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Cosmos cumple un siglo en el Bierzo con el reto de seguir reduciendo emisiones

Cosmos cumple un siglo en el Bierzo con el reto de seguir reduciendo emisiones

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Una de las visitas a la fábrica de cementos para explicar todo el proceso que sigue la producción de cemento. | L.N.C. Ampliar imagen Una de las visitas a la fábrica de cementos para explicar todo el proceso que sigue la producción de cemento. | L.N.C.
Mar Iglesias | 04/07/2020 A A
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Cosmos cumple un siglo en el Bierzo con el reto de seguir reduciendo emisiones
Empresa La planta de Toral de los Vados se suma ahora a las 29 de las 33 fábricas de cemento españolas que están autorizadas para usar combustibles derivados de residuos
Cosmos asume el reto de rebajar los niveles de CO2 con la valorización energética, práctica a la que ya recurren casi todas las cementaras españolas. La planta de Toral de los Vados tiene el objetivo de reducir su huella de carbono en la línea de los principios dictados por Europa. Estas directrices apuntan a la disminución del 20% de las emisiones de gases de efecto invernadero este año y el 40% en una década.

La Junta de Castilla y León ha concedido recientemente la autorización para que pueda sustituir parte de su combustible habitual, coque de petróleo, por neumáticos usados que ya no se pueden reciclar ni reutilizar.

La cementera cumple en Toral de los Vados casi un siglo y durante este tiempo ha visto nacer a todas las marcas de calidad de los productos bercianos, compartiendo con ellos espacio y vida. La nueva autorización no cambiará esta situación, de hecho existen numerosos ejemplos, tanto en España como en Europa, de perfecta convivencia entre cementeras que utilizan combustibles procedentes de residuos y sellos de calidad agroalimentaria.

Uno de los ejemplos más destacados por la gran similitud con la situación del Bierzo es la fábrica de Ciment Calcia de Couvrot, perteneciente al grupo Heidelberg Cement y ubicada en la zona de Champagne-Ardenne, dentro del territorio de la Denominación de Origen Controlada (AOC) de vinos de Champagne. La fábrica emplea distintos tipos de combustibles derivados de residuos (neumáticos usados, disolventes, aceites usados, harinas cárnicas, CDR...) desde el año 1992. Lo mismo ocurre en la planta de Untervaz (Suiza), de Lafarge Holcim, que utiliza combustibles derivados de residuos desde 1970. Este cantón destina el 40% de su territorio a usos agrícolas.

Sin salir de España encontramos el caso de Jeréz de la Frontera, donde la fábrica de cemento valoriza desde 1991 y comparte su actividad con sus afamados brandys y vinos de la D.O. Jerez-Xérès- Sherry o de la D.O. Vinagre de Jerez.

Más cerca, en Asturias, la fábrica de Aboño perteneciente al grupo Tudela Veguin (al igual que la de La Robla), sustituye parte de su combustible fósil por neumáticos fuera de uso desde 2009. En la misma zona existe la D.O. Sidra de Asturias y la Indicación Geográfica Protegida Faba Asturiana.

Uno de los casos más sorprendentes es el de la fábrica de Alicante que ha tenido porcentajes de sustitución superiores al 50 %. En 1985 la planta puso en marcha una explotación de mandarinas y naranjas con más de 40.000 árboles. La finca dispone de la certificación internacional Global GAP (Good Agricultural Practices) y produce y vende más de 1.000 toneladas de fruta al año en España, Estados Unidos, Francia, Italia e Inglaterra.

Muchos de estos argumentos de convivencia pacífica entre la industria cementera y los sellos de calidad agrícola están recogidos en el vídeo elaborado y distribuido por los trabajadores de la planta bajo el lema «Yo soy Cosmos, somos Bierzo». En él, 110 empleados defienden la seguridad de la empresa y el proceso de valorización.
Estas afirmaciones se basan en diversos estudios científicos nacionales e internacionales: el programa de Naciones Unidas para el Medio Ambiente, el Comité Consultivo sobre Efectos Médicos de Contaminantes para la Salud de Reino Unido, la Universidad de Dalhousie de Canadá, el Instituto de Investigaciones Químicas y Ambientales de Barcelona/ CSIC o la Universidad de Alicante.

Todos ellos concluyen que añadir neumáticos como combustible en hornos cementeros no tiene como efecto una variación de sus emisiones y que no implica ningún riesgo para la salud ni el medio ambiente.
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