; y también llegar a Campo de Santiago, en donde nace el río Boeza y se encuentra una ermita que recuerda la batalla en la que, atendiendo a la tradición, vencieron los cristianos a los musulmanes –liderados estos últimos, precisamente, por Martín Moro, que era originario de Toledo– allí mismo en el año 981, gracias a la aparición del apóstol Santiago.

Volvemos a Losada. Esta vez, en lugar en de dirigirte a Bembibre, puedes ir a Noceda, ‘custodiada’ por la sierra de Gistredo, cuya ruta de las Fuentes Medicinales es de las más conocidas de la zona, y en donde resulta especialmente vistosa la Cascada de la Gualta; o, también –en dirección a Toreno–, a Santa Marina del Sil, en la cola del embalse de Bárcena –y por donde pasaba el ‘Ponfeblino’, el ferrocarril minero que unía Ponferrada y Villablino–; y desde donde sale una carretera –que la Confederación Hidrográfica Miño-Sil, su propietaria, tiene abandonada– que lleva a Congosto. Allí se encuentra el santuario de la Virgen de la Peña, en el alto; y, como puedes imaginar, las vistas –incluyendo el embalse de Bárcena– merecen la pena… También muy cerca, en Cobrana, se encuentra un ‘zufreiral’, un gran bosque de alcornoques

Pasando Toreno –uno de sus pueblos, Librán, cuenta con un columpio de nueve metros de altura–, por cierto, se llega a Vega de Espinareda –allí se encuentra un monasterio, el de San Andrés– o, por otra carretera, a Fabero –no pasa desapercibida La Gran Corta, que fue una extensa explotación a cielo abierto–, en donde también te puedes hacer una idea de lo que significó la minería del carbón. El poblado de Diego Pérez –hoy un barrio más de la localidad, pero construido en 1955 para alojar a los mineros–, el Pozo Viejo –con su economato y su ‘hospitalillo’ entre otros edificios– o el Pozo Julia –que te ‘traslada’ a una mina de mediados del siglo pasado– son buenos ejemplos.

Y, de nuevo, regresamos a Losada. Otro día cualquiera. Para volver a empezar. Y conocer –o redescubrir– distintos lugares. Y dejarse seducir por esta tierra…
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