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Cuarentena Cultural (XIX)

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L.N.C. | 23/05/2020 A A
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Cuarentena Cultural (XIX)
Reseñas Los colaboradores de La Nueva Crónica ofrecen una serie de propuestas para cultivar el espíritu durante el tiempo que dure el confinamiento

La recomendación de José Antonio Llamas


Libros: ‘De la diversidad’, de Agustín Delgado
Entre los poetas leoneses, como entre los demás del universo mundo, hay unos con más enjundia o calibre. De entre estos, el cronista escoge hoy a Agustín Delgado para incitar al lector a revisarlo, si ya lo conoce, o a descubrirlo, si hubiera tenido el gusto. Desde luego, no lo busca en las listas de premiados, ya que era alérgico a los reconocimientos de este tipo, y así lo inculcó a todo el grupo. Varias son las razones para traerlo aquí, a esta lista de cuarentena, pero la principal es que es el mayor innovador del lenguaje en este género. El más audaz. El que llegó más lejos exprimiendo el limón del verbo castellano, y del pensamiento moderno.

Agustín Delgado no nació para poeta sino para filósofo, y dentro de la filosofía para analista y teórico de la palabra escrita, es decir: de los sentimientos. En realidad, no era un Platónico, sino un Aristotélico, y, como el último, creía en la poesía como un parte de la filosofía. No hay más que leer sus crónicas en la revista Claraboya (1963-1968) en la que él, con «veintipocos años», se atreve a enfrentarse con una nueva y novedosa concepción del arte de escribir versos apropiada al momento que España estaba viviendo dentro de una Europa apadrinada por los Estados Unidos de América, representante suprema del capitalismo, y nuestra madrina tras el desastre de dos guerras, una mundial y otra civil, que habían cambiado el mundo. Y en una capital de provincia como la nuestra arruinada moralmente y en manos de la dictadura y de los sacerdotes.

Evidentemente, Delgado no era de derechas. Se necesitaba libre como un pájaro volando sobre las cumbres. Aprendió de Don Antonio de Lama mucho más de lo que aquel mismo sabía. Y de Machado. Y de Virgilio. Y de Hans Magnus Enzensberger. Y de Cernuda, sobre el que publicó una tesis doctoral. Y de Goethe, del que repetía un dicho: «El esfuerzo no recompensado produce melancolía». Y sobre todo, de sí mismo. Y cuando ya supo todo lo que había que saber y llegó hasta donde le permitieron sus fuerzas, se fue demasiado pronto y nos dejó huérfanos a sus familiares y amigos. Pero no a sus lectores, a quienes había ido dando un amplísimo legado de poesía que fue evolucionando hasta terminar siendo la más avanzada de su tiempo, la más experimental, la más profunda, la más sagrada, la más críptica. Cada uno de sus últimos poemas es un epitafio. Tan solo unos pocos pueden descifrar algunos de sus enigmas. (Por ejemplo cuando, en sus ‘Sansirolés’ se refiera a Pedro Gimferrer como: «Papa picudo» debido a su excesiva influencia en la poesía española, así como a la forma de su cabeza).

El libro que proponemos al lector: ‘De la diversidad’, está editado por Hiperión, en 1983, y lleva un prologo de su amigo Miguel Ángel Molinero. Resume la poesía de Delgado entre 1965 y 1980, en su época de agregado cultural en nuestra embajada de París, y después de haber «descubierto» a Paul Celan, nuestro más importante referente en los últimos tiempos. Falta, pues, la etapa de su evolución hacia los ‘Sansirolés’ y unos cuantos libros de absoluta búsqueda del las almas y las palabras cuando ambas se deciden a tomar un camino jamás recorrido por nadie y que muchos no podrán seguir, aunque lo intenten con denuedo. Algo así como la poesía mística de San Juan de la Cruz, pero en profano.

«Cuando en el siglo nueve / un poeta de Calcidia / escribió en la pared de la cárcel / la palabra libertad / recordé aquella mañana / en que estábamos solos, mirándonos, y el viento / daba mucho más lejos / allá donde las olas /en las suaves colinas de Síbaris» «Juré que ya nunca, cuando una mano de hombre escribiera en las paredes la palabra libertad, me sentiría solo, y te miré a los ojos como si todavía fuera adolescente, y juré que nadie perturbaría mi calma a pesar de las olas, y de estos momentos en que quisiera tenerte entre mis brazos por encima de todo»

(Ojo: que en algunas listas de librerías importantes le han cambiado el segundo apellido, que es García, por Jimenez, sin que hayamos conseguido que rectifiquen)
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