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"Ya tendréis tiempo de venir al pueblo, hijicos, que no se mueve"

"Ya tendréis tiempo de venir al pueblo, hijicos, que no se mueve"

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En Valderas aprovechan hasta el último rayo de sol para que entre el aire de primavera en casa. | CONCHI BARRIENTOS Ampliar imagen En Valderas aprovechan hasta el último rayo de sol para que entre el aire de primavera en casa. | CONCHI BARRIENTOS
T.G. | 07/04/2020 A A
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"Ya tendréis tiempo de venir al pueblo, hijicos, que no se mueve"
Sur de León Pasó el Viernes de Dolores con más pena que gloria, sin reencuentros ni primeras limonadas, sin forasteros y con una sola procesión, "la que cada uno lleva dentro"
Más coches de lo habitual aparcados por las calles. "Llegaron los forasteros". Viernes de Dolores y de reencuentros. Todos al bar a tirar de la espita de la limonada, para saborear la primera de la Semana Santa que tan bien sienta mientras con ella toca ponerse al día con lo que ha ido pasando estos meses sin vernos. El trabajo, la familia, cuatro asuntos que contar "antes de que se me olviden" y en mente ya algunos planes para cuando lleguen las vacaciones del verano. Surgen propuestas para cenar en la bodega, escapadas para aprovechar los días. Salen en la conversación un puñado de anécdotas de estos mismos días del año pasado. "¿Te acuerdas?". Esa era el plan de hace un año. Este año no hay plan y el Viernes de Dolores llegó con más pena que gloria, sin coches, ni forasteros, ni espita de la que tirar para que mane la limonada. Lo único que mana es el silencio, ese que uno se imagina que tiene que haber dentro del bar del pueblo detrás de unas persianas que llevan más de veinte días sin levantarse.

Las persianas son ahora el señuelo para saber si la vecina que vive sola ya se levantó, son el santo y seña de una vida que dejó de ser en la calle para ser en la cocina. No entraba eso en los planes estos días en los que las torrijas cunden más en la bandeja porque no se comparten. No ha habido entorno a las iglesias el ajetreo de otros años por Semana Santa. Ese sí era el plan: que si traen las flores para los pasos, que si se desempolvan las andas, que si se arreglan unas horquetas rotas... Todo queda por hacer ya para el año que viene porque el estado de alarma sigue y no hay planes que valgan. Es el día a día con su rutina más monótona que nunca el que marca el calendario.

Los planes ahora son otros: los agricultores se enfundan el mono blanco una vez a la semana para sulfatar las calles de los pueblos de un sur de León al que sigue llegando el goteo de las cifras que aquí tienen nombre y pueblo. Llegan también los entierros que por muy sentidos que sean cada uno llora desde ese cocina, tras esa ventana desde la que ahora pivotan todos los planes. "Mira, en Valencia de Don Juan enterraron el otro día a un vecino, murió de coronavirus. Ya era mayor, pero qué pena. Ni a enterrarle se puede ir. Allí él solico, con el cura, los empleados municipales que lo entierran y tres familiares. Cada uno a una punta. Morirse siempre es triste, pero ahora más. No me digas que no", cuentan desde el otro lado de una línea de teléfono. No hay quien niegue lo que afirma el interlocutor que procede a la desconexión "no me llame la hija y comunique".

Una hija que a buen seguro tenía otro plan que no era este para esta semana que de santa tiene poco y que cuando pase no dejará buenas anécdotas que recordar para lo próxima, tan solo traerá en la cuenta una semana menos y una más. Que no es poco teniendo en cuenta lo que vale el tiempo. Y a pesar de todo, este pasa y con él todo lo que conlleva.

– ¿Habrá nacido alguien por el sur de León estos días?
– He preguntado a varios alcaldes de la zona y me dicen que no, que como mucho igual te vale que en Algadefe una oveja trajo trillizos, responde el presidente de Mansurle, Javier Revilla.
– Pues no corren buenos tiempos para el lechazo...
– Tampoco para los niños, aunque igual con el confinamiento... ¡Quién sabe! Y que no nos falte el humor a pesar de los tiempo difíciles que pasamos, responde Revilla.

19 años confinada y sonriendo


De nuevo será el dichoso tiempo el que lo dirá. Ese que Ida, vecina de Villademor de la Vega, pasa confinada desde hace ya 19 años por culpa de la salud. En su sillón, siempre con una mesita delante, ha ido viendo cómo hacían la vida sus hijos y sus nietos, cómo crecían sus biznietos. Con palabras que salen a duras penas demostrando que "la que tuvo, retuvo" y que rendirse no es una opción. Lo sabe ella que depende de su hija Lourdes para todo después de aquel 11 de febrero de 2001 en el que falló la salud y desde el que vive en un confinamiento que no tiene fecha de caducidad. Ese en el que ahora está más acompañada que nunca con toda la familia junta en casa estos días, la que consiguió que el 3 de abril, Viernes de Dolores, fuese más de gloria que de pena en la Calleja de La Torre con la celebración del cumpleaños de la veterana de la familia. Una tarta con un 90 por bandera, un ‘Cumpleaños feliz’ y el calor de los biznietos y de todo el pueblo, aunque cada uno en su casa. Con él que quisieron compartir tan emocionante momento a través de un vídeo compartido con los vecinos. Son días para compartir y ahí también entran las alegrías.

A Ida le salvó la persiana, esa que hace ya 19 años no subió poniendo en alerta a su vecino. Desde entonces aguanta confinada entre Villademor y Bilbao. El estado de alarma la pilló en su tierra, a la que muchos nos han podido regresar esta Semana Santa. "Este año la única procesión va a ser la que llevemos nosotros por dentro. Es así. Yo ya les digo: Ya tendréis tiempo de venir al pueblo, hijicos, que de aquí no se mueve".
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