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Decadentes, pero libres

Decadentes, pero libres

OPINIóN IR

19/10/2020 A A
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Decadentes, pero libres
Pide Ciudadanos que quiten los cables de las fachadas del Húmedo, que afean y dan sensación de decadencia. La misma que luego lucen con melancolía que aspira a bohemia cuando van a Portugal, Estonia o Marruecos. Aquí mejor pulcritud, aunque debajo de la alfombra tejida de regia Historia se amontonen toneladas de miseria contemporánea. Que conste que tienen razón en que hace más bonito y es más seguro soterrarlas. Ahora ya no, pero cuando León se convertía en una enormes despedida de solteros o durante las peñas, alguna vez temí ver algún exaltado colgado de los cables cual mono de liana en liana. Lo de colgar las zapatillas no iba a ser nada con el pollo vestido de fosforito tendido a las cinco de la madrugada entre Plegarias y Azabacherías. Entre pandemias y urbanismos es más que probable que esa escena no llegue a producirse nunca, pero sí se ha visto en algún pueblo de la provincia.

Imagino que cada generación lo piensa de sí mismsa, que es la única que ha disfrutado de esas libertades que van desapareciendo a marchas forzadas en pos de la seguridad y ciertas comodidades. Yo siempre pienso de la mía que hemos sido los últimos que se han podido divertir sin pantallas, que han podido campar por el pueblo y el barrio a sus anchas y todo eso que se queda en una nada cuando mi padre –que ya se ha incorporado a las ventaja de esta generación– me cuenta las hazañas de cuando tenía mis años. Por los cables trepaban cuando colgaban –o descolgaban, que también había piques– los ramos de las mozas. Ocuriendo muchas más cosas que ahora, poco pasaba para lo que podría haber pasado, me dice siempre, y a mí también se me escapa alguna vez cuando nos recuerdo por los tejados o saltando del puente al reguero, que ahora, como se pretende con los cables, va entubado por debajo de medio metro de asfalto y zahorra. La explanada no es tan romántica como el regato asilvestrado por mitad del pueblo, pero es menos decadente y no hay que temer que piensen que eres pobre. Aunque seas libre.
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