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De Gusendos a Pajares: El realengo de los Oteros

De Gusendos a Pajares: El realengo de los Oteros

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Gusendos de los Oteros, que hace municipio con San Román. | MAURICIO PEÑA Ampliar imagen Gusendos de los Oteros, que hace municipio con San Román. | MAURICIO PEÑA
Teresa Giganto | 08/11/2020 A A
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De Gusendos a Pajares: El realengo de los Oteros
Un paseo por el sur de León Dicen que "el vino de Pajares quita pesares" como también los quita cualquiera de las tarteras de los magníficos guisos que Conchi elabora en su restaurante de Gusendos. Por donde de verdad está el cielo es en la majestuosa iglesia de Valdesaz
El campo es una de las pocas oportunidades que aún restan para huir», sostenía Miguel Delibes, de quien se celebra el centenario de su nacimiento con la puesta en valor de un legado literario que huele a pueblo, a barro y a tomillo. Él huía siempre que podía a ese campo que tomaba la forma de tantas comarcas como se le antojan al mapa y entre esos refugios al aire libre encontró uno que fueron los Oteros de León. Allí, acompañado de su cuadrilla, disfrutó de mañanas de caza en las que patear un sinuoso terreno que se descubre infinito detrás de cada loma que lo conforma. En ese paisaje se desenvuelven con bravura las liebres, las perdices y las protegidas avutardas.

En esa tierra se anclan viñedos centenarios que para muchos son la auténtica cuna del prieto picudo, una variedad autónoma que es hoy el santo y seña de la DO León, una uva que fue para el chateo en las viejas bodegas del municipio de Pajares de los Oteros y que hoy protagoniza exclusivas elaboraciones. En muchas de ellas conservan una técnica que fue muy común en esas modestas producciones de vino que cada uno llevaba a cabo en sus propias bodegas. Echar en el mosto unos cuantos racimos enteros de uvas para que fermenten otorgando al vino esa ‘aguja’ que propicia el carbónico natural que se genera… Mejor probarlo. Se puede dar fe de ello en Pajares de los Oteros pues bien sabido es que «el vino de Pajares quita pesares». Allí hay bodegas en producción de vino y también de alegría, pues muchas se conservan en perfecto estado y sirven hoy de punto de encuentro con los amigos para veladas infinitas en las que una simple lata de sardinas puede ser el mejor de los manjares. Basta con estar bajo tierra y con un vaso de vino para que todo sea inmejorable. O casi. Porque si dejamos atrás Pajares y encaramos la carretera hacia Gusendos, ese vino puede acompañarse de una tartera de mollejas, de bacalao al ajo arriero… y de pulpo, un menú de mar que en Gusendos, pueblo de tierra, han popularizado gracias a la buena diestra de Conchi.

Ella regenta la Bodega de los Oteros en esta localidad que hace municipio con la vecina San Román. Paran allí los cazadores y también quienes buscan otear las avutardas en época de apareamiento, pues estas aves encuentran en las grandes extensiones de cereal el lugar ideal para un cortejo vistoso. Gastronomía, fauna y flora a las que también se suma la historia. Deshacemos en parte el camino andado y la parada es ahora obligatoria en Valdesaz. Su iglesia parroquial fue declarada Bien de Interés Cultural en 1982. Pero no hacen falta títulos para definir lo que salta a los ojos. «Una joya artística de la llanura leonesa» es como ha definido al templo el historiador Javier Revilla. Destaca en la iglesia de la Asunción su porticada entrada y una vez dentro, desborda el arte. Grandes arquerías de piedra , una impresionante cubierta de madera al más puro estilo mudéjar y una techumbre en el presbiterio que data del siglo XVI. Esta simula un cielo al que solo se puede llegar si da con la vecina del pueblo que enseña tanta maravilla como guarda este edificio en su interior. Pero no paren aquí el viaje por esta zona. También hay que descubrir Morilla, Fuentes, Velilla, Quintanilla... Pequeños pueblos que junto a otros más de la comarca fueron los ‘Oteros del Rey’, realengo dependiente directamente del monarca en la Edad Media donde anteriormente se asentaron romanos y godos. Hoy, como el plumaje de las avutardas, estos pueblos y su historia se funden con los ocres del entorno, como lo hacen también las liebres y las perdices. Como lo hace la humildad de una comarca que solo sucumbe al verde de los cereales en primavera. El resto del tiempo su barro, puro oro.
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