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Del blanco al negro y viceversa

Del blanco al negro y viceversa

OPINIóN IR

24/01/2021 A A
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Del blanco al negro y viceversa
La suerte significábase en Grecia y Roma con habas blancas y negras para la elección de los magistrados públicos. La blanca era venturosa; la negra desventurada. En la fábula de las Parcas, cuando la vida de los mortales se acerca a su fin, hilaban siempre la lana negra. El color negro no solo está relacionado directamente con la muerte sino en su recuerdo entre los supervivientes (funerales, mausoleos, esquelas, pompas fúnebres, duelo y luto). Como la moda misma, el color de luto ha experimentado variaciones. La iconografía será fiel reflejo de esta metamorfosis cromática. Si entre los romanos la muerte se expresaba con una toga oscura, las reinas medievales lucieron el luto blanco a base de velos y prendas claras. El luto negro es el duelo sin esperanza, la caída sin retorno, la nada. El luto blanco, en cambio, tiene algo de mesiánico. Es el luto de los reyes y de los dioses que obligatoriamente han de renacer, y es para el creyente albura del revivir en la otra y definitiva vida tras la muerte. El blanco es todavía hoy el color de luto en la Corte Holandesa y en toda la India. En cambio, en Coimbra, es costumbre ancestral que los jóvenes estudiantes universitarios portugueses se embutan en negra capa. En el caso de España, fueron los Reyes Católicos quienes, tras la muerte de su hijo el príncipe Juan, oficializaron el paso del blanco al negro.

Uno de los síntomas de la Peste Negra era el oscurecimiento de la piel de los afectados. A raíz de esta pandemia del siglo XIV se extendió la costumbre de honrar al muerto mediante un ropaje negro: de por vida para las viudas, temporal para el resto de los familiares, corbata negra para los hombres. Los Estados modernos han reglamentado el luto oficial. Los médicos fueron motejados de ‘matasanos’ durante siglos, vistiendo de negro riguroso. Pero hay que esperar al siglo XIX para que se comience a ver a los sanitarios empezar a vestir las batas blancas, símbolo de limpieza e higiene; y los cirujanos de verde, porque es color que transmite calma; y los estuches de medicinas en blanco y azul, que son tonos saludables. Entre tanto, el negro se constituyó en color de la autoridad. El poder produce respeto y miedo. Y no hay nada más imperativo y poderoso que la muerte. En clave de respeto lo siguen vistiendo lo representantes de la Justicia: jueces, fiscales y abogados defensores.

En los tiempos que corren, la vida se ha ido llenando de colores. Los árbitros y jueces de línea en el fútbol han vestido de negro hasta que apareció la televisión en color. Cambiaron de uniforme y ello les ha restado autoridad. De los presidentes a los diplomáticos, de los camareros a los chóferes, la vestimenta en negro se ha elegido como signo de distinción. Y en la alta costura masculina el negro es el árbitro de la elegancia.

Hoy se sigue recurriendo al traje negro para aparentar respetabilidad. Las clases sociales han trocado los papeles. Hasta hace poco, campesinos y obreros cambiaban la ropa de trabajo por el traje endomingado. Los políticos, a la inversa: visten de traje entre semana mientras ofician y de paisano los festivos para dar mítines. Los abogados defensores, tras sus togas negras, aconsejan a sus clientes –hasta el asesino más sanguinario– presentarse a juicio trajeados para convencer de su inocencia al jurado. La polivalencia del negro oscila desde el glamur de las estrellas de Hollywood al cobrador del frac afeando a un moroso. La simbología del negro nunca había bailado tanto en la historia como en nuestros días.
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