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Conversaciones enjabonadas

Conversaciones enjabonadas

OPINIóN IR

07/02/2020 A A
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Conversaciones enjabonadas
Esta ahí, sentado en un banco, con su traje broncíneo rematado en un sombrero llevado con elegancia, solo, salvo la vigilancia de una paloma situada en el otro extremo, absorto en un boceto. Mientras un enigmático Botines sin saber desde donde lo observa a diario y se ilumina con cada fotografía lanzada a ambos. Un poco más abajo se halla ‘La negrilla, bien nutrida para una cabeza tan pequeña como la suya. Los niños juegan en su regazo, Amancio González, su creador, aunque pase por allí no les dice nada a los pequeños, tal vez porque él se siente niño también o porque evoca su anterior vivencia en escayola hasta que un conductor distraído en la noche se la llevó por delante. Entonces nosotros salimos ganando pues pasó a ser un extraordinario bronce. Poco más arriba del aseñorado caballero observado a diario por el enigmático Botines se halla una construcción formada por un ‘Padre e hijo’, la cual algunos llaman ‘El separado’. A ésta la castiga más que a ninguna el viento que tantas veces airado sopla en la plaza catedralicia.

Tres esculturas bien diferenciadas, todas atrayentes, queridas, ante cuya contemplación manan sorprendentes alegrones , desconozco si tan convocadoras de ternura como la ponferradina apodada ‘El barquillero’ en honor a Pepe Cortés, humilde vendedor móvil de obleas que recorría la zona alta de la antigua ‘Ciudad del dólar’, es decir, cuando ‘La peña del Seo’ era un éxito minero que no tardando recogería Raúl Guerra Garrido en su entonces triunfante novela, finalista del Planeta en 1984, ‘El año del wolfram’. En concreto el círculo que rodea al Ayuntamiento, la Calle del Reloj, La Encina, el Parque del Plantío, etc., trabajada en bronce, sin duda la más querida por los ponferradinos, incluso hasta llegar a superar a la grandiosa estatua ecuestre bautizada como ‘El caballero templario’ o la mismísima Carrasca. El barquillero con su humildad se ha ganado a todos los ponferradinos. A mi también, por supuesto. Lamento no haberlo conocido en carne y hueso.

Conforme puede verse en este escrito hoy me ha dado por un puñado de estatuas terruñeras, pero aunque sea brevemente no deseo cerrar cuanto antes lo manifestado en esa dirección sin mencionar las esculturas levantadas en honor a los mineros en poblaciones como Fabero, Bembibre, Torre, Villablino, Ciñera, La Robla…

Y ahora sí, perdida en una neblina sin llegar a cencellada, repentinamente, mi pensamiento pega un salto y se sitúa emocionado en ‘Dolor y gloria’, la almodovariana película que arrasó en los Goya 2020 donde las mujeres al tiempo que entran en animada conversación lavan la ropa enjabonándola, restregándola y aclarándola a la orilla del río sobre una tabla de madera con surcos como la que usaba mi madre. Todavía en mi casa de Fabero existe una la cual cada vez que la miro retorno a la orilla del Cúa más otras rutas y penurias.
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